¡Ay, Dios mío! Esto sí que se puso picante, ¿eh? Entre tanta promesa electoral y discurso bonachón, resulta que la política costarricense ha salido a relucir las uñas y el aguijón. La exprimadera Laura Chinchilla, que algunos todavía recuerdan como ‘la tos’, le respondió a Laura Fernández, la aspirante presidencial, con todo y cascabeles. ¡Qué nivel de pelea!
Todo empezó porque la candidata oficialista, Fernández, lanzó unas pullas fuertes sobre Chinchilla, acusándola de haber “legitimado dictadores” durante su tiempo en el poder. Como dicen por ahí, ‘el perro ladrando no muerde’, pero esta vez, la exprimera no se quedó callada ni un segundo. Reaccionó rápido y con fuerza, dejando claro que no va a tragarse cualquier cosa.
Chinchilla, lejos de andar con rodeos, salió al frente diciendo que el video de Fernández era una “pieza mudas y fuera de contexto”, orquestada desde arriba, directamente por la jefatura de fracción del Gobierno. Lo que quiere decir, vamos, que la acusó de ser una marioneta, una portavoz de alguien más poderoso. Incluso llegó a afirmar que Fernández actúa como una “mala copia” del estilo confrontativo del propio Rodrigo Chaves, y eso, créeme, es echarle leña al fuego.
Ahora bien, Chinchilla también quiso dejar claro que sus encuentros con líderes como Chávez y Castro fueron actos protocolares, parte del trabajo diplomático, y que Costa Rica siempre ha defendido sus principios democráticos. Según ella, cerrar acuerdos con Petrocaribe no significa validar regímenes políticos, sino buscar intereses nacionales. ‘Aquí tenemos 40 años de historia democrática’, remarcó, ‘no nos van a venir a contar cuentos’.
Pero lo realmente preocupante, y donde Chinchilla dio en el clavo, no fue tanto su defensa personal, sino su radiografía de la situación actual del país. Pintó un panorama oscuro, hablando de extorsión estatal, persecución política y ataques a la privacidad. Dijo que hay empresarios amenazados con inventarle cosas a Hacienda o a la Caja, empleados públicos despedidos injustamente y periodistas sometidos a presión.
“Historias de WhatsApp con nombres y apellidos”, dijo Chinchilla, describiendo cómo familias ven a sus hijas siendo interrogadas por expresar opiniones diferentes. Esa es la ‘vara’ que preocupa, ese ambiente de temor que parece estar calando en nuestra sociedad. Según ella, el daño causado por el gobierno actual es tan grande que “ninguna publicidad podrá ocultarlo”. ¡Y vaya que han gastado montones en publicidades, mae!
En medio de todo esto, analistas políticos señalan que Fernández está usando a Chinchilla como chivo expiatorio para movilizar a su base electoral. Atacar al pasado, apelar a la nostalgia de ‘los viejos tiempos’, puede funcionar para algunos, pero muchos votantes ya están cansados de lo mismo. Este movimiento estratégico intenta polarizar el escenario político y presentar a Fernández como la única opción de cambio, en contraposición con un supuesto legado corrupto del PLN. Pero aquí entra la ’carga’ de Chinchilla, reanimando sectores moderados y civiles que buscan una salida a esta crisis.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, este choque entre las dos Lauras es crucial. ¿Será que estamos viendo el principio de una deriva autoritaria en Costa Rica, o la reacción de una ciudadanía que no está dispuesta a ceder ante la intimidación? ¿Cree usted que el ataque de Laura Fernández a Laura Chinchilla es una estrategia efectiva para ganar votos, o solo sirve para exponer la fragilidad del gobierno?
Todo empezó porque la candidata oficialista, Fernández, lanzó unas pullas fuertes sobre Chinchilla, acusándola de haber “legitimado dictadores” durante su tiempo en el poder. Como dicen por ahí, ‘el perro ladrando no muerde’, pero esta vez, la exprimera no se quedó callada ni un segundo. Reaccionó rápido y con fuerza, dejando claro que no va a tragarse cualquier cosa.
Chinchilla, lejos de andar con rodeos, salió al frente diciendo que el video de Fernández era una “pieza mudas y fuera de contexto”, orquestada desde arriba, directamente por la jefatura de fracción del Gobierno. Lo que quiere decir, vamos, que la acusó de ser una marioneta, una portavoz de alguien más poderoso. Incluso llegó a afirmar que Fernández actúa como una “mala copia” del estilo confrontativo del propio Rodrigo Chaves, y eso, créeme, es echarle leña al fuego.
Ahora bien, Chinchilla también quiso dejar claro que sus encuentros con líderes como Chávez y Castro fueron actos protocolares, parte del trabajo diplomático, y que Costa Rica siempre ha defendido sus principios democráticos. Según ella, cerrar acuerdos con Petrocaribe no significa validar regímenes políticos, sino buscar intereses nacionales. ‘Aquí tenemos 40 años de historia democrática’, remarcó, ‘no nos van a venir a contar cuentos’.
Pero lo realmente preocupante, y donde Chinchilla dio en el clavo, no fue tanto su defensa personal, sino su radiografía de la situación actual del país. Pintó un panorama oscuro, hablando de extorsión estatal, persecución política y ataques a la privacidad. Dijo que hay empresarios amenazados con inventarle cosas a Hacienda o a la Caja, empleados públicos despedidos injustamente y periodistas sometidos a presión.
“Historias de WhatsApp con nombres y apellidos”, dijo Chinchilla, describiendo cómo familias ven a sus hijas siendo interrogadas por expresar opiniones diferentes. Esa es la ‘vara’ que preocupa, ese ambiente de temor que parece estar calando en nuestra sociedad. Según ella, el daño causado por el gobierno actual es tan grande que “ninguna publicidad podrá ocultarlo”. ¡Y vaya que han gastado montones en publicidades, mae!
En medio de todo esto, analistas políticos señalan que Fernández está usando a Chinchilla como chivo expiatorio para movilizar a su base electoral. Atacar al pasado, apelar a la nostalgia de ‘los viejos tiempos’, puede funcionar para algunos, pero muchos votantes ya están cansados de lo mismo. Este movimiento estratégico intenta polarizar el escenario político y presentar a Fernández como la única opción de cambio, en contraposición con un supuesto legado corrupto del PLN. Pero aquí entra la ’carga’ de Chinchilla, reanimando sectores moderados y civiles que buscan una salida a esta crisis.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, este choque entre las dos Lauras es crucial. ¿Será que estamos viendo el principio de una deriva autoritaria en Costa Rica, o la reacción de una ciudadanía que no está dispuesta a ceder ante la intimidación? ¿Cree usted que el ataque de Laura Fernández a Laura Chinchilla es una estrategia efectiva para ganar votos, o solo sirve para exponer la fragilidad del gobierno?