¡Ay, Dios mío, qué tremenda chispa está prendiendo Guanacaste! Parece mentira cómo la 'mina de oro' del turismo en Papagayo está sacando humo a los números de empleo. Ya no basta decir que Guanacaste es pura arena y sol, ahora es el motor que está tirando del carro económico de toda la república. Los datos no mienten, ¡y ahí les van!
Según la Asociación de Concesionarios del Polo Turístico de Papagayo (Asopapagayo), estamos hablando de 5,000 empleos directos y ¡prepárense! 13,500 indirectos. Eso, mis queridos lectores, significa que miles de familias guanacastecas tienen razón para celebrar, y para darle gracias a Dios por esta bendición.
Todo esto tiene que ver con el estallido del Aeropuerto Internacional Daniel Oduber Quirós (LIR). Se convirtió en la puerta de entrada predilecta de los gringos y canadienses que buscan relajo, sol, y sobre todo, esa vibra sostenible que solo Costa Rica sabe ofrecer. Como dicen por ahí, 'el turista rico es pa’ los dos', porque deja buen dinero y hace girar la economía. Ese 27 de diciembre, el aeropuerto casi se viene abajo de tanta gente feliz buscando aventura tica. ¡Más de 900 mil pasajeros cruzaron fronteras el año pasado, diay!
Y ojo, porque esto no es solo hoteles lujosos con piscinas infinitas. ¡Se le está dando duro a todos los rincones! Desde el salonero que te prepara un carretoncito bien frío hasta el administrador de la marina, pasando por los taxistas y los guías turísticos que nos llevan a explorar nuestros volcanes y playas paradisíacas. Hasta los campesinos y pescadores están recibiendo una buena inyección económica, porque los hoteles quieren ofrecerle a sus clientes productos frescos y auténticos, ¡bien ricos!
Pero no todo color de rosa, claro. El brete ahora es el capital humano. Con tanto inversionista volviendo loco por llegar acá, necesitamos gente capacitada, bilingüe, que sepa atender al cliente con la amabilidad que nos caracteriza. Por eso, hay que echarle ganas a la educación dual y técnica en lugares como Liberia, Carrillo y Santa Cruz. Pa’ que los guanacastecos aprovechen estas oportunidades y no tengamos que traer gente de afuera, ¿me entienden?
La clave, mis amigos, es que la infraestructura –ese aeropuerto que está rugiendo– y la inversión privada –los concesionarios que apuestan por nosotros– estén caminando juntos, mano a mano. Cuando pasa eso, el beneficio se siente hasta en el último rincón del país. Un ejemplo clarito es cómo ha revitalizado la agricultura local. Antes, muchos productores luchaban por sacar adelante sus cultivos, y ahora tienen contratos firmes con los hoteles, que necesitan frutas, verduras y mariscos frescos para satisfacer a sus exigentes huéspedes.
Si me preguntan, creo que el modelo de Papagayo debería ser el mapa a seguir para otras regiones de Costa Rica. No cualquier lugar sirve, necesita tener visión, planificación, y sobre todo, el apoyo de los gobiernos central y local. Porque si no, todo se va al traste, ¡diay! Hay que trabajar con ahínco para que este boom siga creciendo y generando prosperidad para todos los ticos.
Entonces, mi gente, me pregunto… ¿cree usted que el gobierno está haciendo lo suficiente para apoyar la capacitación y el desarrollo de habilidades necesarias para aprovechar al máximo este auge turístico en Guanacaste, o deberíamos estar viendo medidas más contundentes para asegurar que los beneficios lleguen a todas las comunidades locales?
Según la Asociación de Concesionarios del Polo Turístico de Papagayo (Asopapagayo), estamos hablando de 5,000 empleos directos y ¡prepárense! 13,500 indirectos. Eso, mis queridos lectores, significa que miles de familias guanacastecas tienen razón para celebrar, y para darle gracias a Dios por esta bendición.
Todo esto tiene que ver con el estallido del Aeropuerto Internacional Daniel Oduber Quirós (LIR). Se convirtió en la puerta de entrada predilecta de los gringos y canadienses que buscan relajo, sol, y sobre todo, esa vibra sostenible que solo Costa Rica sabe ofrecer. Como dicen por ahí, 'el turista rico es pa’ los dos', porque deja buen dinero y hace girar la economía. Ese 27 de diciembre, el aeropuerto casi se viene abajo de tanta gente feliz buscando aventura tica. ¡Más de 900 mil pasajeros cruzaron fronteras el año pasado, diay!
Y ojo, porque esto no es solo hoteles lujosos con piscinas infinitas. ¡Se le está dando duro a todos los rincones! Desde el salonero que te prepara un carretoncito bien frío hasta el administrador de la marina, pasando por los taxistas y los guías turísticos que nos llevan a explorar nuestros volcanes y playas paradisíacas. Hasta los campesinos y pescadores están recibiendo una buena inyección económica, porque los hoteles quieren ofrecerle a sus clientes productos frescos y auténticos, ¡bien ricos!
Pero no todo color de rosa, claro. El brete ahora es el capital humano. Con tanto inversionista volviendo loco por llegar acá, necesitamos gente capacitada, bilingüe, que sepa atender al cliente con la amabilidad que nos caracteriza. Por eso, hay que echarle ganas a la educación dual y técnica en lugares como Liberia, Carrillo y Santa Cruz. Pa’ que los guanacastecos aprovechen estas oportunidades y no tengamos que traer gente de afuera, ¿me entienden?
La clave, mis amigos, es que la infraestructura –ese aeropuerto que está rugiendo– y la inversión privada –los concesionarios que apuestan por nosotros– estén caminando juntos, mano a mano. Cuando pasa eso, el beneficio se siente hasta en el último rincón del país. Un ejemplo clarito es cómo ha revitalizado la agricultura local. Antes, muchos productores luchaban por sacar adelante sus cultivos, y ahora tienen contratos firmes con los hoteles, que necesitan frutas, verduras y mariscos frescos para satisfacer a sus exigentes huéspedes.
Si me preguntan, creo que el modelo de Papagayo debería ser el mapa a seguir para otras regiones de Costa Rica. No cualquier lugar sirve, necesita tener visión, planificación, y sobre todo, el apoyo de los gobiernos central y local. Porque si no, todo se va al traste, ¡diay! Hay que trabajar con ahínco para que este boom siga creciendo y generando prosperidad para todos los ticos.
Entonces, mi gente, me pregunto… ¿cree usted que el gobierno está haciendo lo suficiente para apoyar la capacitación y el desarrollo de habilidades necesarias para aprovechar al máximo este auge turístico en Guanacaste, o deberíamos estar viendo medidas más contundentes para asegurar que los beneficios lleguen a todas las comunidades locales?