Maes, ¿se acuerdan de toda la bulla con el proyecto de la "mega cárcel"? Desde que lo anunciaron, la vara se ha vendido como la panacea, la solución definitiva que por fin iba a poner en cintura el desmadre de la inseguridad que vivimos todos los días. La idea sonaba potente: un centro de máxima seguridad para aislar a los líderes de las bandas y cortar de raíz las órdenes que salen desde adentro de las prisiones. Uno, en medio de la desesperación, hasta se ilusiona y piensa "¡diay, por fin están haciendo algo!". Pero como casi siempre pasa en este país, parece que una cosa es lo que se vende en la conferencia de prensa y otra muy distinta es la letra menuda.
Aquí es donde la cosa se pone interesante y, la verdad, un poco frustrante. Resulta que el propio viceministro de Justicia y Paz, Nils Ching, salió a ponerle un freno de mano a todo ese optimismo. En una entrevista, el mae básicamente dijo, con otras palabras: "tranquilos todos, no se emocionen tanto". Afirmó que la mega cárcel "no es que va a solucionar el tema de seguridad", sino que es apenas "una de las líneas de trabajo". O sea, en el lenguaje de nosotros, es un parche más en una llanta que tiene más huecos que un colador. ¡Qué torta! Porque si la cabeza del proyecto te dice que el proyecto estrella no es la solución definitiva, ¿entonces cuál es el verdadero plan? Es como si el capitán del barco, en medio de la tormenta, te dijera que el nuevo motor que compraron ayuda, pero que igual puede que nos hundamos.
El argumento del viceministro es que el principal objetivo es atacar el "rezago en infraestructura carcelaria" y mejorar el orden interno para que los reclusos no sigan manejando el crimen desde sus celdas. Y sí, nadie en su sano juicio va a decir que no se necesita mejorar las cárceles. Todos sabemos que son una bomba de tiempo y una verdadera universidad del crimen. El brete de modernizar ese sistema es urgente y necesario. Sin embargo, el problema es de narrativa. El Gobierno nos vendió este chunche carísimo como la respuesta a los sicarios en moto y a los asaltos, no como una simple actualización de infraestructura. Se siente como si nos hubieran prometido un bistec y ahora nos están diciendo que en realidad lo que hay para almorzar es una sopa Maggi, que sí, alimenta, pero no es para nada lo que esperábamos.
Y mientras tanto, la burocracia sigue su curso. Ching menciona que los planos están en proceso de visado para luego empezar con la licitación. O sea, la plata se va a gastar, la construcción en algún momento empezará, y tendremos una mole de concreto gigante. La pregunta del millón es: cuando esa cárcel esté llena, ¿la gente en la calle se va a sentir más segura? Si la misma autoridad admite que su impacto en la seguridad general será limitado, ¿estamos invirtiendo los recursos en el lugar correcto? ¿O es una jugada para las cámaras, para decir que "se está haciendo algo", mientras las causas reales de la violencia –la falta de oportunidades, la deserción escolar, la corrupción– siguen ahí, intactas y creciendo como la mala hierba?
Al final del día, uno se queda con un sabor de boca amargo, como de atolillo con el dedo. Por un lado, se reconoce el problema de las cárceles, pero por otro, se siente que la solución que nos presentan es incompleta y, peor aún, que nos la vendieron con una publicidad un toque engañosa. A mí me genera más preguntas que certezas. Diay maes, les tiro la bola a ustedes para que la destripen en el foro: ¿Le compran la idea al Viceministro de que esto es solo "una línea de trabajo" más? ¿O sienten que, sin un plan integral y honesto, la mega cárcel corre el riesgo de convertirse en el monumento más caro a la improvisación?
Aquí es donde la cosa se pone interesante y, la verdad, un poco frustrante. Resulta que el propio viceministro de Justicia y Paz, Nils Ching, salió a ponerle un freno de mano a todo ese optimismo. En una entrevista, el mae básicamente dijo, con otras palabras: "tranquilos todos, no se emocionen tanto". Afirmó que la mega cárcel "no es que va a solucionar el tema de seguridad", sino que es apenas "una de las líneas de trabajo". O sea, en el lenguaje de nosotros, es un parche más en una llanta que tiene más huecos que un colador. ¡Qué torta! Porque si la cabeza del proyecto te dice que el proyecto estrella no es la solución definitiva, ¿entonces cuál es el verdadero plan? Es como si el capitán del barco, en medio de la tormenta, te dijera que el nuevo motor que compraron ayuda, pero que igual puede que nos hundamos.
El argumento del viceministro es que el principal objetivo es atacar el "rezago en infraestructura carcelaria" y mejorar el orden interno para que los reclusos no sigan manejando el crimen desde sus celdas. Y sí, nadie en su sano juicio va a decir que no se necesita mejorar las cárceles. Todos sabemos que son una bomba de tiempo y una verdadera universidad del crimen. El brete de modernizar ese sistema es urgente y necesario. Sin embargo, el problema es de narrativa. El Gobierno nos vendió este chunche carísimo como la respuesta a los sicarios en moto y a los asaltos, no como una simple actualización de infraestructura. Se siente como si nos hubieran prometido un bistec y ahora nos están diciendo que en realidad lo que hay para almorzar es una sopa Maggi, que sí, alimenta, pero no es para nada lo que esperábamos.
Y mientras tanto, la burocracia sigue su curso. Ching menciona que los planos están en proceso de visado para luego empezar con la licitación. O sea, la plata se va a gastar, la construcción en algún momento empezará, y tendremos una mole de concreto gigante. La pregunta del millón es: cuando esa cárcel esté llena, ¿la gente en la calle se va a sentir más segura? Si la misma autoridad admite que su impacto en la seguridad general será limitado, ¿estamos invirtiendo los recursos en el lugar correcto? ¿O es una jugada para las cámaras, para decir que "se está haciendo algo", mientras las causas reales de la violencia –la falta de oportunidades, la deserción escolar, la corrupción– siguen ahí, intactas y creciendo como la mala hierba?
Al final del día, uno se queda con un sabor de boca amargo, como de atolillo con el dedo. Por un lado, se reconoce el problema de las cárceles, pero por otro, se siente que la solución que nos presentan es incompleta y, peor aún, que nos la vendieron con una publicidad un toque engañosa. A mí me genera más preguntas que certezas. Diay maes, les tiro la bola a ustedes para que la destripen en el foro: ¿Le compran la idea al Viceministro de que esto es solo "una línea de trabajo" más? ¿O sienten que, sin un plan integral y honesto, la mega cárcel corre el riesgo de convertirse en el monumento más caro a la improvisación?