¡Ay, Dios mío! Esto se puso feísimo en Limón. Resulta que los judiciales dieron con una banda dedicada a vender droga a cuentas ajenas, y ahora andamos todos con la mosca detrás de la oreja porque dicen que esto podría tener relación con el asesinato de un muchacho que quedó tirado hace unos meses.
La movida empezó con varios allanamientos en la comunidad de Limón 2000. Según nos cuentan, ya hacía rato que la zona estaba parada, con rumores de que había bastante ‘hierba’ y otras cositas dando vueltas. Parece que los vecinos hasta estaban cansados de aguantar el escándalo y la bronca que armaban los clientes.
El OIJ metió mano en tres casas distintas, capturando a tres personas: dos mujeres, señoras Smith y Hernández, de 43 y 34 años, respectivamente, y un señor llamado Glinton, de 60 años. Imagínate la sorpresa de estos mae, agarrados en medio de sus ‘negocios’. Dicen que tenían fajados los sitios, con la mercancía bien escondida, pa' que nadie la encontrara.
Y ni hablar de lo que encontraron adentro. ¡Una chimba! Cocaína, crack, marihuana… ¡de todo! Además, pileta de billetes verdes, suficiente para hacernos pensar que esto era más que un changüeo de barrio. Obviamente, todo ese varo se presume que venía de la venta de los tóxicos. Un brete el negocio que tenían montado, diay.
Pero lo que realmente tiene a todos hablando es la conexión con el homicidio de un menor de edad, un muchacho de apenas 17 años que falleció en diciembre pasado. Al parecer, el pibe andaba involucrado en alguna fiesta que terminó muy mal. Hubo una pelea, lo golpearon y luego alguien le soltó plomo a quemarropa. Una tragedia pura.
Ahora, los judiciales andan investigando si alguno de los detenidos estuvo presente en esa fiesta fatal. Y parece que encontraron celulares y otros aparatos electrónicos en las casas allanadas. Estos chunches podrían tener mensajes, fotos o videos que ayuden a esclarecer quién le quitó la vida al pobre muchacho. Ya saben cómo es esto, buscando migajas pa’ armar el rompecabezas.
La verdad, esto ha levantado mucha polvareda en la comunidad. Todos estamos preocupados por la seguridad de nuestros hijos y nietos. Las autoridades prometen que seguirán trabajando para limpiar la zona y llevar a los responsables ante la justicia. Esperemos que así sea, porque esto ya se puso serio.
Este caso nos deja pensando: ¿Hasta qué punto la normalización del consumo y tráfico de drogas afecta directamente a la seguridad de nuestros jóvenes en comunidades vulnerables? ¿Qué medidas adicionales creen que deberían tomarse para proteger a nuestros muchachos y evitar tragedias similares?
La movida empezó con varios allanamientos en la comunidad de Limón 2000. Según nos cuentan, ya hacía rato que la zona estaba parada, con rumores de que había bastante ‘hierba’ y otras cositas dando vueltas. Parece que los vecinos hasta estaban cansados de aguantar el escándalo y la bronca que armaban los clientes.
El OIJ metió mano en tres casas distintas, capturando a tres personas: dos mujeres, señoras Smith y Hernández, de 43 y 34 años, respectivamente, y un señor llamado Glinton, de 60 años. Imagínate la sorpresa de estos mae, agarrados en medio de sus ‘negocios’. Dicen que tenían fajados los sitios, con la mercancía bien escondida, pa' que nadie la encontrara.
Y ni hablar de lo que encontraron adentro. ¡Una chimba! Cocaína, crack, marihuana… ¡de todo! Además, pileta de billetes verdes, suficiente para hacernos pensar que esto era más que un changüeo de barrio. Obviamente, todo ese varo se presume que venía de la venta de los tóxicos. Un brete el negocio que tenían montado, diay.
Pero lo que realmente tiene a todos hablando es la conexión con el homicidio de un menor de edad, un muchacho de apenas 17 años que falleció en diciembre pasado. Al parecer, el pibe andaba involucrado en alguna fiesta que terminó muy mal. Hubo una pelea, lo golpearon y luego alguien le soltó plomo a quemarropa. Una tragedia pura.
Ahora, los judiciales andan investigando si alguno de los detenidos estuvo presente en esa fiesta fatal. Y parece que encontraron celulares y otros aparatos electrónicos en las casas allanadas. Estos chunches podrían tener mensajes, fotos o videos que ayuden a esclarecer quién le quitó la vida al pobre muchacho. Ya saben cómo es esto, buscando migajas pa’ armar el rompecabezas.
La verdad, esto ha levantado mucha polvareda en la comunidad. Todos estamos preocupados por la seguridad de nuestros hijos y nietos. Las autoridades prometen que seguirán trabajando para limpiar la zona y llevar a los responsables ante la justicia. Esperemos que así sea, porque esto ya se puso serio.
Este caso nos deja pensando: ¿Hasta qué punto la normalización del consumo y tráfico de drogas afecta directamente a la seguridad de nuestros jóvenes en comunidades vulnerables? ¿Qué medidas adicionales creen que deberían tomarse para proteger a nuestros muchachos y evitar tragedias similares?