¡Ey, mi gente! Aquí les va la data para que no anden corriendo a parar hasta que les toque la campana. Ya saben, cuidarse es clave, pero a veces nos olvidamos de lo básico. Resulta que hacerse unos chepecitos anuales puede salvarles la vida, ¡y nadie quiere irse al traste por eso!
Melissa Salazar, la licenciada que entiende del rollo químico-microbiológico, nos puso las pilas explicando qué exámenes deberían andar revisando dependiendo de la edad. Desde la infancia, pasando por la adolescencia y llegando a la madurez, hay unas cositas básicas que no pueden dejar pasar. Imagínenselo así: ¡es como afinar el motorcito del cuerpo para que siga funcionando a toda marcha!
Para los más chillones, los niños, los exámenes son fundamentales para estar ojo avizor con el crecimiento y pillar cualquier alteración a tiempo. Un hemograma completo, ferritina (sobre todo si andan creciendo a mil por hora), un examen de orina para ver si tienen alguna infección escondida y revisar las cacas para descartar bichitos molestos… ¡simple pero efectivo! No le tengan miedo, ¿eh?
Luego vienen los adolescentes y adultos jóvenes, que ya deben empezar a meterle más ganas al cuidado personal. Además de lo básico del hemograma, se necesitan revisar los niveles de glucosa en ayunas (para evitar sorpresas desagradables), el perfil de lípidos (colesterol y triglicéridos, pa’ que no les ataque el corazón de repente) y el examen de orina, porque nunca se sabe qué estará tramando el riñón.
Y si son mujeres jóvenes, ¡ojo con la vitamina D y la ferritina! La primera te da energía y fortalece los huesos, y la segunda refleja cuántas reservas de hierro tienes. Si andan activas sexualmente, también vale la pena hacerse las pruebas de ETS; ¡mejor prevenir que lamentar, chunches!
Cuando pasan de los treinta, es cuando la cosa se pone más seria. Ahí sí hay que ponerle empeño y hacer un control anual más exhaustivo. Además de todo lo anterior, necesitan revisar cómo les va el hígado y los riñones (con pruebas de transaminasas, bilirrubinas, urea y creatinina), la tiroides (una falla ahí puede echar a perder todo el metabolismo, ¡es como si el director de orquesta dejara de dirigir!) y, por supuesto, seguir vigilando la vitamina D y la ferritina.
Ya si llegan a los cuarenta, el panorama cambia un poco. Ahora hay que enfocarse en el riesgo cardiovascular y metabólico. Eso significa agregar al checkup anual un perfil lipídico completo (con apolipoproteínas A1 y B, que dan una idea más clara de si tienen colesterol bueno o malo), la PCR ultrasensible (para detectar inflamación crónica, que es un problema silencioso pero muy peligroso) y la homocisteína (otro factor de riesgo para males del corazón).
Así que ya saben, mi gente. No esperen a sentirse malos para empezar a cuidarse. ¡Es mejor ponerse al día ahora y disfrutar de una pura vida llena de salud y alegría! Pero dime, ¿qué tan seguido ustedes realizan estos chequeos y cuál consideran que es el más importante para mantener la salud a largo plazo? ¡Déjenme sus opiniones abajo en los comentarios, quiero saber qué piensan!
Melissa Salazar, la licenciada que entiende del rollo químico-microbiológico, nos puso las pilas explicando qué exámenes deberían andar revisando dependiendo de la edad. Desde la infancia, pasando por la adolescencia y llegando a la madurez, hay unas cositas básicas que no pueden dejar pasar. Imagínenselo así: ¡es como afinar el motorcito del cuerpo para que siga funcionando a toda marcha!
Para los más chillones, los niños, los exámenes son fundamentales para estar ojo avizor con el crecimiento y pillar cualquier alteración a tiempo. Un hemograma completo, ferritina (sobre todo si andan creciendo a mil por hora), un examen de orina para ver si tienen alguna infección escondida y revisar las cacas para descartar bichitos molestos… ¡simple pero efectivo! No le tengan miedo, ¿eh?
Luego vienen los adolescentes y adultos jóvenes, que ya deben empezar a meterle más ganas al cuidado personal. Además de lo básico del hemograma, se necesitan revisar los niveles de glucosa en ayunas (para evitar sorpresas desagradables), el perfil de lípidos (colesterol y triglicéridos, pa’ que no les ataque el corazón de repente) y el examen de orina, porque nunca se sabe qué estará tramando el riñón.
Y si son mujeres jóvenes, ¡ojo con la vitamina D y la ferritina! La primera te da energía y fortalece los huesos, y la segunda refleja cuántas reservas de hierro tienes. Si andan activas sexualmente, también vale la pena hacerse las pruebas de ETS; ¡mejor prevenir que lamentar, chunches!
Cuando pasan de los treinta, es cuando la cosa se pone más seria. Ahí sí hay que ponerle empeño y hacer un control anual más exhaustivo. Además de todo lo anterior, necesitan revisar cómo les va el hígado y los riñones (con pruebas de transaminasas, bilirrubinas, urea y creatinina), la tiroides (una falla ahí puede echar a perder todo el metabolismo, ¡es como si el director de orquesta dejara de dirigir!) y, por supuesto, seguir vigilando la vitamina D y la ferritina.
Ya si llegan a los cuarenta, el panorama cambia un poco. Ahora hay que enfocarse en el riesgo cardiovascular y metabólico. Eso significa agregar al checkup anual un perfil lipídico completo (con apolipoproteínas A1 y B, que dan una idea más clara de si tienen colesterol bueno o malo), la PCR ultrasensible (para detectar inflamación crónica, que es un problema silencioso pero muy peligroso) y la homocisteína (otro factor de riesgo para males del corazón).
Así que ya saben, mi gente. No esperen a sentirse malos para empezar a cuidarse. ¡Es mejor ponerse al día ahora y disfrutar de una pura vida llena de salud y alegría! Pero dime, ¿qué tan seguido ustedes realizan estos chequeos y cuál consideran que es el más importante para mantener la salud a largo plazo? ¡Déjenme sus opiniones abajo en los comentarios, quiero saber qué piensan!