¡Ay, Dios mío! Una cría de manatí, apenas un bebé, llegó a nuestras manos acá en Costa Rica, rescatada en Tortuguero en medio de un panorama bien saladito. Ahora está recibiendo atención especializada en La Garita de Alajuela, con la esperanza de que agarre ritmo y pueda regresar a sus aguas del Caribe, pero, brete que brete, la cosa está complicada.
La historia, como nos contaron desde el Área de Conservación Tortuguero, empezó con un llamado de la comunidad. Imagínense, una cría diminuta varada en la playa, atrapada entre las olas. ¡Qué torta! La pobre cosita luchaba por sobrevivir, siendo golpeada por el oleaje con furia. Los guardaparques reaccionaron rápido, priorizando su bienestar inmediato, porque, vamos, nadie quiere ver morir a un animal indefenso.
Pero ahí vino el primer problemón: no había rastro de la mamá. Buscaron por todos lados, contra corriente, bajo la lluvia… pero nada. Ni diay. Los expertos dicen que las madres pueden buscar a sus crías por varios días, pero a veces, simplemente, no se encuentran. Esto complicó bastante la situación y obligó a tomar decisiones difíciles, buscando lo mejor para la cría.
Y es que, díganle a quien diga, el Parque Nacional Tortuguero no está equipado para cuidar de un manatí recién nacido. Necesitan atención constante, comida especial y chequeos veterinarios frecuentes. Estamos hablando de un animal dependiente totalmente de su madre, que requiere mucho cariño y cuidado. Por eso, luego de una evaluación con veterinarios del Senasa, recomendaron llevarla al Rescate Wildlife Rescue Center, un lugar con experiencia cuidando a estas criaturas.
El traslado, además, se hizo vía aérea – gracias al apoyo de un hotel de la zona que prestó una avioneta – para minimizar el estrés y evitar cualquier percance. ¡Qué chiva que pudieron conseguir eso! Porque meter al pequeñito en un barco en esas condiciones habría sido un despache, mándale. Pero ahora, allá en Alajuela, le están dando todo el amor y la atención que necesita, con agua salobre en una pileta especialmente acondicionada y comida rica que le ayude a fortalecerse.
Pero aquí viene la vara más preocupante: el manatí es una especie en peligro de extinción. Las lagunas costeras, su hogar, están sufriendo los embates del cambio climático, la contaminación y el crecimiento poblacional. ¡Qué carga! Son tantos los factores que complican su supervivencia que a veces da ganas de quitarse de en medio. Y además, tienen un ciclo reproductivo lentísimo. Una hembra solo tiene una cría cada dos años, entonces, la pérdida de un individuo como este duele doblemente.
Incluso pidieron ayuda a colegas en otros países, como Puerto Rico, donde tienen más experiencia con estos manatitos. Ahí te das cuenta de la magnitud del problema, de lo delicada que es la situación. Van haciendo todo lo posible, cuidándola día y noche, esperando que agarre fuerzas y pueda recuperar su salud. Pero, siendo realistas, la supervivencia de esta cría no está garantizada. Es una lucha constante contra viento y marea, literalmente.
Mientras tanto, la cría sigue bajo observación en el centro de rescate, y el equipo técnico mantiene la esperanza de que, si todo sale bien, algún día podrá regresar a nadar libremente por las lagunas del Caribe. ¡Qué esperanzas! Pero la verdad, con tantas dificultades, uno no sabe qué va a pasar. Con todo esto, ¿cree usted que Costa Rica debería invertir aún más recursos en programas de protección para especies marinas como el manatí, a pesar de los desafíos económicos?
La historia, como nos contaron desde el Área de Conservación Tortuguero, empezó con un llamado de la comunidad. Imagínense, una cría diminuta varada en la playa, atrapada entre las olas. ¡Qué torta! La pobre cosita luchaba por sobrevivir, siendo golpeada por el oleaje con furia. Los guardaparques reaccionaron rápido, priorizando su bienestar inmediato, porque, vamos, nadie quiere ver morir a un animal indefenso.
Pero ahí vino el primer problemón: no había rastro de la mamá. Buscaron por todos lados, contra corriente, bajo la lluvia… pero nada. Ni diay. Los expertos dicen que las madres pueden buscar a sus crías por varios días, pero a veces, simplemente, no se encuentran. Esto complicó bastante la situación y obligó a tomar decisiones difíciles, buscando lo mejor para la cría.
Y es que, díganle a quien diga, el Parque Nacional Tortuguero no está equipado para cuidar de un manatí recién nacido. Necesitan atención constante, comida especial y chequeos veterinarios frecuentes. Estamos hablando de un animal dependiente totalmente de su madre, que requiere mucho cariño y cuidado. Por eso, luego de una evaluación con veterinarios del Senasa, recomendaron llevarla al Rescate Wildlife Rescue Center, un lugar con experiencia cuidando a estas criaturas.
El traslado, además, se hizo vía aérea – gracias al apoyo de un hotel de la zona que prestó una avioneta – para minimizar el estrés y evitar cualquier percance. ¡Qué chiva que pudieron conseguir eso! Porque meter al pequeñito en un barco en esas condiciones habría sido un despache, mándale. Pero ahora, allá en Alajuela, le están dando todo el amor y la atención que necesita, con agua salobre en una pileta especialmente acondicionada y comida rica que le ayude a fortalecerse.
Pero aquí viene la vara más preocupante: el manatí es una especie en peligro de extinción. Las lagunas costeras, su hogar, están sufriendo los embates del cambio climático, la contaminación y el crecimiento poblacional. ¡Qué carga! Son tantos los factores que complican su supervivencia que a veces da ganas de quitarse de en medio. Y además, tienen un ciclo reproductivo lentísimo. Una hembra solo tiene una cría cada dos años, entonces, la pérdida de un individuo como este duele doblemente.
Incluso pidieron ayuda a colegas en otros países, como Puerto Rico, donde tienen más experiencia con estos manatitos. Ahí te das cuenta de la magnitud del problema, de lo delicada que es la situación. Van haciendo todo lo posible, cuidándola día y noche, esperando que agarre fuerzas y pueda recuperar su salud. Pero, siendo realistas, la supervivencia de esta cría no está garantizada. Es una lucha constante contra viento y marea, literalmente.
Mientras tanto, la cría sigue bajo observación en el centro de rescate, y el equipo técnico mantiene la esperanza de que, si todo sale bien, algún día podrá regresar a nadar libremente por las lagunas del Caribe. ¡Qué esperanzas! Pero la verdad, con tantas dificultades, uno no sabe qué va a pasar. Con todo esto, ¿cree usted que Costa Rica debería invertir aún más recursos en programas de protección para especies marinas como el manatí, a pesar de los desafíos económicos?