¡Ay, Dios mío! La cosa está más caliente que tamales en diciembre. Laura Fernández, la gallina de los huevos de oro del Pueblo Soberano, parece que va a darle un soponcio a toda la oposición. Los últimos datos de CID-Gallup la tienen disparada, rayándole el 41%, y eso, mis panas, significa que podríamos estar viendo a la primera presidenta que llega al Palacio sin tener que sudarle a una segunda vuelta desde hace siglos.
El estudio, hecho entre finales de diciembre y principios de enero – justo en plena época de regalos y abrazos familiares – pinta un cuadro bien claro. Parece que la gente está contenta con la dirección que le ha tomado el país, o quizás ya se resignaron a que así son las cosas. Lo cierto es que Álvaro Ramos, del PLN, está dando tumbos y solo logró juntar un 9% de las preferencias. ¡Una diferencia tremenda, pura torta!
Y ni hablar de los otros aspirantes. Fabricio Alvarado, con su Nueva República, se quedó atrapado en el camino con un magrito del 6%. Ariel Robles y Claudia Dobles, del Frente Amplio y Agenda Ciudadana respectivamente, anduvieron revoloteando alrededor del 4%, agarrándose de espinas para ver si podían avanzar. Natalia Díaz, Juan Carlos Hidalgo, Eli Feinzaig y Luis Amador, bueno, esos parecen que se fueron al traste, todos empatados en un ridículo 2%. ¡Pobre diay!
Pero, ¿por qué está pasando esto? Según los analistas – esos que siempre saben después de que la vaca ya salió de compras – hay varios factores en juego. Primero, ese efecto Maduro, que ustedes ya saben, con las posturas firmes de Fernández sobre Venezuela y su promesa de llamar a los gringos del FBI si fuera necesario. Tiene a muchos preocupados por la seguridad y buscando un líder que les dé una sensación de control, aunque sea ilusoria.
Luego, tenemos la fragmentación opositora. Ocho candidatos peleándose por el voto, dividiendo lo poco que tienen. En lugar de unir fuerzas para enfrentar al oficialismo, cada quien va haciendo su rollo solito, regalándole votos a Fernández. ¡Qué manera de complicarse la vida, mae!
Y tercero, el “voto de fin de año”. Esa magia navideña que te hace pensar que todo puede mejorar, que las cosas van a salir bien. El discurso de orden y prosperidad del oficialismo pega justo en ese momento de optimismo general. Eso sí, yo creo que algunos todavía tienen la resaca del ponche.
Ahora, la verdadera prueba llegará el día de las elecciones. Aunque los números son favorables para Pueblo Soberano, el abstencionismo sigue siendo una amenaza seria. Si la gente se queda cruzada de brazos en casa, todo puede cambiar. Imagínense, una victoria apretadísima, con poca participación… sería un golpe duro para la democracia, chunches. Podríamos vernos celebrando un triunfo vacío.
El PLN y el PUSC, que solían mandar, ahora están raspando fondo. Un 9% o un 2%, ¡qué brete! Se ven perdidos, tratando de entender cómo llegaron a esta papa caliente. Están buscando desesperadamente quién se va a llevar la peor parte, porque las próximas legislaturas se van a poner pesadas. Entonces, mi pana, aquí va la pregunta que nos quema: ¿Cree usted que Laura Fernández realmente tiene el apoyo suficiente para ganar en primera o el abstencionismo y algún giro inesperado podrían cambiar el rumbo de la elección?
El estudio, hecho entre finales de diciembre y principios de enero – justo en plena época de regalos y abrazos familiares – pinta un cuadro bien claro. Parece que la gente está contenta con la dirección que le ha tomado el país, o quizás ya se resignaron a que así son las cosas. Lo cierto es que Álvaro Ramos, del PLN, está dando tumbos y solo logró juntar un 9% de las preferencias. ¡Una diferencia tremenda, pura torta!
Y ni hablar de los otros aspirantes. Fabricio Alvarado, con su Nueva República, se quedó atrapado en el camino con un magrito del 6%. Ariel Robles y Claudia Dobles, del Frente Amplio y Agenda Ciudadana respectivamente, anduvieron revoloteando alrededor del 4%, agarrándose de espinas para ver si podían avanzar. Natalia Díaz, Juan Carlos Hidalgo, Eli Feinzaig y Luis Amador, bueno, esos parecen que se fueron al traste, todos empatados en un ridículo 2%. ¡Pobre diay!
Pero, ¿por qué está pasando esto? Según los analistas – esos que siempre saben después de que la vaca ya salió de compras – hay varios factores en juego. Primero, ese efecto Maduro, que ustedes ya saben, con las posturas firmes de Fernández sobre Venezuela y su promesa de llamar a los gringos del FBI si fuera necesario. Tiene a muchos preocupados por la seguridad y buscando un líder que les dé una sensación de control, aunque sea ilusoria.
Luego, tenemos la fragmentación opositora. Ocho candidatos peleándose por el voto, dividiendo lo poco que tienen. En lugar de unir fuerzas para enfrentar al oficialismo, cada quien va haciendo su rollo solito, regalándole votos a Fernández. ¡Qué manera de complicarse la vida, mae!
Y tercero, el “voto de fin de año”. Esa magia navideña que te hace pensar que todo puede mejorar, que las cosas van a salir bien. El discurso de orden y prosperidad del oficialismo pega justo en ese momento de optimismo general. Eso sí, yo creo que algunos todavía tienen la resaca del ponche.
Ahora, la verdadera prueba llegará el día de las elecciones. Aunque los números son favorables para Pueblo Soberano, el abstencionismo sigue siendo una amenaza seria. Si la gente se queda cruzada de brazos en casa, todo puede cambiar. Imagínense, una victoria apretadísima, con poca participación… sería un golpe duro para la democracia, chunches. Podríamos vernos celebrando un triunfo vacío.
El PLN y el PUSC, que solían mandar, ahora están raspando fondo. Un 9% o un 2%, ¡qué brete! Se ven perdidos, tratando de entender cómo llegaron a esta papa caliente. Están buscando desesperadamente quién se va a llevar la peor parte, porque las próximas legislaturas se van a poner pesadas. Entonces, mi pana, aquí va la pregunta que nos quema: ¿Cree usted que Laura Fernández realmente tiene el apoyo suficiente para ganar en primera o el abstencionismo y algún giro inesperado podrían cambiar el rumbo de la elección?