Maes, hay formas y formas de empezar el día, y la gente de los alrededores de La Merced definitivamente se llevó la peor parte hoy. Olvídense del gallo pinto o el cafecito recién chorreado; el despertador de esta madrugada fue una sinfonía de sirenas que te eriza la piel. Porque cuando uno oye ese escándalo en el corazón de Chepe, sabe que la vara es seria. Y diay, sí que lo fue. Un incendio se desató en un local comercial justo detrás de la Escuela Argentina, armando un despiche de los buenos que puso a correr a medio mundo.
La noticia, así en seco, dice que se quemaron 100 metros cuadrados. A simple vista uno podría pensar que no fue para tanto, pero mae, hay que poner la vara en perspectiva. El chunche donde fue el incendio es una estructura de dos pisos y 3500 metros cuadrados. O sea, 100 metros es un bocado considerable y, más importante aún, es el brete, el sueño y la inversión de alguien que se fueron al traste en cuestión de minutos. El reporte oficial menciona un despliegue masivo: cinco unidades extintoras, un tanquero, dos ambulancias por si las moscas y hasta unidades de respiración. Cuando los Bomberos se dejan venir con todo así, es porque el riesgo de que el fuego se volviera un monstruo incontrolable era altísimo.
Pensemos un toquecito en la zona. La Merced no es cualquier barrio. Es el puro centro, una arteria vital de San José llena de comercios, sodas, tiendas y un gentío que va y viene todo el santo día. Un incendio ahí, en plena madrugada, es una bomba de tiempo. ¡Qué sal! Por dicha ocurrió a una hora donde no había gente transitando, porque si no, estaríamos hablando de una tragedia de otras dimensiones. Imagínense el susto de los vecinos, despertarse con el olor a humo y ver las llamas devorando el local de al lado. Es el tipo de cosa que uno solo ve en las noticias, hasta que le toca a uno vivirlo y se le quita el sueño por semanas.
Ahora, entre toda la torta que significa un incendio, hay que quitarse el sombrero ante los Bomberos. En serio, mis respetos para esa gente. Llegaron rapidísimo y se fajaron para que las llamas no se pasaran a los edificios de a la par. Su eficiencia es, probablemente, la única razón por la que hoy estamos hablando de 100 metros cuadrados y no de media manzana hecha cenizas. La mejor noticia dentro de todo el caos es que, según los reportes preliminares, no hubo heridos. Al final del día, los chereques se reponen, el cemento se vuelve a levantar, pero una vida no tiene precio. Esa es la única luz en medio de tanto humo.
Pero esto deja una pregunta en el aire, una de esas que incomodan. El edificio era una estructura grande y, como muchas en el centro de San José, probablemente con sus añitos encima. Ahora vendrá la investigación para ver qué causó el fuego, si fue un corto circuito o alguna otra vara. Y aquí es donde les tiro la bola a ustedes, maes: ¿No sienten que cada vez se oyen más casos de incendios en locales viejos en el GAM? ¿Será que nos estamos durmiendo en los laureles con la revisión de las instalaciones eléctricas o es simplemente una racha de mala suerte? ¿Qué creen ustedes que falla?
La noticia, así en seco, dice que se quemaron 100 metros cuadrados. A simple vista uno podría pensar que no fue para tanto, pero mae, hay que poner la vara en perspectiva. El chunche donde fue el incendio es una estructura de dos pisos y 3500 metros cuadrados. O sea, 100 metros es un bocado considerable y, más importante aún, es el brete, el sueño y la inversión de alguien que se fueron al traste en cuestión de minutos. El reporte oficial menciona un despliegue masivo: cinco unidades extintoras, un tanquero, dos ambulancias por si las moscas y hasta unidades de respiración. Cuando los Bomberos se dejan venir con todo así, es porque el riesgo de que el fuego se volviera un monstruo incontrolable era altísimo.
Pensemos un toquecito en la zona. La Merced no es cualquier barrio. Es el puro centro, una arteria vital de San José llena de comercios, sodas, tiendas y un gentío que va y viene todo el santo día. Un incendio ahí, en plena madrugada, es una bomba de tiempo. ¡Qué sal! Por dicha ocurrió a una hora donde no había gente transitando, porque si no, estaríamos hablando de una tragedia de otras dimensiones. Imagínense el susto de los vecinos, despertarse con el olor a humo y ver las llamas devorando el local de al lado. Es el tipo de cosa que uno solo ve en las noticias, hasta que le toca a uno vivirlo y se le quita el sueño por semanas.
Ahora, entre toda la torta que significa un incendio, hay que quitarse el sombrero ante los Bomberos. En serio, mis respetos para esa gente. Llegaron rapidísimo y se fajaron para que las llamas no se pasaran a los edificios de a la par. Su eficiencia es, probablemente, la única razón por la que hoy estamos hablando de 100 metros cuadrados y no de media manzana hecha cenizas. La mejor noticia dentro de todo el caos es que, según los reportes preliminares, no hubo heridos. Al final del día, los chereques se reponen, el cemento se vuelve a levantar, pero una vida no tiene precio. Esa es la única luz en medio de tanto humo.
Pero esto deja una pregunta en el aire, una de esas que incomodan. El edificio era una estructura grande y, como muchas en el centro de San José, probablemente con sus añitos encima. Ahora vendrá la investigación para ver qué causó el fuego, si fue un corto circuito o alguna otra vara. Y aquí es donde les tiro la bola a ustedes, maes: ¿No sienten que cada vez se oyen más casos de incendios en locales viejos en el GAM? ¿Será que nos estamos durmiendo en los laureles con la revisión de las instalaciones eléctricas o es simplemente una racha de mala suerte? ¿Qué creen ustedes que falla?