¡Ay, Dios mío! Aquí estamos otra vez hablando del mismo rollo: el cambio climático. Pero esta vez, la cosa va más seria, porque parece que la Pachamama nos está mandando un mensajito bien claro. Un nuevo estudio europeo dice que 2025 quedó como el tercer año más calientito desde que empezaron a tomarle el pelo a la naturaleza con estas mediciones.
El reporte, hecho por unos europeos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, no precisamente da pie a festejos. Resulta que, por primera vez en la historia moderna –y eso sí que es decir–, hemos tenido tres años seguidos, entre 2023 y 2025, donde las temperaturas globales le pasaron factura al límite de 1.5 grados Celsius, ese que habíamos puesto como meta en el Acuerdo de París para evitar que la cosa se ponga aún peor. ¡Imagínate! Ya no hablamos de futuro lejano; esto lo estamos viviendo ahora mismo.
Según los números, el año pasado tuvimos un promedio de 14.97 grados Celsius. Eso es 0.59 grados arriba de lo que estábamos acostumbrados entre 1991 y 2020. Sí, ya sé, suena a poco, pero cuando ves que 2024 casi le gana el puesto, te das cuenta que la cosa está escalando rapidísimo. ¿Y quién es el culpable? Pues esos gases de efecto invernadero que siguen acumulándose en la atmósfera gracias a nuestras acciones. Además, los océanos están calientes, como si estuvieran dando soporte al calor general. ¡Una torta!
Como si fuera poco, fenómeno de El Niño tampoco ha ayudado. Piensa que ya teníamos el planeta calientito, y él vino a echarle más leña al fuego, potenciando esas olas de calor que nos dan susto, las tormentas violentas y otros desastres que ya nos están sacudiendo el suelo. La verdad, es que es chungo ver cómo esto se vuelve la normalidad.
Aunque 2025 no superó el calor récord de 2024, los expertos dicen que la temperatura base ya anda rondando los 1.4 grados. Esto significa que, si seguimos así, podríamos pasar ese umbral de 1.5 grados de manera definitiva antes de que acabe la década, ¡más de diez años antes de lo que pensábamos! Esto sí que es romper las bolas, ¿eh?
Y ojo que esto no solo le pasa al mundo entero. Acá en Europa también lo están sintiendo a capa y alma. El continente tuvo su tercer año más calientito, con un promedio de 10.41 grados, que es más de un grado por encima de lo que suelen tener. Y pa' colmo, los últimos once años han sido los más calurosos jamás registrados ahí. ¡Se acabó la broma, mi pana!
Las regiones polares son otro cuento triste. En la Antártida alcanzaron temperaturas nunca vistas, y el Ártico tuvo su segundo año más calientito. Esto acelera el deshielo, cambia las corrientes marinas y afecta a todo el planeta, hasta nosotros acá en los trópicos. Es como una reacción en cadena que no pinta bien. Se prendió la alarma a full, y a veces parece que nadie escucha.
Pero vamos a ser claros: este es un momento crucial para reflexionar. Si bien, cada quien hace lo que puede, debemos comprometernos a bajar nuestra huella ecológica, exigir políticas públicas más ambiciosas y empezar a adaptarnos a un clima que ya está cambiando. ¿Será que llegaremos a tiempo para darle un respiro al planeta, o seguiremos viendo cómo se derrite delante de nuestros ojos? ¿Crees que las nuevas generaciones podrán revertir esta tendencia, o nos dejaremos una herencia agridulce?
El reporte, hecho por unos europeos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, no precisamente da pie a festejos. Resulta que, por primera vez en la historia moderna –y eso sí que es decir–, hemos tenido tres años seguidos, entre 2023 y 2025, donde las temperaturas globales le pasaron factura al límite de 1.5 grados Celsius, ese que habíamos puesto como meta en el Acuerdo de París para evitar que la cosa se ponga aún peor. ¡Imagínate! Ya no hablamos de futuro lejano; esto lo estamos viviendo ahora mismo.
Según los números, el año pasado tuvimos un promedio de 14.97 grados Celsius. Eso es 0.59 grados arriba de lo que estábamos acostumbrados entre 1991 y 2020. Sí, ya sé, suena a poco, pero cuando ves que 2024 casi le gana el puesto, te das cuenta que la cosa está escalando rapidísimo. ¿Y quién es el culpable? Pues esos gases de efecto invernadero que siguen acumulándose en la atmósfera gracias a nuestras acciones. Además, los océanos están calientes, como si estuvieran dando soporte al calor general. ¡Una torta!
Como si fuera poco, fenómeno de El Niño tampoco ha ayudado. Piensa que ya teníamos el planeta calientito, y él vino a echarle más leña al fuego, potenciando esas olas de calor que nos dan susto, las tormentas violentas y otros desastres que ya nos están sacudiendo el suelo. La verdad, es que es chungo ver cómo esto se vuelve la normalidad.
Aunque 2025 no superó el calor récord de 2024, los expertos dicen que la temperatura base ya anda rondando los 1.4 grados. Esto significa que, si seguimos así, podríamos pasar ese umbral de 1.5 grados de manera definitiva antes de que acabe la década, ¡más de diez años antes de lo que pensábamos! Esto sí que es romper las bolas, ¿eh?
Y ojo que esto no solo le pasa al mundo entero. Acá en Europa también lo están sintiendo a capa y alma. El continente tuvo su tercer año más calientito, con un promedio de 10.41 grados, que es más de un grado por encima de lo que suelen tener. Y pa' colmo, los últimos once años han sido los más calurosos jamás registrados ahí. ¡Se acabó la broma, mi pana!
Las regiones polares son otro cuento triste. En la Antártida alcanzaron temperaturas nunca vistas, y el Ártico tuvo su segundo año más calientito. Esto acelera el deshielo, cambia las corrientes marinas y afecta a todo el planeta, hasta nosotros acá en los trópicos. Es como una reacción en cadena que no pinta bien. Se prendió la alarma a full, y a veces parece que nadie escucha.
Pero vamos a ser claros: este es un momento crucial para reflexionar. Si bien, cada quien hace lo que puede, debemos comprometernos a bajar nuestra huella ecológica, exigir políticas públicas más ambiciosas y empezar a adaptarnos a un clima que ya está cambiando. ¿Será que llegaremos a tiempo para darle un respiro al planeta, o seguiremos viendo cómo se derrite delante de nuestros ojos? ¿Crees que las nuevas generaciones podrán revertir esta tendencia, o nos dejaremos una herencia agridulce?