Bueno, gente, se acabó la fiesta (o el negocio, según se vea) para los que movían buena harina por Sinpe Móvil usando un simple mensajito de texto. Agárrense porque el Banco Central acaba de anunciar que ahora el límite máximo por día para este tipo de transferencias será de ¢100 mil. Sí, leyeron bien, cien mil pesos. Se nos fue la posibilidad de pasar hasta medio millón de un solo tiro por SMS como permitían algunos bancos. ¡Qué torta que tuviéramos que llegar a este punto!, pero parece que la cantidad de estafas ya era insostenible y tuvieron que meter mano dura de una vez por todas.
Ahora, antes de que saquen las antorchas, vamos al meollo del asunto. La vara con los SMS, según explica el Central, es que son un coladero. Son el canal preferido de los delincuentes para vaciarle las cuentas a la gente porque no tienen los mismos filtros de seguridad que la aplicación del banco. Diay, piénsenlo un toque: es mucho más fácil engañar a alguien para que reenvíe un código por mensaje que lograr que instale una app maliciosa o entregue sus credenciales completas. El argumento es que, al bajar el monto a 100 rojitos, el daño potencial de una estafa por este medio se reduce un montón. Antes, si uno se descuidaba, le podían bajar hasta ¢500 mil. ¡Imagínense el despiche de perder medio millón por un mensajillo!
Y es que no estamos hablando de tres gatos usando el servicio, para nada. El mismo Banco Central suelta la cifra: solo en el primer semestre de este año se hicieron 359 millones de transferencias por Sinpe Móvil. ¡Trescientos cincuenta y nueve millones! Eso es un 20% más que el año pasado. O sea, la plataforma es un éxito rotundo, todos la usamos para pagar desde el pan hasta el alquiler. El problema es que, donde hay plata y facilidad, siempre van a aparecer los bichos a ver qué pescan. El crecimiento explosivo del sistema también fue un imán para los estafadores, y era obvio que en algún momento se iba a necesitar una regulación más seria.
Aquí es donde, como dicen, la puerca tuerce el rabo. Por un lado, es un alivio. A nadie le gusta la idea de que le limpien la cuenta, y que el Banco Central se preocupe por la seguridad del sistema es, en principio, una buena noticia. Pero por otro lado, mae, esto es un clásico "pagan justos por pecadores". ¿Qué pasa con la gente que sí usaba el sistema de forma legítima para montos más altos? Pienso en el compa que le pagaba el alquiler a otro por SMS para no complicarse, o el que compraba un chunche de ¢200 mil y ahora va a tener que hacerlo en dos pagos, en dos días distintos. Se cambia conveniencia por seguridad, y esa es una balanza que siempre genera debate.
Al final, la medida ya está en consulta pública y parece que va sí o sí. Nos tocará acostumbrarnos a usar la app del banco para cualquier transferencia que supere los ¢100 mil. Es un paso extra, un toque más de burocracia en un sistema que amamos precisamente por su simplicidad. Así que, diay, maes, la pregunta del millón es: ¿Están de acuerdo? ¿Es una medida de seguridad necesaria y aplaudible o el Banco Central se jaló una torta y nos está complicando el brete y la vida por culpa de unos cuantos vivos? ¿O es que ya era hora de que le pusieran un candado más fuerte a esa puerta? ¡Los leo en los comentarios!
Ahora, antes de que saquen las antorchas, vamos al meollo del asunto. La vara con los SMS, según explica el Central, es que son un coladero. Son el canal preferido de los delincuentes para vaciarle las cuentas a la gente porque no tienen los mismos filtros de seguridad que la aplicación del banco. Diay, piénsenlo un toque: es mucho más fácil engañar a alguien para que reenvíe un código por mensaje que lograr que instale una app maliciosa o entregue sus credenciales completas. El argumento es que, al bajar el monto a 100 rojitos, el daño potencial de una estafa por este medio se reduce un montón. Antes, si uno se descuidaba, le podían bajar hasta ¢500 mil. ¡Imagínense el despiche de perder medio millón por un mensajillo!
Y es que no estamos hablando de tres gatos usando el servicio, para nada. El mismo Banco Central suelta la cifra: solo en el primer semestre de este año se hicieron 359 millones de transferencias por Sinpe Móvil. ¡Trescientos cincuenta y nueve millones! Eso es un 20% más que el año pasado. O sea, la plataforma es un éxito rotundo, todos la usamos para pagar desde el pan hasta el alquiler. El problema es que, donde hay plata y facilidad, siempre van a aparecer los bichos a ver qué pescan. El crecimiento explosivo del sistema también fue un imán para los estafadores, y era obvio que en algún momento se iba a necesitar una regulación más seria.
Aquí es donde, como dicen, la puerca tuerce el rabo. Por un lado, es un alivio. A nadie le gusta la idea de que le limpien la cuenta, y que el Banco Central se preocupe por la seguridad del sistema es, en principio, una buena noticia. Pero por otro lado, mae, esto es un clásico "pagan justos por pecadores". ¿Qué pasa con la gente que sí usaba el sistema de forma legítima para montos más altos? Pienso en el compa que le pagaba el alquiler a otro por SMS para no complicarse, o el que compraba un chunche de ¢200 mil y ahora va a tener que hacerlo en dos pagos, en dos días distintos. Se cambia conveniencia por seguridad, y esa es una balanza que siempre genera debate.
Al final, la medida ya está en consulta pública y parece que va sí o sí. Nos tocará acostumbrarnos a usar la app del banco para cualquier transferencia que supere los ¢100 mil. Es un paso extra, un toque más de burocracia en un sistema que amamos precisamente por su simplicidad. Así que, diay, maes, la pregunta del millón es: ¿Están de acuerdo? ¿Es una medida de seguridad necesaria y aplaudible o el Banco Central se jaló una torta y nos está complicando el brete y la vida por culpa de unos cuantos vivos? ¿O es que ya era hora de que le pusieran un candado más fuerte a esa puerta? ¡Los leo en los comentarios!