Seamos honestos. Si su mamá, su tata o su abuela no le gritaron “¡Siéntese derecho, carajillo!” al menos un par de veces al día, diay, ¿tuvo infancia? Crecimos con esa idea tatuada en el cerebro: hombros para atrás, espalda como una regla y la mirada al frente, casi en pose de foto para el pasaporte. La vara es que, según la ciencia más reciente, ese consejo tan bien intencionado podría ser el origen de más de un dolor de espalda. Resulta que por años nos hemos estado jalando una torta monumental al pensar que la rigidez es sinónimo de salud.
El que soltó la bomba fue un mae llamado Dr. Xand van Tulleken, un médico y presentador de la BBC que, básicamente, vino a decirnos que todo lo que creíamos saber sobre la postura está más desactualizado que usar un beeper. El concepto es simple pero revolucionario: la postura no es estática, es dinámica. Lo peor que uno puede hacer es quedarse inmóvil en una sola posición por horas, ya sea tieso en la silla del brete, desparramado en el sofá viendo Netflix o, el clásico de nuestra generación, encorvado como un signo de pregunta revisando el celular. El cuerpo humano no está diseñado para ser una estatua.
Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Comprarnos esas sillas carísimas que parecen sacadas de una nave espacial o usar esos chunches ortopédicos que nos amarran como un tamal? Negativo. Según el Dr. Xand, la clave es mucho más barata y accesible: moverse. Y aquí es donde el doctor se pone en modo pro y suelta la verdad que nos libera: la mejor silla del mundo no sirve de nada si usted pasa ocho horas pegado a ella. ¡Qué nivel de simpleza, no? La recomendación es levantarse, estirar los brazos por encima de la jupa, mover el cuello de lado a lado... Pequeños “resets” durante el día que le recuerdan a los músculos que todavía existen. Esos aparatos que prometen la postura perfecta a veces hacen lo contrario: te fuerzan a una posición tan rígida que limitan el movimiento, que es justo lo que necesitamos.
El segundo y tercer punto van de la mano y son, para mí, la parte más tuanis de todo este asunto: fortalecer el cuerpo y cambiar el chip. La vara no es estar tieso como un poste, sino tener músculos fuertes (especialmente en el “core”) que sostengan el cuerpo sin esfuerzo. No hace falta matarse en el gimnasio; ejercicios como yoga o pilates son ideales para esto. Pero el verdadero jaque mate al dolor de espalda es entender la conexión con nuestra mente. El estrés, mae, el estrés. El despiche de la entrega final, la presión del jefe o la ansiedad por un examen se traducen directamente en tensión física. Los hombros se nos caen no solo por la silla, sino por el peso de las responsabilidades.
Al final, la lección es que cuidar la espalda es una vara integral. Sí, una buena silla ayuda, pero es más importante crear el hábito de moverse. Sí, los estiramientos son clave, pero también lo es bajarle dos rayitas al estrés y analizar cómo nos sentimos en nuestro día a día. Se trata de escuchar al cuerpo en lugar de forzarlo a una posición “perfecta” que de perfecta no tiene nada. Ojo, si el dolor ya es crónico o la vara se pone fea, no se haga el valiente y mejor saque cita con el doc. Pero para el resto de nosotros, mortales de oficina y U, la solución parece estar en dejar de pelearnos con nuestro cuerpo y empezar a movernos más con él.
Y ustedes, ¿qué? ¿Son del team “tieso como una tabla” o ya aplican la de moverse a cada rato? ¿Algún otro truco que les haya salvado la espalda en el brete?
El que soltó la bomba fue un mae llamado Dr. Xand van Tulleken, un médico y presentador de la BBC que, básicamente, vino a decirnos que todo lo que creíamos saber sobre la postura está más desactualizado que usar un beeper. El concepto es simple pero revolucionario: la postura no es estática, es dinámica. Lo peor que uno puede hacer es quedarse inmóvil en una sola posición por horas, ya sea tieso en la silla del brete, desparramado en el sofá viendo Netflix o, el clásico de nuestra generación, encorvado como un signo de pregunta revisando el celular. El cuerpo humano no está diseñado para ser una estatua.
Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Comprarnos esas sillas carísimas que parecen sacadas de una nave espacial o usar esos chunches ortopédicos que nos amarran como un tamal? Negativo. Según el Dr. Xand, la clave es mucho más barata y accesible: moverse. Y aquí es donde el doctor se pone en modo pro y suelta la verdad que nos libera: la mejor silla del mundo no sirve de nada si usted pasa ocho horas pegado a ella. ¡Qué nivel de simpleza, no? La recomendación es levantarse, estirar los brazos por encima de la jupa, mover el cuello de lado a lado... Pequeños “resets” durante el día que le recuerdan a los músculos que todavía existen. Esos aparatos que prometen la postura perfecta a veces hacen lo contrario: te fuerzan a una posición tan rígida que limitan el movimiento, que es justo lo que necesitamos.
El segundo y tercer punto van de la mano y son, para mí, la parte más tuanis de todo este asunto: fortalecer el cuerpo y cambiar el chip. La vara no es estar tieso como un poste, sino tener músculos fuertes (especialmente en el “core”) que sostengan el cuerpo sin esfuerzo. No hace falta matarse en el gimnasio; ejercicios como yoga o pilates son ideales para esto. Pero el verdadero jaque mate al dolor de espalda es entender la conexión con nuestra mente. El estrés, mae, el estrés. El despiche de la entrega final, la presión del jefe o la ansiedad por un examen se traducen directamente en tensión física. Los hombros se nos caen no solo por la silla, sino por el peso de las responsabilidades.
Al final, la lección es que cuidar la espalda es una vara integral. Sí, una buena silla ayuda, pero es más importante crear el hábito de moverse. Sí, los estiramientos son clave, pero también lo es bajarle dos rayitas al estrés y analizar cómo nos sentimos en nuestro día a día. Se trata de escuchar al cuerpo en lugar de forzarlo a una posición “perfecta” que de perfecta no tiene nada. Ojo, si el dolor ya es crónico o la vara se pone fea, no se haga el valiente y mejor saque cita con el doc. Pero para el resto de nosotros, mortales de oficina y U, la solución parece estar en dejar de pelearnos con nuestro cuerpo y empezar a movernos más con él.
Y ustedes, ¿qué? ¿Son del team “tieso como una tabla” o ya aplican la de moverse a cada rato? ¿Algún otro truco que les haya salvado la espalda en el brete?