¡Ay, Dios mío! Aquí estamos otra vez, con el tema de las jornadas 4-3 dando vueltas como trapo en tromba. El Poder Ejecutivo, sin previo aviso, mandó un decreto a la Asamblea para sacar de nuevo estas famosas jornadas laborales “excepcionales”. Parece que a este gobierno le encanta jugar con la paciencia de los trabajadores, ¡qué despiche!
Para los que andan distraídos, el asunto es este: se busca modificar la ley laboral para permitir jornadas de 12 horas durante cuatro días a la semana, dejando tres libres. La idea original, impulsada por la diputada Daniela Rojas, buscaba dar flexibilidad a las empresas, pero bueno, ahí va la cosa… Que, como siempre, queda en el aire.
Recordemos que este proyecto ya tuvo su momento de gloria – o más bien, de angustia– hace unos meses. Se metió en un trámite de “vía rápida” en julio del año pasado, pero luego, el 5 de noviembre, ¡zas!, el Gobierno lo sacó de la mesa. Unos dos mese pesitos de respiro, y ahora lo vuelven a tirar a la arena. Y ojo, que con la priorización que le han dado, parece que nada más se va a discutir en la Asamblea. Una verdadera carga tener que estar pendiente de estos trámites.
Lo curioso es que, incluso antes de que el decreto fuera oficial, la jefa del oficialismo, Pilar Cisneros, ya estaba soltando la sopa diciendo que era probable que lo volvieran a convocar. Como si estuvieran leyendo de un guion, diay. Y el Ejecutivo, fiel a su estilo, confirmó la jugada al día siguiente. Esto demuestra, una vez más, que la comunicación entre el Gobierno y el partido oficialista es más fluida que el río Colorado en temporada seca.
Durante las pocas semanas que este proyecto estuvo en discusión anteriormente, ya hubo bastante movimiento. Se acumularon 858 mociones, de las cuales apenas 5 fueron aprobadas, generando algunos cambios al texto original. Entre ellas, una que proponía que fueran las propias empresas, mediante votación interna, quienes decidieran si adoptaban las jornadas de 12 horas. Eso sí que es darle poder al pueblo, aunque sea dentro de la oficina.
Después, se excluyeron las labores agropecuarias, agrícolas y de construcción de la posibilidad de estas jornadas especiales – una decisión interesante que probablemente alivió a muchos campesinos y obreros de la construcción. Además, se aprobó un plan piloto para reducir la jornada laboral semanal de 48 a 40 horas, propuesto por el Ministerio de Trabajo. Una medida que, en teoría, podría mejorar la calidad de vida de los trabajadores, pero que aún está lejos de convertirse en realidad. También se agregaron consideraciones para proteger a las personas refugiadas y a aquellas con problemas de salud mental, buscando evitar que estas jornadas les afecten negativamente; un buen detalle, sin lugar a dudas.
Ahora, con solo dos semanas de sesiones extraordinarias restantes –el final del mandato de Rodrigo Chaves–, este proyecto se convierte en el centro de atención. Y ya advirtieron que, con la prioridad que le dieron, no van a discutir ni qué, simplemente se enfocan en esto. ¿Será que quieren dejar claro su legado con este cambio laboral? ¿O estarán esperando a que se vaya el tiempo para olvidarse de todo?
En fin, el panorama está servido. Las jornadas 4-3 vuelven a la discusión pública, con todas sus implicaciones y controversias. ¿Ustedes creen que este proyecto realmente beneficiará a los trabajadores, o terminará siendo una herramienta para aumentar la explotación laboral? ¡Déjenme sus opiniones en el foro, quiero saber qué piensan ustedes sobre esta maraña!
Para los que andan distraídos, el asunto es este: se busca modificar la ley laboral para permitir jornadas de 12 horas durante cuatro días a la semana, dejando tres libres. La idea original, impulsada por la diputada Daniela Rojas, buscaba dar flexibilidad a las empresas, pero bueno, ahí va la cosa… Que, como siempre, queda en el aire.
Recordemos que este proyecto ya tuvo su momento de gloria – o más bien, de angustia– hace unos meses. Se metió en un trámite de “vía rápida” en julio del año pasado, pero luego, el 5 de noviembre, ¡zas!, el Gobierno lo sacó de la mesa. Unos dos mese pesitos de respiro, y ahora lo vuelven a tirar a la arena. Y ojo, que con la priorización que le han dado, parece que nada más se va a discutir en la Asamblea. Una verdadera carga tener que estar pendiente de estos trámites.
Lo curioso es que, incluso antes de que el decreto fuera oficial, la jefa del oficialismo, Pilar Cisneros, ya estaba soltando la sopa diciendo que era probable que lo volvieran a convocar. Como si estuvieran leyendo de un guion, diay. Y el Ejecutivo, fiel a su estilo, confirmó la jugada al día siguiente. Esto demuestra, una vez más, que la comunicación entre el Gobierno y el partido oficialista es más fluida que el río Colorado en temporada seca.
Durante las pocas semanas que este proyecto estuvo en discusión anteriormente, ya hubo bastante movimiento. Se acumularon 858 mociones, de las cuales apenas 5 fueron aprobadas, generando algunos cambios al texto original. Entre ellas, una que proponía que fueran las propias empresas, mediante votación interna, quienes decidieran si adoptaban las jornadas de 12 horas. Eso sí que es darle poder al pueblo, aunque sea dentro de la oficina.
Después, se excluyeron las labores agropecuarias, agrícolas y de construcción de la posibilidad de estas jornadas especiales – una decisión interesante que probablemente alivió a muchos campesinos y obreros de la construcción. Además, se aprobó un plan piloto para reducir la jornada laboral semanal de 48 a 40 horas, propuesto por el Ministerio de Trabajo. Una medida que, en teoría, podría mejorar la calidad de vida de los trabajadores, pero que aún está lejos de convertirse en realidad. También se agregaron consideraciones para proteger a las personas refugiadas y a aquellas con problemas de salud mental, buscando evitar que estas jornadas les afecten negativamente; un buen detalle, sin lugar a dudas.
Ahora, con solo dos semanas de sesiones extraordinarias restantes –el final del mandato de Rodrigo Chaves–, este proyecto se convierte en el centro de atención. Y ya advirtieron que, con la prioridad que le dieron, no van a discutir ni qué, simplemente se enfocan en esto. ¿Será que quieren dejar claro su legado con este cambio laboral? ¿O estarán esperando a que se vaya el tiempo para olvidarse de todo?
En fin, el panorama está servido. Las jornadas 4-3 vuelven a la discusión pública, con todas sus implicaciones y controversias. ¿Ustedes creen que este proyecto realmente beneficiará a los trabajadores, o terminará siendo una herramienta para aumentar la explotación laboral? ¡Déjenme sus opiniones en el foro, quiero saber qué piensan ustedes sobre esta maraña!