Ay, mae, qué vaina... Aquí estamos otra vez con el tema del Hospital de Limón, una promesa que parece sacada de un sueño. Laura Fernández, en medio de la movida del TSE, volvió a jurarle a la gente que sí van a construirlo, como si fuera pan comido. Pero bueno, la realidad, como dicen por acá, siempre sale a relucir. Y en este caso, la realidad es bien dura.
Resulta que hace poquito, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) abrió la licitación para el dichoso hospital – diseño, construcción, el rollo completo. Uno pensaría que con tanto problema de salud que arrastra la región, habría contratistas tirándose encima para agarrar el brete. ¡Pero ni modo! No hubo ni una propuesta, cero ofertas, un silencio sepulcral. Imagínate la cara de los que estaban esperando ver avance el proyecto.
Ahora la CCSS tiene que declarar la licitación como ‘infructuosa’, término técnico que significa que no hay nadie interesado. Lo cual, siendo honestos, pone en evidencia la poca confianza que tienen los inversionistas en los proyectos de este gobierno. Ya sabemos cómo andan las cosas, con cambios de planes, presupuestos ajustados y demoras interminables. Que le vamos a hacer, diay… Así es esto.
Y mientras tanto, Laura Fernández sigue soltando promesas como si fueran confeti. Durante su presentación en el TSE, reafirmó su compromiso con el hospital, como si el hecho de repetirlo varias veces mágicamente hiciera que aparecieran obreros y materiales de construcción. A veces da la impresión de que vive en una burbuja, desconectada de la realidad que enfrentan los limonenses.
Para colmo, la candidata usó el debate para resaltar los supuestos logros de la administración Chaves, mencionando el Hospital de Puntarenas como ejemplo. Pero aquí viene el juguito amargo: Nogui Acosta, el exministro de Hacienda, quien hoy es candidato a diputado, criticó duramente la construcción de ese hospital. Él mismo, aquel que Fernández ahora califica como “el mejor ministro de Hacienda de la historia”, consideraba que era más urgente invertir en Ebáis que en un hospital gigante que ahora nos toca mandar gente de San José a utilizar.
Acosta, en una comparecencia ante diputados, dejó caer que la Caja construyó “el hospital más grande de Centroamérica en Puntarenas” y que ahora tenemos que pasar a buscar atención médica en lugar de fortalecer la atención básica. Un comentario certero, claro, pero que no parece haberle afectado mucho a la señora Fernández, quien lo utiliza como herramienta de campaña a pesar de sus críticas anteriores.
Es evidente que estamos ante una situación compleja, donde las promesas políticas chocan contra la cruda realidad económica. La falta de interés de las empresas constructoras refleja una crisis de confianza generalizada, agravada por la inestabilidad política y las decisiones poco acertadas tomadas en el pasado. Que le vamos a hacer, estos hospitales parecen irse al traste con tanta polémica.
Así que aquí estamos, con la incertidumbre rondando sobre el futuro del Hospital de Limón. ¿Será que finalmente logran sacar adelante este proyecto, o seguirá siendo una promesa incumplida que alimenta la frustración de los limonenses? ¿Creen ustedes que las promesas de campaña deberían estar respaldadas por estudios técnicos viables y financiamiento asegurado, o simplemente son arengas para ganarse votos?
Resulta que hace poquito, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) abrió la licitación para el dichoso hospital – diseño, construcción, el rollo completo. Uno pensaría que con tanto problema de salud que arrastra la región, habría contratistas tirándose encima para agarrar el brete. ¡Pero ni modo! No hubo ni una propuesta, cero ofertas, un silencio sepulcral. Imagínate la cara de los que estaban esperando ver avance el proyecto.
Ahora la CCSS tiene que declarar la licitación como ‘infructuosa’, término técnico que significa que no hay nadie interesado. Lo cual, siendo honestos, pone en evidencia la poca confianza que tienen los inversionistas en los proyectos de este gobierno. Ya sabemos cómo andan las cosas, con cambios de planes, presupuestos ajustados y demoras interminables. Que le vamos a hacer, diay… Así es esto.
Y mientras tanto, Laura Fernández sigue soltando promesas como si fueran confeti. Durante su presentación en el TSE, reafirmó su compromiso con el hospital, como si el hecho de repetirlo varias veces mágicamente hiciera que aparecieran obreros y materiales de construcción. A veces da la impresión de que vive en una burbuja, desconectada de la realidad que enfrentan los limonenses.
Para colmo, la candidata usó el debate para resaltar los supuestos logros de la administración Chaves, mencionando el Hospital de Puntarenas como ejemplo. Pero aquí viene el juguito amargo: Nogui Acosta, el exministro de Hacienda, quien hoy es candidato a diputado, criticó duramente la construcción de ese hospital. Él mismo, aquel que Fernández ahora califica como “el mejor ministro de Hacienda de la historia”, consideraba que era más urgente invertir en Ebáis que en un hospital gigante que ahora nos toca mandar gente de San José a utilizar.
Acosta, en una comparecencia ante diputados, dejó caer que la Caja construyó “el hospital más grande de Centroamérica en Puntarenas” y que ahora tenemos que pasar a buscar atención médica en lugar de fortalecer la atención básica. Un comentario certero, claro, pero que no parece haberle afectado mucho a la señora Fernández, quien lo utiliza como herramienta de campaña a pesar de sus críticas anteriores.
Es evidente que estamos ante una situación compleja, donde las promesas políticas chocan contra la cruda realidad económica. La falta de interés de las empresas constructoras refleja una crisis de confianza generalizada, agravada por la inestabilidad política y las decisiones poco acertadas tomadas en el pasado. Que le vamos a hacer, estos hospitales parecen irse al traste con tanta polémica.
Así que aquí estamos, con la incertidumbre rondando sobre el futuro del Hospital de Limón. ¿Será que finalmente logran sacar adelante este proyecto, o seguirá siendo una promesa incumplida que alimenta la frustración de los limonenses? ¿Creen ustedes que las promesas de campaña deberían estar respaldadas por estudios técnicos viables y financiamiento asegurado, o simplemente son arengas para ganarse votos?