Maes, cuando uno piensa que las varas en el sistema penitenciario no se pueden poner más complicadas, pasa algo como esto. Resulta que la cárcel de San Sebastián, o San Sebas para los compas, acaba de entrar en una especie de cuarentena improvisada. El Ministerio de Justicia y Paz pegó el grito al cielo y anunció que se suspenden todas, pero TODAS las visitas hasta nuevo aviso. ¿La razón? Un brote de varicela que se les está saliendo de las manos. ¡Qué torta! Esto no es solo un problemita de salud, es un despiche logístico y emocional para cientos de familias.
La directriz viene directamente de Adaptación Social, que básicamente siguió la recomendación más lógica del mundo de las autoridades de salud: si hay un virus súper contagioso regándose como pólvora, lo último que uno quiere es abrirle las puertas a más gente para que se lo lleve de recuerdito a la casa. Nadie en el ministerio quiere jalarse la torta de ser el responsable de que el brote se convierta en una epidemia comunitaria. La medida, aunque abrupta, tiene sentido desde un punto de vista sanitario. Están tratando de ponerle un tapón a la fuga antes de que inunde todo, aplicando el protocolo para todas las modalidades de visita sin excepción.
Ahora, pongámonos del otro lado. Diay, imagínense la escena: usted lleva días, quizás semanas, esperando el momento de la visita. Tiene todo listo, tal vez hasta pidió un día libre en el brete o coordinó con el resto de la familia para ir a ver a un ser querido. Y de un pronto a otro, ¡pum! Le dicen que todo se cancela. ¡Qué sal! No hay nada que hacer, los planes se fueron al traste y ahora toca esperar a que la emergencia pase. Es una frustración enorme para los familiares, que dependen de ese contacto para mantener el vínculo y dar apoyo emocional, y ni qué decir para los privados de libertad, para quienes la visita es a menudo el único cable a tierra con el mundo exterior.
Pero seamos honestos, este brote de varicela es más un síntoma que la enfermedad en sí. ¿A alguien le sorprende que un virus así se propague a la velocidad de la luz en un lugar como San Sebastián? Hablemos de la vara como es: el hacinamiento en nuestras cárceles es una bomba de tiempo sanitaria. Son espacios donde la distancia personal es un lujo inexistente y las condiciones de higiene, por más esfuerzos que se hagan, nunca van a ser las ideales. Meter a un montón de gente en un espacio reducido es la receta perfecta para que cualquier bicho, desde una simple gripe hasta la varicela, cause estragos. Esto de hoy es varicela, ¿mañana qué será?
Al final, esta suspensión de visitas en San Sebas es una medida de contención necesaria, un parche para una herida mucho más profunda. Soluciona el problema inmediato de evitar más contagios, pero deja en evidencia, una vez más, la fragilidad de nuestro sistema carcelario. Es un recordatorio de que las crisis en las prisiones no se quedan tras los muros; tienen un impacto directo en la salud pública y en el tejido social. La pregunta que queda en el aire es si, una vez que se controle la última ampolla de varicela, alguien se acordará de atacar la raíz del problema.
En fin, ¿qué opinan ustedes, maes? ¿Creen que esto es solo mala suerte y una medida sanitaria de rutina, o es la prueba definitiva de que el hacinamiento en las cárceles ya es un problema de salud pública que nos va a reventar en la cara tarde o temprano? ¡Los leo!
La directriz viene directamente de Adaptación Social, que básicamente siguió la recomendación más lógica del mundo de las autoridades de salud: si hay un virus súper contagioso regándose como pólvora, lo último que uno quiere es abrirle las puertas a más gente para que se lo lleve de recuerdito a la casa. Nadie en el ministerio quiere jalarse la torta de ser el responsable de que el brote se convierta en una epidemia comunitaria. La medida, aunque abrupta, tiene sentido desde un punto de vista sanitario. Están tratando de ponerle un tapón a la fuga antes de que inunde todo, aplicando el protocolo para todas las modalidades de visita sin excepción.
Ahora, pongámonos del otro lado. Diay, imagínense la escena: usted lleva días, quizás semanas, esperando el momento de la visita. Tiene todo listo, tal vez hasta pidió un día libre en el brete o coordinó con el resto de la familia para ir a ver a un ser querido. Y de un pronto a otro, ¡pum! Le dicen que todo se cancela. ¡Qué sal! No hay nada que hacer, los planes se fueron al traste y ahora toca esperar a que la emergencia pase. Es una frustración enorme para los familiares, que dependen de ese contacto para mantener el vínculo y dar apoyo emocional, y ni qué decir para los privados de libertad, para quienes la visita es a menudo el único cable a tierra con el mundo exterior.
Pero seamos honestos, este brote de varicela es más un síntoma que la enfermedad en sí. ¿A alguien le sorprende que un virus así se propague a la velocidad de la luz en un lugar como San Sebastián? Hablemos de la vara como es: el hacinamiento en nuestras cárceles es una bomba de tiempo sanitaria. Son espacios donde la distancia personal es un lujo inexistente y las condiciones de higiene, por más esfuerzos que se hagan, nunca van a ser las ideales. Meter a un montón de gente en un espacio reducido es la receta perfecta para que cualquier bicho, desde una simple gripe hasta la varicela, cause estragos. Esto de hoy es varicela, ¿mañana qué será?
Al final, esta suspensión de visitas en San Sebas es una medida de contención necesaria, un parche para una herida mucho más profunda. Soluciona el problema inmediato de evitar más contagios, pero deja en evidencia, una vez más, la fragilidad de nuestro sistema carcelario. Es un recordatorio de que las crisis en las prisiones no se quedan tras los muros; tienen un impacto directo en la salud pública y en el tejido social. La pregunta que queda en el aire es si, una vez que se controle la última ampolla de varicela, alguien se acordará de atacar la raíz del problema.
En fin, ¿qué opinan ustedes, maes? ¿Creen que esto es solo mala suerte y una medida sanitaria de rutina, o es la prueba definitiva de que el hacinamiento en las cárceles ya es un problema de salud pública que nos va a reventar en la cara tarde o temprano? ¡Los leo!