¡Ay, Dios mío! Esto sí que es un bronco, mi gente. Resulta que Nicolás Maduro, el presidente venezolano, está ahora mismo recluido en una cárcel de Nueva York, capturado tras una sorpresiva intervención militar estadounidense. Parece sacado de una película de espías, pero esto está pasando en serio y aquí en Costa Rica estamos viendo cómo se desarrolla este brete con bastante preocupación, pa’ que no sea peor.
Según fuentes internacionales, la operación, que tuvo lugar la madrugada del sábado, involucró bombardeos en Caracas y una rápida exfiltración de Maduro y su esposa. Lo que empezó como rumores volando por internet se confirmó con creces; Estados Unidos, aparentemente sin pedir permiso a nadie, ha tomado cartas en el asunto venezolano, declarando abiertamente que ahora “gobernará” a distancia. Esto, mis amigos, le da un vuelco completo a la política regional y nos pone a todos en alerta máxima.
La Organización de Estados Americanos (OEA), siempre metida donde no la llaman, convocó un consejo permanente extraordinario para discutir la situación. Colombia, ostentando la presidencia actual, movió rápido para organizar la reunión, aunque Venezuela ya había abandonado la OEA en 2017 – una jugada maestra, si me preguntan, aunque la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, no lo aceptó. Ahora, la OEA sigue considerando a Venezuela como miembro, pero la realidad es que el país apenas participa en sus actividades. Ese es el panorama, chunches.
La reacción internacional, claro, no se hizo esperar. Países como Colombia, Brasil, México, Uruguay y España, expresaron su rechazo a cualquier tipo de control externo sobre Venezuela. Una carta pública, firmada desde Bogotá, fue el vehículo elegido para dejar claro que este tipo de intervenciones no son la solución a ningún problema. Pero, díganme, ¿qué esperaban? Que aplaudieran la invasión?
Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta, asumió la presidencia interina de Venezuela en reemplazo de Maduro. Un movimiento ágil y calculado en medio del caos, intentando mantener un semblante de normalidad mientras los aviones estadounidenses siguen dando vueltas por encima. Esto abre una puerta a nuevas negociaciones, a nuevos escenarios… o a más complicaciones, quién sabe. La verdad es que todo pinta complicado, qué sal.
Aquí en Costa Rica, la respuesta oficial ha sido de prudencia y llamado al diálogo. El Gobierno ha insistido en la necesidad de buscar soluciones pacíficas y evitar mayores derramamientos de sangre. Como siempre, tratando de caminar sobre huevos para no ofender a nadie. Pero detrás de esa fachada diplomática, estoy segura de que hay mucha tela que cortar y decisiones difíciles que tomar. Nuestra posición neutral nos obliga a mantenernos al margen, pero la incertidumbre afecta a todos, incluso a nosotros, los tranquilos ticos.
Según fuentes internacionales, la operación, que tuvo lugar la madrugada del sábado, involucró bombardeos en Caracas y una rápida exfiltración de Maduro y su esposa. Lo que empezó como rumores volando por internet se confirmó con creces; Estados Unidos, aparentemente sin pedir permiso a nadie, ha tomado cartas en el asunto venezolano, declarando abiertamente que ahora “gobernará” a distancia. Esto, mis amigos, le da un vuelco completo a la política regional y nos pone a todos en alerta máxima.
La Organización de Estados Americanos (OEA), siempre metida donde no la llaman, convocó un consejo permanente extraordinario para discutir la situación. Colombia, ostentando la presidencia actual, movió rápido para organizar la reunión, aunque Venezuela ya había abandonado la OEA en 2017 – una jugada maestra, si me preguntan, aunque la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, no lo aceptó. Ahora, la OEA sigue considerando a Venezuela como miembro, pero la realidad es que el país apenas participa en sus actividades. Ese es el panorama, chunches.
La reacción internacional, claro, no se hizo esperar. Países como Colombia, Brasil, México, Uruguay y España, expresaron su rechazo a cualquier tipo de control externo sobre Venezuela. Una carta pública, firmada desde Bogotá, fue el vehículo elegido para dejar claro que este tipo de intervenciones no son la solución a ningún problema. Pero, díganme, ¿qué esperaban? Que aplaudieran la invasión?
Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta, asumió la presidencia interina de Venezuela en reemplazo de Maduro. Un movimiento ágil y calculado en medio del caos, intentando mantener un semblante de normalidad mientras los aviones estadounidenses siguen dando vueltas por encima. Esto abre una puerta a nuevas negociaciones, a nuevos escenarios… o a más complicaciones, quién sabe. La verdad es que todo pinta complicado, qué sal.
Aquí en Costa Rica, la respuesta oficial ha sido de prudencia y llamado al diálogo. El Gobierno ha insistido en la necesidad de buscar soluciones pacíficas y evitar mayores derramamientos de sangre. Como siempre, tratando de caminar sobre huevos para no ofender a nadie. Pero detrás de esa fachada diplomática, estoy segura de que hay mucha tela que cortar y decisiones difíciles que tomar. Nuestra posición neutral nos obliga a mantenernos al margen, pero la incertidumbre afecta a todos, incluso a nosotros, los tranquilos ticos.