¡Ay, Dios mío! Laura Fernández, la candidata del Pueblo Soberano, nos ha dejado boquiabiertos con su ultimátum a los debates. Resulta que ahora, en lugar de ir a dar la cara y discutir sus ideas, prefiere hacer cadenas nacionales. ¡Qué despiche! Parece que le da cosita ponerse a pelear intelectualmente, ¿verdad?
Para refrescarles la memoria, doña Laura anunció oficialmente que va a evitar casi todos los debates programados durante esta campaña. Según su gente, esto es parte de una “estrategia” pensada desde octubre pasado, donde el contacto directo con la población es prioritario. Claro, porque ir a ponerle la mano encima a alguien es mucho más convincente que explicar cómo piensa solucionar los problemas del país. Ya me cuentan si eso les parece bien.
Lo que realmente preocupa es este precedente. En un momento en que el país está más dividido que una hoja de papel mojada, los debates sirven para que la gente pueda ver qué proponen los candidatos, comparar puntos de vista y decidir quién les representa mejor. Al negarse a participar, Fernández le cierra la puerta a miles de votantes que quieren entender sus planes. ¡Una verdadera lástima!
Por supuesto, la candidata no se queda completamente callada. Participará en algunos debates considerados “compatibles” con su agenda, incluyendo los organizados por el TSE, Trivisión, Radio Columbia y el combo Monumental-Repretel. Qué conveniente... Solo aquellos donde sabe que no va a tener que esforzarse demasiado, imagino. Eso sí, te aseguro que sus seguidores dirán que ella es la única que habla claro, sin rodeos ni medias tintas. ¡Qué carga!
Natalia Díaz, de Unidos Podemos, no tardó en responder a este movimiento. La morrita salió con todo, diciendo que asistirá a todos los debates posibles porque considera fundamental que los ciudadanos tengan acceso a la confrontación de ideas. «Laura, la entiendo, como usted no tiene propuestas propias ni nada coherente que decir, prefiere no exponerse», soltó Díaz con toda la razón. ¡Piqué! Y vaya que dio en el clavo, mae. Uno se pregunta, ¿qué estará escondiendo doña Laura?
Desde la campaña de Fernández argumentan que esta estrategia no es una huída del debate público, sino una manera diferente de conectar con la gente. Dicen que prefieren enfocarse en visitas a comunidades, charlas informales y esas cosas. Pero bueno, todos sabemos que hablar directamente con la población es más fácil cuando no tienes que responder preguntas difíciles sobre temas complejos. ¡Es más cómodo así!
Ahora, la pregunta que ronda por todas partes es: ¿esto significa que la política costarricense va a empezar a basarse más en el marketing personal que en las propuestas concretas? ¿Estamos condenados a un circo de emociones y slogans vacíos, donde el discurso importa más que la sustancia? Más allá de los ataques y las acusaciones cruzadas, lo importante es preguntarnos si estamos eligiendo a nuestros gobernantes por su capacidad para comunicar o por su visión para el futuro del país. ¡Qué vara!
Así que, mi compa, dime tú: ¿crees que la decisión de Laura Fernández de limitar su participación en debates es una jugada maestra de campaña o un signo de debilidad y falta de transparencia? ¿Deberían los demás candidatos aprovechar esta oportunidad para destacar sus propuestas o deberían exigir que todos los candidatos cumplan con su deber de debatir frente a la ciudadanía?
Para refrescarles la memoria, doña Laura anunció oficialmente que va a evitar casi todos los debates programados durante esta campaña. Según su gente, esto es parte de una “estrategia” pensada desde octubre pasado, donde el contacto directo con la población es prioritario. Claro, porque ir a ponerle la mano encima a alguien es mucho más convincente que explicar cómo piensa solucionar los problemas del país. Ya me cuentan si eso les parece bien.
Lo que realmente preocupa es este precedente. En un momento en que el país está más dividido que una hoja de papel mojada, los debates sirven para que la gente pueda ver qué proponen los candidatos, comparar puntos de vista y decidir quién les representa mejor. Al negarse a participar, Fernández le cierra la puerta a miles de votantes que quieren entender sus planes. ¡Una verdadera lástima!
Por supuesto, la candidata no se queda completamente callada. Participará en algunos debates considerados “compatibles” con su agenda, incluyendo los organizados por el TSE, Trivisión, Radio Columbia y el combo Monumental-Repretel. Qué conveniente... Solo aquellos donde sabe que no va a tener que esforzarse demasiado, imagino. Eso sí, te aseguro que sus seguidores dirán que ella es la única que habla claro, sin rodeos ni medias tintas. ¡Qué carga!
Natalia Díaz, de Unidos Podemos, no tardó en responder a este movimiento. La morrita salió con todo, diciendo que asistirá a todos los debates posibles porque considera fundamental que los ciudadanos tengan acceso a la confrontación de ideas. «Laura, la entiendo, como usted no tiene propuestas propias ni nada coherente que decir, prefiere no exponerse», soltó Díaz con toda la razón. ¡Piqué! Y vaya que dio en el clavo, mae. Uno se pregunta, ¿qué estará escondiendo doña Laura?
Desde la campaña de Fernández argumentan que esta estrategia no es una huída del debate público, sino una manera diferente de conectar con la gente. Dicen que prefieren enfocarse en visitas a comunidades, charlas informales y esas cosas. Pero bueno, todos sabemos que hablar directamente con la población es más fácil cuando no tienes que responder preguntas difíciles sobre temas complejos. ¡Es más cómodo así!
Ahora, la pregunta que ronda por todas partes es: ¿esto significa que la política costarricense va a empezar a basarse más en el marketing personal que en las propuestas concretas? ¿Estamos condenados a un circo de emociones y slogans vacíos, donde el discurso importa más que la sustancia? Más allá de los ataques y las acusaciones cruzadas, lo importante es preguntarnos si estamos eligiendo a nuestros gobernantes por su capacidad para comunicar o por su visión para el futuro del país. ¡Qué vara!
Así que, mi compa, dime tú: ¿crees que la decisión de Laura Fernández de limitar su participación en debates es una jugada maestra de campaña o un signo de debilidad y falta de transparencia? ¿Deberían los demás candidatos aprovechar esta oportunidad para destacar sus propuestas o deberían exigir que todos los candidatos cumplan con su deber de debatir frente a la ciudadanía?