Diay, maes, ¿se acuerdan de aquella vara de las joyerías en Escazú que reventaron hace un montón de años? Parece una vida, ¿verdad? Pues bueno, la justicia a veces camina lento, pero parece que al final llega. Anoche, casi a la medianoche, aterrizó en el Juan Santamaría una pieza que faltaba en ese rompecabezas: una mujer mexicana de apellido Ojeda, de 28 años, que según el OIJ era parte del grupo criminal que orquestó todo aquel desmadre. La trajeron bien escoltadita desde Colombia, y con esto se cierra un capítulo de una cacería internacional que ya llevaba rato cocinándose.
Para los que no se acuerdan o estaban muy chamacos, tenemos que viajar al 2017. En ese entonces, un grupo de tipos entró a lo vikingo a dos joyerías en Escazú, armando un despiche monumental. No se anduvieron con rodeos: a punta de violencia y mazos (de ahí el apodo de la banda), quebraron todo y se llevaron un montón de chunchitos de altísimo valor. Fue un golpe que sonó durísimo, no solo por el botín, sino por la audacia. La investigación de la Sección de Asaltos del OIJ rápido identificó el modus operandi y determinó que se trataba de "Los Mazos", una banda bien estructurada y formada principalmente por ciudadanos mexicanos.
Aquí es donde la cosa se pone interesante y demuestra que, cuando se quiere, se puede. El OIJ no soltó el caso. Poco a poco fueron cayendo miembros de la banda en México y hasta en Uruguay. Pero Ojeda se les había escurrido. La mae andaba fantasma, moviéndose por Sudamérica, probablemente pensando que ya la vara se había enfriado. ¡Qué equivocada! Los agentes ticos, en un brete de hormiga y con la ayuda de Interpol, lograron ubicarla en Colombia. Le activaron una Notificación Roja, que es básicamente ponerle un rótulo de "se busca" a nivel mundial, y las autoridades colombianas le pusieron el guante en el aeropuerto El Dorado de Bogotá el pasado octubre. ¡Un jaque mate en toda regla!
¡Y qué carga de brete el que se mandó el OIJ con esta extradición! No es cualquier cosa coordinar entre tres países para traer a alguien a rendir cuentas. Después de meses de papeleo y procesos legales, finalmente se dio luz verde. Anoche, a las 11:45 p.m. del jueves, Ojeda pisó suelo tico de nuevo, pero esta vez no para pasear por Escazú, sino para ir directo a una celda y enfrentar a la Fiscalía. Se le acusa de robo agravado y asociación ilícita, que no es cualquier cosa. Se acabó el tour para ella, y ahora empieza el verdadero proceso judicial que muchos creían que nunca iba a llegar.
Ahora la gran pregunta queda en el aire. Con la llegada de Ojeda, una pieza que parece ser importante dentro de la estructura, se abre la posibilidad de conocer más a fondo cómo operaba esta gente. Este caso demuestra que el crimen organizado es transnacional y que combatirlo requiere una paciencia y una cooperación enormes. Pero, siendo realistas, ¿creen ustedes que la captura de una persona, ocho años después del golpe, realmente desmantela la red? ¿O es solo una victoria simbólica mientras las cabezas más grandes siguen operando desde las sombras? ¿Qué opinan, maes?
Para los que no se acuerdan o estaban muy chamacos, tenemos que viajar al 2017. En ese entonces, un grupo de tipos entró a lo vikingo a dos joyerías en Escazú, armando un despiche monumental. No se anduvieron con rodeos: a punta de violencia y mazos (de ahí el apodo de la banda), quebraron todo y se llevaron un montón de chunchitos de altísimo valor. Fue un golpe que sonó durísimo, no solo por el botín, sino por la audacia. La investigación de la Sección de Asaltos del OIJ rápido identificó el modus operandi y determinó que se trataba de "Los Mazos", una banda bien estructurada y formada principalmente por ciudadanos mexicanos.
Aquí es donde la cosa se pone interesante y demuestra que, cuando se quiere, se puede. El OIJ no soltó el caso. Poco a poco fueron cayendo miembros de la banda en México y hasta en Uruguay. Pero Ojeda se les había escurrido. La mae andaba fantasma, moviéndose por Sudamérica, probablemente pensando que ya la vara se había enfriado. ¡Qué equivocada! Los agentes ticos, en un brete de hormiga y con la ayuda de Interpol, lograron ubicarla en Colombia. Le activaron una Notificación Roja, que es básicamente ponerle un rótulo de "se busca" a nivel mundial, y las autoridades colombianas le pusieron el guante en el aeropuerto El Dorado de Bogotá el pasado octubre. ¡Un jaque mate en toda regla!
¡Y qué carga de brete el que se mandó el OIJ con esta extradición! No es cualquier cosa coordinar entre tres países para traer a alguien a rendir cuentas. Después de meses de papeleo y procesos legales, finalmente se dio luz verde. Anoche, a las 11:45 p.m. del jueves, Ojeda pisó suelo tico de nuevo, pero esta vez no para pasear por Escazú, sino para ir directo a una celda y enfrentar a la Fiscalía. Se le acusa de robo agravado y asociación ilícita, que no es cualquier cosa. Se acabó el tour para ella, y ahora empieza el verdadero proceso judicial que muchos creían que nunca iba a llegar.
Ahora la gran pregunta queda en el aire. Con la llegada de Ojeda, una pieza que parece ser importante dentro de la estructura, se abre la posibilidad de conocer más a fondo cómo operaba esta gente. Este caso demuestra que el crimen organizado es transnacional y que combatirlo requiere una paciencia y una cooperación enormes. Pero, siendo realistas, ¿creen ustedes que la captura de una persona, ocho años después del golpe, realmente desmantela la red? ¿O es solo una victoria simbólica mientras las cabezas más grandes siguen operando desde las sombras? ¿Qué opinan, maes?