¡Aguántense!, pues este 12 de diciembre celebramos – si se le puede llamar así – 10 años del Acuerdo de París. Sí, ese acuerdo que prometía salvar el planeta y que, pa’ nuestra desgracia, parece haberse quedado en buenas intenciones. Los países firmaron, se tomaron fotos, pero a la hora de cumplir, ¡qué despiche! La situación global sigue siendo una torta, con promesas incumplidas y el clima diciéndonos a gritos que no nos escucha.
La verdad, la cosa está seria. Las estadísticas son claras: estamos peligrosamente cerca de incumplir los objetivos del Acuerdo de París, y eso significa consecuencias terribles para todos, pero especialmente para los más vulnerables. Basta ver los fenómenos naturales cada vez más frecuentes e intensos, las sequías que nos azotan y los huracanes que dejan destrucción a su paso. ¡Una verdadera carga!
Y uno de los factores clave que ha contribuido a esta lentitud en la acción climática es la falta de diversidad en las mesas de negociación. Resulta increíble, pero en la reciente COP29 en Bakú, Azerbaiyán, solo 8 de los 79 líderes mundiales eran mujeres. ¡Qué barbaridad! Un 35% de participación femenina en las delegaciones, mientras que el número total de delegados se disparó un 200%. ¡Parece broma, pero es la cruda realidad!
Aquí es donde entra la buena noticia: hay evidencia contundente de que las mujeres sí marcan la diferencia cuando participan activamente en la lucha contra el cambio climático. La CMNUCC lo dice claro: la participación política de las mujeres se traduce en mejores resultados, respuestas más efectivas a las necesidades de la gente, mayor colaboración entre diferentes grupos y, hasta, ¡más paz! Pues sí, amigas y amigos, cuidar el planeta también es cuestión de construir sociedades más justas y equitativas.
¿Cuál es el secreto? Las mujeres abordan la crisis climática desde su propia experiencia, desde las problemáticas que nos afectan de manera desproporcionada. Pensamos a largo plazo, somos capaces de unir esfuerzos entre diversos actores y promovemos enfoques interseccionales que reconocen las desigualdades existentes. La Resolución 70/1 de la ONU lo establece: necesitamos invertir en educación, recursos, participación política, empleos y liderazgo para las mujeres si queremos alcanzar un desarrollo sostenible. ¡Dicho y hecho, pero aún queda mucho brete por recorrer!
Aunque tengamos leyes y políticas de igualdad de género en papel, la realidad es que seguimos subrepresentadas en puestos de liderazgo. ¿Las razones? Algunas explícitas, otras más sutiles: discriminación abierta, sesgos culturales arraigados, falta de redes de apoyo, y la ausencia de modelos femeninos a seguir. ¡Un círculo vicioso que debemos romper a toda costa! Mi criterio es claro, tenemos que empujar a más mujeres a la arena política y empresarial.
Por eso, desde Misión 1.5° en alianza con la Asamblea Legislativa, el Viceministerio de Juventud y varios socios, lanzamos el Parlamento Joven de Mujeres por el Clima. Una iniciativa tremenda que capacita a 50 jóvenes de todo el país en temas de cambio climático, liderazgo ético y habilidades políticas. Ya hemos visto cómo estas jóvenes han generado proyectos de ley innovadores y controles políticos que apuntan directamente a la mitigación y adaptación al cambio climático, ¡con un enfoque de género y derechos humanos, diay!
Esta experiencia demuestra que apostar por la participación política de las mujeres es invertir en un futuro más justo y sostenible. La democracia, la lucha contra el cambio climático y el empoderamiento femenino van de la mano. Una democracia fuerte nos permite debatir abiertamente, crear políticas inclusivas y generar compromisos sociales para implementar soluciones. Así que, compas, ¿ustedes creen que debemos exigir más espacios para las mujeres en la toma de decisiones climáticas, o seguiremos viendo cómo el planeta se va al traste?
La verdad, la cosa está seria. Las estadísticas son claras: estamos peligrosamente cerca de incumplir los objetivos del Acuerdo de París, y eso significa consecuencias terribles para todos, pero especialmente para los más vulnerables. Basta ver los fenómenos naturales cada vez más frecuentes e intensos, las sequías que nos azotan y los huracanes que dejan destrucción a su paso. ¡Una verdadera carga!
Y uno de los factores clave que ha contribuido a esta lentitud en la acción climática es la falta de diversidad en las mesas de negociación. Resulta increíble, pero en la reciente COP29 en Bakú, Azerbaiyán, solo 8 de los 79 líderes mundiales eran mujeres. ¡Qué barbaridad! Un 35% de participación femenina en las delegaciones, mientras que el número total de delegados se disparó un 200%. ¡Parece broma, pero es la cruda realidad!
Aquí es donde entra la buena noticia: hay evidencia contundente de que las mujeres sí marcan la diferencia cuando participan activamente en la lucha contra el cambio climático. La CMNUCC lo dice claro: la participación política de las mujeres se traduce en mejores resultados, respuestas más efectivas a las necesidades de la gente, mayor colaboración entre diferentes grupos y, hasta, ¡más paz! Pues sí, amigas y amigos, cuidar el planeta también es cuestión de construir sociedades más justas y equitativas.
¿Cuál es el secreto? Las mujeres abordan la crisis climática desde su propia experiencia, desde las problemáticas que nos afectan de manera desproporcionada. Pensamos a largo plazo, somos capaces de unir esfuerzos entre diversos actores y promovemos enfoques interseccionales que reconocen las desigualdades existentes. La Resolución 70/1 de la ONU lo establece: necesitamos invertir en educación, recursos, participación política, empleos y liderazgo para las mujeres si queremos alcanzar un desarrollo sostenible. ¡Dicho y hecho, pero aún queda mucho brete por recorrer!
Aunque tengamos leyes y políticas de igualdad de género en papel, la realidad es que seguimos subrepresentadas en puestos de liderazgo. ¿Las razones? Algunas explícitas, otras más sutiles: discriminación abierta, sesgos culturales arraigados, falta de redes de apoyo, y la ausencia de modelos femeninos a seguir. ¡Un círculo vicioso que debemos romper a toda costa! Mi criterio es claro, tenemos que empujar a más mujeres a la arena política y empresarial.
Por eso, desde Misión 1.5° en alianza con la Asamblea Legislativa, el Viceministerio de Juventud y varios socios, lanzamos el Parlamento Joven de Mujeres por el Clima. Una iniciativa tremenda que capacita a 50 jóvenes de todo el país en temas de cambio climático, liderazgo ético y habilidades políticas. Ya hemos visto cómo estas jóvenes han generado proyectos de ley innovadores y controles políticos que apuntan directamente a la mitigación y adaptación al cambio climático, ¡con un enfoque de género y derechos humanos, diay!
Esta experiencia demuestra que apostar por la participación política de las mujeres es invertir en un futuro más justo y sostenible. La democracia, la lucha contra el cambio climático y el empoderamiento femenino van de la mano. Una democracia fuerte nos permite debatir abiertamente, crear políticas inclusivas y generar compromisos sociales para implementar soluciones. Así que, compas, ¿ustedes creen que debemos exigir más espacios para las mujeres en la toma de decisiones climáticas, o seguiremos viendo cómo el planeta se va al traste?