¡Aguante! Parece que los tiempos grises se van quedando atrás, al menos eso piensan algunos empresarios nuestros. Un estudio reciente del IICE de la UCR revela que hay un buen rollo generalizado hacia el próximo año, esperando que las ventas y la producción le den un empujón. Vamos a ver qué onda con esto, porque siempre hay un ‘pero’ en estas cosas, ¿verdad?
Según el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas, casi la mitad de los dueños de negocio (el 54%, para ser exactos) tienen altas expectativas de que el primer trimestre de 2026 les traiga mejores números. Esto viene después de unos añitos bastante complicados, donde la incertidumbre ha sido la reina indiscutible. La encuesta de expectativas empresariales pintaba feo, pero ahora parece que hay luz al final del túnel, aunque dicen que no hay que cantar victoria todavía.
Gabriela González, investigadora del IICE, nos explica que “los empresarios andan con una actitud de confianza controlada, respaldada por buenas señales en cuanto a la actividad, el empleo y la ganancia potencial. Se vislumbra un comienzo de año estable, con un crecimiento constante”. Lo bueno es que, según ella, prácticamente todos los rubros ven un futuro prometedor en cuanto a ventas, excepto el sector comercial, que anda un poco desconectado, vamos. Entre el 43% y el 60% espera un aumento, mientras que solo una minoría (entre el 7% y el 9%) cree que las cosas irán cuesta abajo.”
Pero, claro, no todo es miel sobre hojuelas. No somos ingenuos, sabemos que la economía tica tiene sus propios dramas. Muchos empresarios atribuyen este optimismo a la esperanza de expandir sus negocios, aprovechando temporadas positivas y mejoras en la infraestructura. Sin embargo, también existen preocupaciones latentes. Algunos comerciantes comentaron que las temporadas festivas pasadas no fueron tan boyantes como esperaban, generando cierta inquietud sobre cómo serán los próximos meses.
Y ahí es donde entramos en las 'varas' que les quitan el sueño. Según el estudio, la baja demanda interna sigue siendo un problema importante. También les preocupa, a mucha gente, los temas operativos – digamos que a veces los trámites y regulaciones se ponen pesadísimos – y cómo los cambios en aranceles, impuestos y el tipo de cambio pueden afectar sus ganancias. ¡Uf!, una combinación potente para poner a cualquiera en aprietos, ¿no?
Aunque haya algunas nubes negras en el horizonte, muchos empresarios sí están dispuestos a apostarle al crecimiento. De hecho, el 47% estima que sus utilidades aumentarán en el próximo año. Eso da esperanzas, mándale pa’ arriba. Este ánimo se traduce en planes de inversión, contratación de personal y búsqueda de nuevas oportunidades de negocio. Se nota que hay ganas de hacerle frente a los desafíos y aprovechar las ventajas que puedan surgir.
No obstante, hay que recordar que estas son solo expectativas. La realidad puede sorprender, como bien sabemos aquí en Costa Rica. El panorama económico mundial sigue siendo incierto, y factores externos pueden influir en nuestra propia situación. Por eso, es fundamental mantener cautela y estar preparados para adaptarnos a cualquier eventualidad. Al final del día, la perseverancia y la innovación serán clave para el éxito de los emprendimientos nacionales. Aunque a veces dé un verdadero despiche tener que lidiar con tantas variables, el espíritu tico siempre encuentra la forma de salir adelante.
En fin, con todo este panorama, surge la pregunta: ¿Cree usted que el optimismo empresarial justificará realmente un crecimiento sostenible en Costa Rica durante el 2026, o estamos ante una burbuja impulsada por la esperanza? ¡Déjenos sus opiniones en el foro!
Según el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas, casi la mitad de los dueños de negocio (el 54%, para ser exactos) tienen altas expectativas de que el primer trimestre de 2026 les traiga mejores números. Esto viene después de unos añitos bastante complicados, donde la incertidumbre ha sido la reina indiscutible. La encuesta de expectativas empresariales pintaba feo, pero ahora parece que hay luz al final del túnel, aunque dicen que no hay que cantar victoria todavía.
Gabriela González, investigadora del IICE, nos explica que “los empresarios andan con una actitud de confianza controlada, respaldada por buenas señales en cuanto a la actividad, el empleo y la ganancia potencial. Se vislumbra un comienzo de año estable, con un crecimiento constante”. Lo bueno es que, según ella, prácticamente todos los rubros ven un futuro prometedor en cuanto a ventas, excepto el sector comercial, que anda un poco desconectado, vamos. Entre el 43% y el 60% espera un aumento, mientras que solo una minoría (entre el 7% y el 9%) cree que las cosas irán cuesta abajo.”
Pero, claro, no todo es miel sobre hojuelas. No somos ingenuos, sabemos que la economía tica tiene sus propios dramas. Muchos empresarios atribuyen este optimismo a la esperanza de expandir sus negocios, aprovechando temporadas positivas y mejoras en la infraestructura. Sin embargo, también existen preocupaciones latentes. Algunos comerciantes comentaron que las temporadas festivas pasadas no fueron tan boyantes como esperaban, generando cierta inquietud sobre cómo serán los próximos meses.
Y ahí es donde entramos en las 'varas' que les quitan el sueño. Según el estudio, la baja demanda interna sigue siendo un problema importante. También les preocupa, a mucha gente, los temas operativos – digamos que a veces los trámites y regulaciones se ponen pesadísimos – y cómo los cambios en aranceles, impuestos y el tipo de cambio pueden afectar sus ganancias. ¡Uf!, una combinación potente para poner a cualquiera en aprietos, ¿no?
Aunque haya algunas nubes negras en el horizonte, muchos empresarios sí están dispuestos a apostarle al crecimiento. De hecho, el 47% estima que sus utilidades aumentarán en el próximo año. Eso da esperanzas, mándale pa’ arriba. Este ánimo se traduce en planes de inversión, contratación de personal y búsqueda de nuevas oportunidades de negocio. Se nota que hay ganas de hacerle frente a los desafíos y aprovechar las ventajas que puedan surgir.
No obstante, hay que recordar que estas son solo expectativas. La realidad puede sorprender, como bien sabemos aquí en Costa Rica. El panorama económico mundial sigue siendo incierto, y factores externos pueden influir en nuestra propia situación. Por eso, es fundamental mantener cautela y estar preparados para adaptarnos a cualquier eventualidad. Al final del día, la perseverancia y la innovación serán clave para el éxito de los emprendimientos nacionales. Aunque a veces dé un verdadero despiche tener que lidiar con tantas variables, el espíritu tico siempre encuentra la forma de salir adelante.
En fin, con todo este panorama, surge la pregunta: ¿Cree usted que el optimismo empresarial justificará realmente un crecimiento sostenible en Costa Rica durante el 2026, o estamos ante una burbuja impulsada por la esperanza? ¡Déjenos sus opiniones en el foro!