¡Ay, Dios mío! Esto sí que es una vara bien saladita. La Cruz Roja tuvo que suspender la búsqueda de Don Ricardo Vargas, el señor que desapareció mientras se daba un chapuzón en la laguna de Río Cuarto el jueves pasado. Ya van casi dos días desde que ocurrió esto, y la familia anda destrozada, imagínate.
Todo empezó, según nos cuentan los vecinos, cuando Don Ricardo, un jubilado de unos 70 años, decidió refrescarse un poco en la laguna, que ya saben, siempre ha sido un lugar popular para echarse unas risas y quitarse el calor. Pero parece que las corrientes ahí adentro son más fuertes de lo que parecen, porque de repente, ¡pum!, nadie lo volvió a ver salir. La corriente lo arrastró, dicen algunos, aunque todavía no hay certeza absoluta.
Desde entonces, se movilizó toda la maquinaria de rescate: Cruz Roja, Bomberos, policía… Un brete completo. Equipos de buceo exploraron el fondo de la laguna día y noche, rastrillaron las orillas, buscaron cualquier señal, pero nada. Las condiciones climáticas tampoco ayudaron mucho, con neblina y lluvia intermitente dificultando la visibilidad. Parecía que el agua se tragó a Don Ricardo.
Las labores de búsqueda se intensificaron durante la tarde del jueves, con voluntarios y familiares esperando ansiosamente en la ribera. Se escuchaban sollozos, rezos y frases de esperanza que se iban apagando con el paso de las horas. Se habilitó un centro de atención para la familia y amigos, ofreciéndoles apoyo psicológico y asistencia necesaria para afrontar esta difícil situación. El ambiente era pesado, cargado de angustia y desesperanza.
Pero ahora, tras más de 36 horas de búsqueda ininterrumpida, la Cruz Roja tomó la difícil decisión de suspenderla temporalmente. Anuncian que volverán a intentarlo a primera hora de este viernes, con la esperanza de encontrar a Don Ricardo sano y salvo, aunque la posibilidad es cada vez menor. Según me comentaron fuentes internas, la profundidad de la laguna y la densa vegetación dificultan enormemente las tareas de rescate, y las corrientes pueden haberlo llevado lejos de la zona inicial.
Este lamentable caso ocurre en medio de una serie de incidentes similares en las últimas semanas. Recordemos la tragedia en San Mateo, donde una niña de 12 años falleció ahogada, y el rescate de una señora en Esparza. Parece que necesitamos ponerle más gallos a la seguridad en estos lugares, che. Que los niños no anden correteando solos cerca del agua, que haya letreros claros advirtiendo de los peligros, que la gente conozca sus límites. ¡Qué carga!
Además, este suceso revive el debate sobre la necesidad de mejorar la infraestructura y el mantenimiento de las lagunas y ríos de nuestro país. Muchas veces, estos espacios públicos se encuentran descuidados, sin señalización adecuada ni medidas de seguridad básicas. Es urgente que las autoridades tomen cartas en el asunto y prioricen la seguridad de nuestros ciudadanos. No podemos seguir perdiendo vidas inocentes por negligencia.
Ahora, y con el corazón en la mano por la familia de Don Ricardo, me pregunto: ¿Qué medidas concretas creen ustedes que deberían tomarse para prevenir tragedias como esta en nuestras comunidades, y cómo podríamos crear espacios acuáticos más seguros para todos?
Todo empezó, según nos cuentan los vecinos, cuando Don Ricardo, un jubilado de unos 70 años, decidió refrescarse un poco en la laguna, que ya saben, siempre ha sido un lugar popular para echarse unas risas y quitarse el calor. Pero parece que las corrientes ahí adentro son más fuertes de lo que parecen, porque de repente, ¡pum!, nadie lo volvió a ver salir. La corriente lo arrastró, dicen algunos, aunque todavía no hay certeza absoluta.
Desde entonces, se movilizó toda la maquinaria de rescate: Cruz Roja, Bomberos, policía… Un brete completo. Equipos de buceo exploraron el fondo de la laguna día y noche, rastrillaron las orillas, buscaron cualquier señal, pero nada. Las condiciones climáticas tampoco ayudaron mucho, con neblina y lluvia intermitente dificultando la visibilidad. Parecía que el agua se tragó a Don Ricardo.
Las labores de búsqueda se intensificaron durante la tarde del jueves, con voluntarios y familiares esperando ansiosamente en la ribera. Se escuchaban sollozos, rezos y frases de esperanza que se iban apagando con el paso de las horas. Se habilitó un centro de atención para la familia y amigos, ofreciéndoles apoyo psicológico y asistencia necesaria para afrontar esta difícil situación. El ambiente era pesado, cargado de angustia y desesperanza.
Pero ahora, tras más de 36 horas de búsqueda ininterrumpida, la Cruz Roja tomó la difícil decisión de suspenderla temporalmente. Anuncian que volverán a intentarlo a primera hora de este viernes, con la esperanza de encontrar a Don Ricardo sano y salvo, aunque la posibilidad es cada vez menor. Según me comentaron fuentes internas, la profundidad de la laguna y la densa vegetación dificultan enormemente las tareas de rescate, y las corrientes pueden haberlo llevado lejos de la zona inicial.
Este lamentable caso ocurre en medio de una serie de incidentes similares en las últimas semanas. Recordemos la tragedia en San Mateo, donde una niña de 12 años falleció ahogada, y el rescate de una señora en Esparza. Parece que necesitamos ponerle más gallos a la seguridad en estos lugares, che. Que los niños no anden correteando solos cerca del agua, que haya letreros claros advirtiendo de los peligros, que la gente conozca sus límites. ¡Qué carga!
Además, este suceso revive el debate sobre la necesidad de mejorar la infraestructura y el mantenimiento de las lagunas y ríos de nuestro país. Muchas veces, estos espacios públicos se encuentran descuidados, sin señalización adecuada ni medidas de seguridad básicas. Es urgente que las autoridades tomen cartas en el asunto y prioricen la seguridad de nuestros ciudadanos. No podemos seguir perdiendo vidas inocentes por negligencia.
Ahora, y con el corazón en la mano por la familia de Don Ricardo, me pregunto: ¿Qué medidas concretas creen ustedes que deberían tomarse para prevenir tragedias como esta en nuestras comunidades, y cómo podríamos crear espacios acuáticos más seguros para todos?