Ay, Dios mío... qué torta. Otro caso que te revuelve el estómago y te hace preguntarte qué está pasando con la gente. Resulta que en Estados Unidos, una madre acaba de recibir una condena durísima por la muerte de su hija de dos años, y la cosa es que la dejó sola mientras se dedicaba a andar buscando pareja en apps de citas. ¡Qué nivel de irresponsabilidad, diay!
La jueza Sara Miller dictó culpabilidad contra Kelle Anne Brassart, una señora de 45 años, por homicidio en segundo grado y negligencia infantil. El hecho ocurrió en septiembre pasado, en una casa del condado de Stanislaus, California. Pero la verdad es que el caso prendió fuego público cuando salió el veredicto, porque uno piensa: ¿cómo puede pasar esto?
Según la Fiscalía, la pobre niña, Daniellé Pires, estuvo prácticamente abandonada a su suerte por casi cuarenta y cinco minutos. Imagínate, pura vida para brincar, explorar y la mamita ahí, encerrada en el cuarto mande’ ande’ revisando perfiles en Tinder y otras cosas así. Esto no es ni medio, chunches. A ver quién me explica cómo alguien puede poner en riesgo así la vida de un inocente.
Cuando llegaron los policías, la encontraron dentro de la pileta, todavía con agua. Movieron cielo y tierra para salvarla, la llevaron corriendo al hospital, pero ya era muy tarde. Se fue al otro lado, y con justa razón, porque nadie merece morir así. Una pérdida terrible que pudo haberse evitado si la mamá hubiera estado atenta. ¡Qué sal!
Pero eso no es todo. Al parecer, la señora estaba también bien pedregosa. En la investigación, los detectives notaron que olía a alcohol y luego confirmaron que tenía niveles altos en la sangre. Y para colmo, encontraron un montón de botellas de guaro y otros licores vacías y llenas en la casa. Parece que la fiesta la tuvo bien echada hasta que pasó la tragedia.
La defensora intentó decir que la señora tenía una lesión en la pierna y necesitaba la silla de ruedas, pero la Fiscalía sacó a relucir videos y testimonios donde se veía caminando y conduciendo sin problemas. ¡Le dieron pa’ que se callara, diay! Era obvio que quería echarle la culpa a cualquier cosa menos a su propia irresponsabilidad. Uno piensa: ¿Cómo puedes inventarle esas cosas a un jurado?
El juicio fue duro, con mucha evidencia en contra. La Fiscal Adjunta, Sara Sousa, fue clara: “Esto no fue un simple accidente. Fue una decisión consciente de no supervisar a su hija en un ambiente peligroso”. Y la verdad es que tenía toda la razón. Una piscina sin valla, una niña pequeña y una madre distraída… una receta perfecta para el desastre.
Ahora, la señora enfrenta una pena que va desde los quince años de pila hasta cadena perpetua. ¡Qué brete! Y aunque su abogado insiste en que fue un accidente y que pensaba que la niña estaba adentro de la casa, el jurado no les creo ni una palabra. Este caso nos deja pensando: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a sacrificar la seguridad de nuestros hijos por unas pocas distracciones? ¿Creemos que es aceptable revisar el teléfono mientras cuidamos a un niño pequeño? Compartan sus opiniones y experiencias en los comentarios; es hora de abrirnos los ojos y tomar conciencia de nuestra responsabilidad como padres.
La jueza Sara Miller dictó culpabilidad contra Kelle Anne Brassart, una señora de 45 años, por homicidio en segundo grado y negligencia infantil. El hecho ocurrió en septiembre pasado, en una casa del condado de Stanislaus, California. Pero la verdad es que el caso prendió fuego público cuando salió el veredicto, porque uno piensa: ¿cómo puede pasar esto?
Según la Fiscalía, la pobre niña, Daniellé Pires, estuvo prácticamente abandonada a su suerte por casi cuarenta y cinco minutos. Imagínate, pura vida para brincar, explorar y la mamita ahí, encerrada en el cuarto mande’ ande’ revisando perfiles en Tinder y otras cosas así. Esto no es ni medio, chunches. A ver quién me explica cómo alguien puede poner en riesgo así la vida de un inocente.
Cuando llegaron los policías, la encontraron dentro de la pileta, todavía con agua. Movieron cielo y tierra para salvarla, la llevaron corriendo al hospital, pero ya era muy tarde. Se fue al otro lado, y con justa razón, porque nadie merece morir así. Una pérdida terrible que pudo haberse evitado si la mamá hubiera estado atenta. ¡Qué sal!
Pero eso no es todo. Al parecer, la señora estaba también bien pedregosa. En la investigación, los detectives notaron que olía a alcohol y luego confirmaron que tenía niveles altos en la sangre. Y para colmo, encontraron un montón de botellas de guaro y otros licores vacías y llenas en la casa. Parece que la fiesta la tuvo bien echada hasta que pasó la tragedia.
La defensora intentó decir que la señora tenía una lesión en la pierna y necesitaba la silla de ruedas, pero la Fiscalía sacó a relucir videos y testimonios donde se veía caminando y conduciendo sin problemas. ¡Le dieron pa’ que se callara, diay! Era obvio que quería echarle la culpa a cualquier cosa menos a su propia irresponsabilidad. Uno piensa: ¿Cómo puedes inventarle esas cosas a un jurado?
El juicio fue duro, con mucha evidencia en contra. La Fiscal Adjunta, Sara Sousa, fue clara: “Esto no fue un simple accidente. Fue una decisión consciente de no supervisar a su hija en un ambiente peligroso”. Y la verdad es que tenía toda la razón. Una piscina sin valla, una niña pequeña y una madre distraída… una receta perfecta para el desastre.
Ahora, la señora enfrenta una pena que va desde los quince años de pila hasta cadena perpetua. ¡Qué brete! Y aunque su abogado insiste en que fue un accidente y que pensaba que la niña estaba adentro de la casa, el jurado no les creo ni una palabra. Este caso nos deja pensando: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a sacrificar la seguridad de nuestros hijos por unas pocas distracciones? ¿Creemos que es aceptable revisar el teléfono mientras cuidamos a un niño pequeño? Compartan sus opiniones y experiencias en los comentarios; es hora de abrirnos los ojos y tomar conciencia de nuestra responsabilidad como padres.