Maes, a veces entre el mar de noticias que nos tiran todos los días, uno se topa con varas que de verdad le alegran el día y le recuerdan que en este país pasan cosas muy chivas. La de esta semana viene desde Palmares, y es una de esas historias que merecen contarse con un buen café en mano. Resulta que el Colegio Nocturno de allá está cumpliendo 30 años, ¡tres décadas! Y para celebrar, recibieron una visita que no es cualquier cosa: Leonardo Sánchez Hernández, el mismísimo Ministro de Educación, quien no llegó solo como el mero mero del MEP, sino como un exalumno orgulloso que caminó esos mismos pasillos.
Pónganse a pensar en el nivel de esa escena. El mae que hoy firma las políticas educativas del país, hace unos años estaba ahí, pulseándola en el nocturno, probablemente después de un día largo de brete, con el mismo sueño que tienen los casi 400 estudiantes que hoy llenan esas aulas. El propio ministro lo dijo, se le notaba la emoción: “Yo tengo hermosos recuerdos de mis profesores y hoy agradezco a este colegio que me formó”. Y es que la historia del cole en sí ya es una de pura garra. Antes de 1995, los palmareños que querían terminar el cole de noche tenían que jalar hasta San Ramón. La gente del pueblo se organizó, lucharon por su colegio y lo abrieron con donaciones. ¡Eso es comunidad!
Y vean el impacto: en 30 años, más de 5.000 personas han sacado su título de noveno o bachillerato ahí. Eso no es un número, maes, son 5.000 historias de vida cambiadas, 5.000 familias con más oportunidades. Y el cole no se ha quedado quieto. Ahora tienen comedor, banda y hasta un convenio con el Cen-cinai para cuidar a los hijos de los estudiantes mientras ellos están en clases. O sea, le están quitando todas las excusas a la gente para que no estudie. Tienen una salita equipada para bebés de 0 a 2 años. ¡Qué nivel de iniciativa! Están pensando en todo para que la gente la pulseé y salga adelante. Eso es entender las necesidades reales de la gente que necesita una mano para superarse.
Diay, y esta vara del cole de Palmares no es un hecho aislado que uno dice “qué bonito y ya”. Viendo las noticias del MEP de estos últimos días, parece que se están moviendo en varias direcciones interesantes. Por un lado, están metiéndole a la robótica para chiquillos carga con alto potencial en ocho coles del país. Por otro, premian a las escuelas que proponen soluciones para que los güilas lleguen seguros a clases y hasta están capacitando a más de 280 estudiantes en San Carlos en primeros auxilios emocionales. Son un montón de pequeños proyectos, desde chotear una escuela con plantas en San José hasta un encuentro literario para más de 100 jóvenes, que sumados pintan un panorama de que, al menos, hay gente intentando hacer las cosas bien.
Al final, entre tanta noticia que a veces nos agüeva, la historia del Nocturno de Palmares y la vuelta de su exalumno ministro es un aire fresco. Nos recuerda dos cosas importantísimas. Primero, el poder que tiene la educación nocturna para la gente que la tiene más difícil, para los que no pueden dejar el brete pero se niegan a dejar de soñar. Y segundo, que la inversión en educación, ya sea con un chunche de robótica o con una simple mano de pintura en una escuela, nunca es plata perdida. Historias como la de este cole nos recuerdan que la educación, mae, sigue siendo la herramienta más tuanis para salir adelante como personas y como país.
Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Conocen historias parecidas de superación gracias a un cole nocturno o a un profe que les cambió la vida? ¡Cuenten en los comentarios, maes!
Pónganse a pensar en el nivel de esa escena. El mae que hoy firma las políticas educativas del país, hace unos años estaba ahí, pulseándola en el nocturno, probablemente después de un día largo de brete, con el mismo sueño que tienen los casi 400 estudiantes que hoy llenan esas aulas. El propio ministro lo dijo, se le notaba la emoción: “Yo tengo hermosos recuerdos de mis profesores y hoy agradezco a este colegio que me formó”. Y es que la historia del cole en sí ya es una de pura garra. Antes de 1995, los palmareños que querían terminar el cole de noche tenían que jalar hasta San Ramón. La gente del pueblo se organizó, lucharon por su colegio y lo abrieron con donaciones. ¡Eso es comunidad!
Y vean el impacto: en 30 años, más de 5.000 personas han sacado su título de noveno o bachillerato ahí. Eso no es un número, maes, son 5.000 historias de vida cambiadas, 5.000 familias con más oportunidades. Y el cole no se ha quedado quieto. Ahora tienen comedor, banda y hasta un convenio con el Cen-cinai para cuidar a los hijos de los estudiantes mientras ellos están en clases. O sea, le están quitando todas las excusas a la gente para que no estudie. Tienen una salita equipada para bebés de 0 a 2 años. ¡Qué nivel de iniciativa! Están pensando en todo para que la gente la pulseé y salga adelante. Eso es entender las necesidades reales de la gente que necesita una mano para superarse.
Diay, y esta vara del cole de Palmares no es un hecho aislado que uno dice “qué bonito y ya”. Viendo las noticias del MEP de estos últimos días, parece que se están moviendo en varias direcciones interesantes. Por un lado, están metiéndole a la robótica para chiquillos carga con alto potencial en ocho coles del país. Por otro, premian a las escuelas que proponen soluciones para que los güilas lleguen seguros a clases y hasta están capacitando a más de 280 estudiantes en San Carlos en primeros auxilios emocionales. Son un montón de pequeños proyectos, desde chotear una escuela con plantas en San José hasta un encuentro literario para más de 100 jóvenes, que sumados pintan un panorama de que, al menos, hay gente intentando hacer las cosas bien.
Al final, entre tanta noticia que a veces nos agüeva, la historia del Nocturno de Palmares y la vuelta de su exalumno ministro es un aire fresco. Nos recuerda dos cosas importantísimas. Primero, el poder que tiene la educación nocturna para la gente que la tiene más difícil, para los que no pueden dejar el brete pero se niegan a dejar de soñar. Y segundo, que la inversión en educación, ya sea con un chunche de robótica o con una simple mano de pintura en una escuela, nunca es plata perdida. Historias como la de este cole nos recuerdan que la educación, mae, sigue siendo la herramienta más tuanis para salir adelante como personas y como país.
Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Conocen historias parecidas de superación gracias a un cole nocturno o a un profe que les cambió la vida? ¡Cuenten en los comentarios, maes!