¡Ay, patético! Lamentablemente tuvimos que escuchar la noticia de la muerte de Arlindo de Souza, ese tipo que se hacía llamar ‘Popeye brasileño’. El mae falleció a los 55 años en Recife, víctima de unas complicaciones que vinieron a raíz de sus particulares métodos para inflar esos bíceps descomunales que tanto le dieron fama. Siempre pensé que el mae estaba buscando desesperadamente llamar la atención, pero nunca me imaginé que terminaría así.
Como bien saben, el hombre se hizo famoso allá por los tempranos 2000 cuando empezó a aparecer en tele mostrando unos brazos que parecían globos. Llegaron a medir casi 73 centímetros, ¡una verdadera locura! La gente inmediatamente pensó en Popeye, el marino animado, y así quedó grabado en la memoria colectiva. Pero la realidad, amigos, es mucho más turbia que un dibujo animado.
Arlindo no se basaba en entrenamientos intensos ni en una dieta súper controlada, como hacen los fisicoculturistas de verdad. No, señor. Él optó por la vía rápida, la fácil: inyectarse aceite mineral directamente en los músculos. Una práctica espantosa, porque sí, te da volumen al instante, pero a costa de arruinarte la salud, ¡y vaya que se arruinó!
Durante semanas estuvo ingresado en el hospital Otávio de Freitas, luchando contra una insuficiencia renal severísima – primero un riñón falló y luego el otro lo siguió. Sumado a eso, le entró una acumulación de líquido en los pulmones y un paro cardíaco que ni siquiera les permitió hacerle diálisis. ¡Qué torta de situación! Su familia, visiblemente afectada, tuvo que despedirlo en el Cementerio de Águas Compridas. Imaginen el golpe para su madre, a quien hasta ahora no le han dado la noticia, ¡qué despiche!
Y ahí viene lo curioso: mientras otros deportistas se rompen la espalda para lograr resultados con sudor y disciplina, él buscaba atajos ridículos. En repetidas entrevistas, soltaba que era una forma instantánea de ganar masa muscular y que no requería esfuerzo, ¡justo eso demuestra la poca información que tenía el pobre!
Con el tiempo, su imagen se viralizó en redes sociales, como todo el mundo, consiguió miles de seguidores que admiraban su físico peculiar, aunque la mayoría sabía que era puro engaño. Lo triste es que, a pesar de toda la fama que obtuvo, nunca logró estabilizar sus finanzas. Vivía vendiendo agua en la calle y haciendo chambitas de construcción, ¡si esto no es irse al traste, qué es!
Este caso del ‘Popeye’ ha vuelto a abrir el debate médico sobre los peligros de modificar el cuerpo sin ningún respaldo científico. Médicos y expertos advierten que inyectarse aceites no solo es inútil para desarrollar músculo de verdad, sino que también puede causar infecciones graves, trombosis, daño tisular permanente e incluso tumores. Además, existe el riesgo de problemas psicológicos y cardiovasculares... ¡Un brete de riesgos!
Como bien saben, el hombre se hizo famoso allá por los tempranos 2000 cuando empezó a aparecer en tele mostrando unos brazos que parecían globos. Llegaron a medir casi 73 centímetros, ¡una verdadera locura! La gente inmediatamente pensó en Popeye, el marino animado, y así quedó grabado en la memoria colectiva. Pero la realidad, amigos, es mucho más turbia que un dibujo animado.
Arlindo no se basaba en entrenamientos intensos ni en una dieta súper controlada, como hacen los fisicoculturistas de verdad. No, señor. Él optó por la vía rápida, la fácil: inyectarse aceite mineral directamente en los músculos. Una práctica espantosa, porque sí, te da volumen al instante, pero a costa de arruinarte la salud, ¡y vaya que se arruinó!
Durante semanas estuvo ingresado en el hospital Otávio de Freitas, luchando contra una insuficiencia renal severísima – primero un riñón falló y luego el otro lo siguió. Sumado a eso, le entró una acumulación de líquido en los pulmones y un paro cardíaco que ni siquiera les permitió hacerle diálisis. ¡Qué torta de situación! Su familia, visiblemente afectada, tuvo que despedirlo en el Cementerio de Águas Compridas. Imaginen el golpe para su madre, a quien hasta ahora no le han dado la noticia, ¡qué despiche!
Y ahí viene lo curioso: mientras otros deportistas se rompen la espalda para lograr resultados con sudor y disciplina, él buscaba atajos ridículos. En repetidas entrevistas, soltaba que era una forma instantánea de ganar masa muscular y que no requería esfuerzo, ¡justo eso demuestra la poca información que tenía el pobre!
Con el tiempo, su imagen se viralizó en redes sociales, como todo el mundo, consiguió miles de seguidores que admiraban su físico peculiar, aunque la mayoría sabía que era puro engaño. Lo triste es que, a pesar de toda la fama que obtuvo, nunca logró estabilizar sus finanzas. Vivía vendiendo agua en la calle y haciendo chambitas de construcción, ¡si esto no es irse al traste, qué es!
Este caso del ‘Popeye’ ha vuelto a abrir el debate médico sobre los peligros de modificar el cuerpo sin ningún respaldo científico. Médicos y expertos advierten que inyectarse aceites no solo es inútil para desarrollar músculo de verdad, sino que también puede causar infecciones graves, trombosis, daño tisular permanente e incluso tumores. Además, existe el riesgo de problemas psicológicos y cardiovasculares... ¡Un brete de riesgos!