¡Ay, Dios mío! Esto sí que está feo. Costa Rica, el paraíso de Pura Vida, parece que se está convirtiendo en un caldo de cultivo para los maleantes. El cierre de 2025 dejó cifras escalofriantes: casi mil asaltos a turistas extranjeros. Mil, diay… ¡Eso duele! No solo a nosotros, ticos orgullosos, sino también a la billetera de todos porque esto va a afectar seriamente el turismo.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) está encendido como lupa de farmacéutico tratando de entender cómo llegamos a este apuro. Pero la verdad es que la cosa está seria. Ya no es solo hablar del problema en redes sociales; ahora tenemos estadísticas concretas que golpean directo a la puerta de los hoteles, restaurantes y negocios que dependen del turismo. Parece que alguien nos puso hielo en el café, ¿eh?
Según los datitos de la Policía Judicial, el desmadre no está distribuido por doquier. Se concentran en puntos estratégicos donde los bichos saben que hay buen botín. San José, como siempre, sigue siendo el rey del cuento con el clásico “método del descuido”. Ahí te distraes un momentito mirando una paloma y ¡zas!, te quitan la cámara y todo. En el Pacífico Central, principalmente en Jacó, Quepos y Puntarenas, acumularon una barbaridad de expedientes –más de trescientos–, demostrando que eso de la calma tropical allá no aplica mucho últimamente.
Pero lo que realmente me hizo agarrarme la cabeza fue lo de las casas de alquiler. Resulta que esos malos listos están perfilando a los huéspedes, estudiando sus movimientos, sabiendo cuándo llegar para llevarse todo. Ese incidente en Nuevo Arenal, con gringos amarrados y balazos, pegó duro. Te da frío pensar que entraron a una casa buscando un chunche, ¡y terminaron echando humo!
Y ojo, que esto no se queda en Costa Rica. Las embajadas de Estados Unidos y Canadá ya pusieron alertas severas para sus ciudadanos, aconsejándoles andar con más cuidado. ¡Imagínate el daño que eso causa! Como si fuera poco, se nota una baja importante en la llegada de canadienses, que están optando por otros destinos más tranquilos. Desde afuera, la pinta es que aquí ya nadie se puede confiar, y eso es un palo enorme para nuestra economía.
Vladimir Muñoz, el subdirector interino del OIJ, no andaba jugando con el asunto. Nos dice que los turistas son muy confiados, que creen que Costa Rica es todo paz y armonía, y ahí está el problema. Él sugiere investigar bien dónde te quedas, no irte con el primer precio barato que veas. Además, recomienda evitar esas zonas solitarias, no dejar cosas valiosas a la vista en el carro, y tener la alerta máxima después de las seis de la tarde, porque algunos lugares que parecen seguros de día, de noche cambian totalmente.
Ahora, a ver, que no todo está perdido. La reacción de la policía ante situaciones como la de Nuevo Arenal es alentadora, muestra que estamos tomando cartas en el asunto. Pero necesitamos controlar esos grupitos de maleantes que andan marcando a los turistas como ganado. Dejar que esto siga así es como entregarle la llave de nuestro futuro a unos vándalos. Necesitamos recuperar la confianza, demostrar que Costa Rica sigue siendo un lugar seguro y agradable para visitar. Porque, honestamente, ¿qué sería de nosotros sin el turismo?
Con todo esto, me pregunto: ¿Creen ustedes que el gobierno está haciendo lo suficiente para garantizar la seguridad de los turistas y restaurar la reputación de Costa Rica como destino seguro o deberíamos estar viendo medidas más drásticas para frenar esta oleada de asaltos? ¡Desempolven los teclados y cuéntenme qué piensan!
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) está encendido como lupa de farmacéutico tratando de entender cómo llegamos a este apuro. Pero la verdad es que la cosa está seria. Ya no es solo hablar del problema en redes sociales; ahora tenemos estadísticas concretas que golpean directo a la puerta de los hoteles, restaurantes y negocios que dependen del turismo. Parece que alguien nos puso hielo en el café, ¿eh?
Según los datitos de la Policía Judicial, el desmadre no está distribuido por doquier. Se concentran en puntos estratégicos donde los bichos saben que hay buen botín. San José, como siempre, sigue siendo el rey del cuento con el clásico “método del descuido”. Ahí te distraes un momentito mirando una paloma y ¡zas!, te quitan la cámara y todo. En el Pacífico Central, principalmente en Jacó, Quepos y Puntarenas, acumularon una barbaridad de expedientes –más de trescientos–, demostrando que eso de la calma tropical allá no aplica mucho últimamente.
Pero lo que realmente me hizo agarrarme la cabeza fue lo de las casas de alquiler. Resulta que esos malos listos están perfilando a los huéspedes, estudiando sus movimientos, sabiendo cuándo llegar para llevarse todo. Ese incidente en Nuevo Arenal, con gringos amarrados y balazos, pegó duro. Te da frío pensar que entraron a una casa buscando un chunche, ¡y terminaron echando humo!
Y ojo, que esto no se queda en Costa Rica. Las embajadas de Estados Unidos y Canadá ya pusieron alertas severas para sus ciudadanos, aconsejándoles andar con más cuidado. ¡Imagínate el daño que eso causa! Como si fuera poco, se nota una baja importante en la llegada de canadienses, que están optando por otros destinos más tranquilos. Desde afuera, la pinta es que aquí ya nadie se puede confiar, y eso es un palo enorme para nuestra economía.
Vladimir Muñoz, el subdirector interino del OIJ, no andaba jugando con el asunto. Nos dice que los turistas son muy confiados, que creen que Costa Rica es todo paz y armonía, y ahí está el problema. Él sugiere investigar bien dónde te quedas, no irte con el primer precio barato que veas. Además, recomienda evitar esas zonas solitarias, no dejar cosas valiosas a la vista en el carro, y tener la alerta máxima después de las seis de la tarde, porque algunos lugares que parecen seguros de día, de noche cambian totalmente.
Ahora, a ver, que no todo está perdido. La reacción de la policía ante situaciones como la de Nuevo Arenal es alentadora, muestra que estamos tomando cartas en el asunto. Pero necesitamos controlar esos grupitos de maleantes que andan marcando a los turistas como ganado. Dejar que esto siga así es como entregarle la llave de nuestro futuro a unos vándalos. Necesitamos recuperar la confianza, demostrar que Costa Rica sigue siendo un lugar seguro y agradable para visitar. Porque, honestamente, ¿qué sería de nosotros sin el turismo?
Con todo esto, me pregunto: ¿Creen ustedes que el gobierno está haciendo lo suficiente para garantizar la seguridad de los turistas y restaurar la reputación de Costa Rica como destino seguro o deberíamos estar viendo medidas más drásticas para frenar esta oleada de asaltos? ¡Desempolven los teclados y cuéntenme qué piensan!