Maes, agárrense porque la vara con la plata de las universidades públicas se puso color de hormiga. Resulta que el mero mero de la Universidad de Costa Rica, el rector Carlos Araya, se plantó en la última sesión del CONARE y mandó un “nel” rotundo al acuerdo de cómo se va a repartir el Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) en 2026. Y no lo hizo por pura gana, no. El mae soltó una lista de argumentos que dejan claro que, para él, este acuerdo es una torta que podría dejar a la UCR, y de paso a todo el sistema, bien golpeados.
Aquí es donde la puerca tuerce el rabo: la UCR es, por mucho, la universidad más grande del país, con un familión de más de 44,000 estudiantes. Según el acuerdo que se estaba cocinando, para 2026 les iba a tocar un aumento de apenas 1,077 millones de colones. ¿Suena a mucha plata? Pues no tanto cuando uno ve que, según el cálculo histórico que siempre se ha usado, les correspondían 2,846 melones. O sea, les están dando menos de la mitad de lo esperado. Con ese recorte, ¿cómo diablos van a atender las necesidades de crecimiento y sostenibilidad? Básicamente, con esa repartición, la UCR quedó salada y sin margen para nada.
Pero la vara no termina ahí. La cosa se pone más turbia. El rector Araya denunció que todo este despiche se está manejando con una falta de transparencia que asusta. Contó que hace semanas pidió en el mismo CONARE los estudios técnicos y los análisis que demostraran que ninguna universidad iba a salir perdiendo con esta nueva forma de repartir la plata. ¿La respuesta? Silencio total. Ni a la UCR ni a los sindicatos, que también estaban pidiendo los datos, les dieron pelota. De hecho, el Sindicato de Empleados de la Universidad de Costa Rica (SINDEU) metió un recurso de amparo que les dieron con lugar, ¿y adivinen qué? Papelito habla, pero parece que en CONARE no saben leer, porque la información sigue guardada bajo siete llaves. Para colmo, la famosa "comisión técnica" que debía generar recomendaciones para esta nueva ruta del FEES, nunca se reunió. Una comisión fantasma, ¡qué nivel!
Más allá del brete de salvar la tanda para la UCR, Araya tiró una alerta que nos debería preocupar a todos. Según él, esta forma de repartir el pastel está promoviendo una visión de "sálvese quien pueda", donde cada universidad jala para su saco en lugar de funcionar como un sistema articulado y solidario. Y para que no digan que es puro show, la UCR sacó los números: en los últimos 10 años, le han metido más de 123 mil millones de colones al "Fondo del Sistema" para ayudar a las otras universidades. Ahora, con este nuevo acuerdo, calculan que en los próximos cinco años van a dejar de recibir más de 77 mil millones. O sea, después de años de aportar, ahora les están pasando una factura carísima.
Al final, este novelón no es solo sobre cuántos colones le tocan a cada U. Es sobre la transparencia, sobre si las decisiones se toman con estudios serios o a la libre, y sobre si todavía creemos en una educación superior pública que funciona como un equipo o si ya cada quien va a jugar por su cuenta. El rector dejó claro su voto en contra, soñando con ese sistema articulado que parece estarse desmoronando. La pelota ahora queda picando en la cancha del CONARE, y la pregunta es si este pleito se va a arreglar con diálogo o si estamos viendo el inicio de una fractura más grande en nuestras universidades públicas.
Diay, maes, ahora les toca a ustedes. ¿Creen que el Rector de la UCR tiene razón en plantarse así de fuerte? ¿O es una jugada para que la U más grande no pierda su tajada del pastel? ¿Se nos está yendo al traste el espíritu de 'sistema' en la educación pública? ¡Abran el debate!
Aquí es donde la puerca tuerce el rabo: la UCR es, por mucho, la universidad más grande del país, con un familión de más de 44,000 estudiantes. Según el acuerdo que se estaba cocinando, para 2026 les iba a tocar un aumento de apenas 1,077 millones de colones. ¿Suena a mucha plata? Pues no tanto cuando uno ve que, según el cálculo histórico que siempre se ha usado, les correspondían 2,846 melones. O sea, les están dando menos de la mitad de lo esperado. Con ese recorte, ¿cómo diablos van a atender las necesidades de crecimiento y sostenibilidad? Básicamente, con esa repartición, la UCR quedó salada y sin margen para nada.
Pero la vara no termina ahí. La cosa se pone más turbia. El rector Araya denunció que todo este despiche se está manejando con una falta de transparencia que asusta. Contó que hace semanas pidió en el mismo CONARE los estudios técnicos y los análisis que demostraran que ninguna universidad iba a salir perdiendo con esta nueva forma de repartir la plata. ¿La respuesta? Silencio total. Ni a la UCR ni a los sindicatos, que también estaban pidiendo los datos, les dieron pelota. De hecho, el Sindicato de Empleados de la Universidad de Costa Rica (SINDEU) metió un recurso de amparo que les dieron con lugar, ¿y adivinen qué? Papelito habla, pero parece que en CONARE no saben leer, porque la información sigue guardada bajo siete llaves. Para colmo, la famosa "comisión técnica" que debía generar recomendaciones para esta nueva ruta del FEES, nunca se reunió. Una comisión fantasma, ¡qué nivel!
Más allá del brete de salvar la tanda para la UCR, Araya tiró una alerta que nos debería preocupar a todos. Según él, esta forma de repartir el pastel está promoviendo una visión de "sálvese quien pueda", donde cada universidad jala para su saco en lugar de funcionar como un sistema articulado y solidario. Y para que no digan que es puro show, la UCR sacó los números: en los últimos 10 años, le han metido más de 123 mil millones de colones al "Fondo del Sistema" para ayudar a las otras universidades. Ahora, con este nuevo acuerdo, calculan que en los próximos cinco años van a dejar de recibir más de 77 mil millones. O sea, después de años de aportar, ahora les están pasando una factura carísima.
Al final, este novelón no es solo sobre cuántos colones le tocan a cada U. Es sobre la transparencia, sobre si las decisiones se toman con estudios serios o a la libre, y sobre si todavía creemos en una educación superior pública que funciona como un equipo o si ya cada quien va a jugar por su cuenta. El rector dejó claro su voto en contra, soñando con ese sistema articulado que parece estarse desmoronando. La pelota ahora queda picando en la cancha del CONARE, y la pregunta es si este pleito se va a arreglar con diálogo o si estamos viendo el inicio de una fractura más grande en nuestras universidades públicas.
Diay, maes, ahora les toca a ustedes. ¿Creen que el Rector de la UCR tiene razón en plantarse así de fuerte? ¿O es una jugada para que la U más grande no pierda su tajada del pastel? ¿Se nos está yendo al traste el espíritu de 'sistema' en la educación pública? ¡Abran el debate!