Maes, hablemos en serio. Cuando uno piensa que ya vio todo en la política tica, sale una nueva vara que lo deja a uno con el ojo cuadrado. ¡Qué despiche se armó en el oficialismo! El Partido Pueblo Soberano (PPSO), el chunche político del gobierno, acaba de anunciar que tiene que volver a hacer una asamblea nacional para revisar las listas de candidatos a diputados. O sea, la primera ronda no sirvió de mucho, y ahora tienen que volver a repartir el queque porque la cosa se puso fea, especialmente en plazas clave como Alajuela y Heredia.
La versión oficial, como siempre, es puro té de tilo. Salió don José Miguel Villalobos, que va de primero por Alajuela, a decir que tranquilos, que no es para tanto, que es solo para revisar "uno o dos casos" que tienen amparos electorales. Pero diay, mae, seamos honestos: ¿"uno o dos casos" ameritan convocar a toda una asamblea nacional otra vez? Suena a que el rancho está ardiendo y nos están tirando un balde de agua para disimular. Si el problema fuera tan pequeño, lo resuelven con una llamada. Pero no, tienen que montar todo el show de nuevo en el Parque Morazán, con fecha tentativa y todo por si no llega la gente. Claramente, la procesión va por dentro.
Y aquí es donde la trama se pone buena, digna de novela. El verdadero clavo del asunto parece ser una entrevista que dio una candidata de Grecia, Kattia Ulate. La mae confesó, con una frescura admirable en un programa de radio, que ella no pagó los ¢2.2 millones que el partido pedía como "cuota" para poder aspirar a una silla en Cuesta de Moras. A pesar de no soltar el billete, ¡pum!, quedó de sexta en la papeleta de Alajuela. Mientras tanto, otros militantes que, según dicen, sí hicieron el depósito y guardaron el comprobante, quedaron viendo para el ciprés. Si esto no es jalarse una torta de manual, yo no sé qué es. Es un mensaje terrible: parece que en el PPSO hay reglas para unos y "malas pasadas" para otros.
Este enredo no es cualquier cosa, porque no solo salpica a candidatos de medio pelo. Esta revisión podría moverle el piso a las cabezas de lista, gente de peso como Marta Esquivel y Juan Manuel Quesada, ambos exjerarcas de la administración Chaves y, supuestamente, las fichas fuertes del oficialismo para el Congreso. Imagínense el papelón: las figuras estelares del partido viendo cómo la base se les rebela y el Tribunal de Elecciones les respira en la nuca por un desorden que ellos mismos provocaron. Con estas broncas internas, cualquier estrategia para el 2026 corre el riesgo de que se les vaya al traste antes de que empiece la campaña de verdad.
La presidenta del partido, Mayuli Ortega, ya mandó una cartita pidiendo calma y serenidad, asegurando que todo se hará "en estricto apego a la normativa". Palabras muy bonitas, pero que suenan a control de daños de manual. La confianza está rota y la imagen que proyectan es de una improvisación preocupante. Están tratando de apagar un incendio con gasolina, y nosotros desde la gradería solo podemos sacar las palomitas. La pregunta del millón es si lograrán remendar el barco o si este es el primer síntoma de un hundimiento anunciado.
Diay, maes, ¿qué opinan ustedes? ¿Creen que esto es solo un bache en el camino que van a arreglar o es la primera grieta grande que demuestra que el PPSO es un castillo de naipes? ¡Los leo!
La versión oficial, como siempre, es puro té de tilo. Salió don José Miguel Villalobos, que va de primero por Alajuela, a decir que tranquilos, que no es para tanto, que es solo para revisar "uno o dos casos" que tienen amparos electorales. Pero diay, mae, seamos honestos: ¿"uno o dos casos" ameritan convocar a toda una asamblea nacional otra vez? Suena a que el rancho está ardiendo y nos están tirando un balde de agua para disimular. Si el problema fuera tan pequeño, lo resuelven con una llamada. Pero no, tienen que montar todo el show de nuevo en el Parque Morazán, con fecha tentativa y todo por si no llega la gente. Claramente, la procesión va por dentro.
Y aquí es donde la trama se pone buena, digna de novela. El verdadero clavo del asunto parece ser una entrevista que dio una candidata de Grecia, Kattia Ulate. La mae confesó, con una frescura admirable en un programa de radio, que ella no pagó los ¢2.2 millones que el partido pedía como "cuota" para poder aspirar a una silla en Cuesta de Moras. A pesar de no soltar el billete, ¡pum!, quedó de sexta en la papeleta de Alajuela. Mientras tanto, otros militantes que, según dicen, sí hicieron el depósito y guardaron el comprobante, quedaron viendo para el ciprés. Si esto no es jalarse una torta de manual, yo no sé qué es. Es un mensaje terrible: parece que en el PPSO hay reglas para unos y "malas pasadas" para otros.
Este enredo no es cualquier cosa, porque no solo salpica a candidatos de medio pelo. Esta revisión podría moverle el piso a las cabezas de lista, gente de peso como Marta Esquivel y Juan Manuel Quesada, ambos exjerarcas de la administración Chaves y, supuestamente, las fichas fuertes del oficialismo para el Congreso. Imagínense el papelón: las figuras estelares del partido viendo cómo la base se les rebela y el Tribunal de Elecciones les respira en la nuca por un desorden que ellos mismos provocaron. Con estas broncas internas, cualquier estrategia para el 2026 corre el riesgo de que se les vaya al traste antes de que empiece la campaña de verdad.
La presidenta del partido, Mayuli Ortega, ya mandó una cartita pidiendo calma y serenidad, asegurando que todo se hará "en estricto apego a la normativa". Palabras muy bonitas, pero que suenan a control de daños de manual. La confianza está rota y la imagen que proyectan es de una improvisación preocupante. Están tratando de apagar un incendio con gasolina, y nosotros desde la gradería solo podemos sacar las palomitas. La pregunta del millón es si lograrán remendar el barco o si este es el primer síntoma de un hundimiento anunciado.
Diay, maes, ¿qué opinan ustedes? ¿Creen que esto es solo un bache en el camino que van a arreglar o es la primera grieta grande que demuestra que el PPSO es un castillo de naipes? ¡Los leo!