Maes, a veces uno lee noticias de la Asamblea Legislativa y no sabe si reír o llorar. Esta semana, nos tocó la segunda. Resulta que en la Comisión de Gobierno y Administración, un grupito de diputados decidió que era buena idea mandar al archivo un proyecto de ley que, diay, buscaba ponerle un poquito de orden a la fiesta del lobby y al descaro de las famosas "puertas giratorias". Hablamos del expediente 24.111, una vara que la diputada Sofía Guillén, del Frente Amplio, venía empujando como un proyecto anticorrupción en toda regla. Pero bueno, parece que a algunos no les cuadró la idea de más transparencia. ¡Qué despiche!
Para que entiendan el nivel de la torta que se jalaron: este proyecto buscaba atacar un problema que hasta la OCDE nos ha señalado. La vara de las "puertas giratorias" es súper sencilla de entender y, al mismo tiempo, súper peligrosa. Imagínense esto: el gerente de una empresa privada, que conoce todos los trucos y portillos de su sector, de un día para otro es nombrado ministro o superintendente para regular... ¡exacto!, el mismo sector de donde viene. O al revés, un ministro que pasa años tomando decisiones clave, renuncia y al día siguiente aparece con un puestazo millonario en una de las empresas que antes regulaba. Suena a conflicto de interés por donde se le vea, ¿verdad? Bueno, esta ley quería ponerle un freno a eso con "periodos de enfriamiento", básicamente un "tiempo fuera" para que no se den esos saltos tan convenientes.
La decisión de archivar el proyecto no fue unánime, que conste. Pero los votos de Carolina Delgado (PLN), junto a Waldo Agüero y Paola Nájera del oficialismo, fueron suficientes para mandarlo a dormir el sueño de los justos. Según Sofía Guillén, las excusas para hundirlo "daban vergüenza". Pero como la mae no se queda quieta, ya volvió a presentar el proyecto, ahora con el número de expediente 25.170. Su esperanza, y la de muchos, es que la próxima camada de diputados que llegue en 2026 "tenga más sabiduría, más sensatez y más ética". Una apuesta a futuro, porque con la legislatura actual terminando en ocho meses, esta iniciativa ya se fue al traste por ahora.
Y, ¿qué era lo tan "polémico" que proponía este chunche? Pura lógica, en realidad. Primero, obligar a los meros meros (ministros, diputados, alcaldes, magistrados) a publicar sus agendas. O sea, que todos sepamos con quién se reúnen y de qué hablan. Transparencia básica, mae. Segundo, crear un registro público de "lobbistas", para que las empresas y las personas que se dedican a influir en las decisiones públicas tengan que dar la cara y decir "aquí estoy y a esto me dedico". Y tercero, los ya mencionados periodos de enfriamiento para altos cargos. Nada del otro mundo, son prácticas recomendadas internacionalmente para fortalecer la confianza de la gente en sus instituciones.
La diputada independiente Johana Obando, quien sí apoyó el proyecto, lo dijo clarito: "Con estos proyectos es que se lucha contra la corrupción, no es hablada, no es de la boca para afuera, es con hechos reales". Y tiene toda la razón. Al final, lo que queda es una sensación amarga, la de una oportunidad perdida para hacer las cosas un poquito mejor. El proyecto no está muerto del todo, pero está en coma inducido, esperando a que llegue un nuevo grupo de políticos con, ojalá, un compromiso más real contra la corrupción. La pregunta del millón queda en el aire para todos nosotros en este foro: ¿Ustedes creen que es pura ingenuidad de Sofía Guillén esperar que la próxima legislatura "tenga más ética", o de verdad hay chance de que una ley así vea la luz en este país?
Para que entiendan el nivel de la torta que se jalaron: este proyecto buscaba atacar un problema que hasta la OCDE nos ha señalado. La vara de las "puertas giratorias" es súper sencilla de entender y, al mismo tiempo, súper peligrosa. Imagínense esto: el gerente de una empresa privada, que conoce todos los trucos y portillos de su sector, de un día para otro es nombrado ministro o superintendente para regular... ¡exacto!, el mismo sector de donde viene. O al revés, un ministro que pasa años tomando decisiones clave, renuncia y al día siguiente aparece con un puestazo millonario en una de las empresas que antes regulaba. Suena a conflicto de interés por donde se le vea, ¿verdad? Bueno, esta ley quería ponerle un freno a eso con "periodos de enfriamiento", básicamente un "tiempo fuera" para que no se den esos saltos tan convenientes.
La decisión de archivar el proyecto no fue unánime, que conste. Pero los votos de Carolina Delgado (PLN), junto a Waldo Agüero y Paola Nájera del oficialismo, fueron suficientes para mandarlo a dormir el sueño de los justos. Según Sofía Guillén, las excusas para hundirlo "daban vergüenza". Pero como la mae no se queda quieta, ya volvió a presentar el proyecto, ahora con el número de expediente 25.170. Su esperanza, y la de muchos, es que la próxima camada de diputados que llegue en 2026 "tenga más sabiduría, más sensatez y más ética". Una apuesta a futuro, porque con la legislatura actual terminando en ocho meses, esta iniciativa ya se fue al traste por ahora.
Y, ¿qué era lo tan "polémico" que proponía este chunche? Pura lógica, en realidad. Primero, obligar a los meros meros (ministros, diputados, alcaldes, magistrados) a publicar sus agendas. O sea, que todos sepamos con quién se reúnen y de qué hablan. Transparencia básica, mae. Segundo, crear un registro público de "lobbistas", para que las empresas y las personas que se dedican a influir en las decisiones públicas tengan que dar la cara y decir "aquí estoy y a esto me dedico". Y tercero, los ya mencionados periodos de enfriamiento para altos cargos. Nada del otro mundo, son prácticas recomendadas internacionalmente para fortalecer la confianza de la gente en sus instituciones.
La diputada independiente Johana Obando, quien sí apoyó el proyecto, lo dijo clarito: "Con estos proyectos es que se lucha contra la corrupción, no es hablada, no es de la boca para afuera, es con hechos reales". Y tiene toda la razón. Al final, lo que queda es una sensación amarga, la de una oportunidad perdida para hacer las cosas un poquito mejor. El proyecto no está muerto del todo, pero está en coma inducido, esperando a que llegue un nuevo grupo de políticos con, ojalá, un compromiso más real contra la corrupción. La pregunta del millón queda en el aire para todos nosotros en este foro: ¿Ustedes creen que es pura ingenuidad de Sofía Guillén esperar que la próxima legislatura "tenga más ética", o de verdad hay chance de que una ley así vea la luz en este país?