Gente, a veces las noticias más agüevadas traen un giro que uno no se espera. Imagínense la escena: están en Playa Bandera, allá por Parrita, y de la nada se topan con un bichote de cinco metros tirado en la arena. No, no era una ballena más del montón. Era una falsa orca, una hembra adulta, y su triste final acaba de abrir una puerta increíble para los científicos de aquí, una que llevaban décadas esperando.
La vara es que, según los que saben, como la doctora Hellen Porras de Senasa, toparse con un animal de estos y encima tan ‘fresco’ es como pegarse la lotería científica. Mae, piénsenlo: en los últimos 20 años, solo se había reportado un caso parecido. Por lo general, cuando los encuentran, ya llevan días de descomposición y todo se va al traste. Pero esta vez, el cuerpo estaba en tan buenas condiciones que permitió hacer algo nunca antes visto en Costa Rica: la primera necropsia oficial y completa a una falsa orca. ¡Qué nivel de oportunidad!
Y para este brete se armó un equipo de lujo. Estaban los del Sinac, la gente de Senasa, la organización Kids Saving the Rainforest y hasta veterinarios de la zona que se apuntaron a ayudar con semejante animalón. Fue un despiche bien coordinado, donde lograron sacar muestras de absolutamente todo: sangre, cada uno de los órganos, grasa y hasta los parásitos que andaba la doña. La doctora Porras estaba emocionadísima, porque con un cuerpo en este estado, el diagnóstico de la causa de muerte va a ser súper preciso. ¡Qué carga poder tener acceso a información tan pura!
Pero, diay, ¿por qué tanto alboroto por una autopsia? Pues porque estas falsas orcas son, como quien dice, los ‘canarios en la mina’ del océano. Son lo que los científicos llaman ‘centinelas’, indicadores biológicos. Lo que les pasa a ellas es un chismecito directo de cómo está la salud de nuestros mares. Si tenía algún contaminante tóxico, una enfermedad nueva o si le afectó algo que estamos haciendo los humanos, esta necropsia nos lo va a cantar todo. Es una ventana directa a un ecosistema que casi siempre vemos solo por encimita.
Por ahora, el cuerpo ya fue enterrado bien profundo para evitar cualquier bronca sanitaria, pero la lección para todos nosotros es clarísima. La próxima vez que vean un animalote así en la playa, por más impresionante que sea, ¡no se manden! No intenten devolverlo al agua, no lo toquen y ni se les ocurra sacarse el selfie. Como dice la doc, si un bicho de estos llega a la orilla, es porque algo serio le pasa. Lo correcto es llamar al 911, al Sinac o a Senasa y dejar que los que saben hagan su trabajo. En un mes más o menos tendremos los resultados que nos dirán qué mató a esta gigante. ¿Ustedes qué creen que encuentren? ¿Alguna teoría sobre lo que está pasando en nuestro Pacífico?
La vara es que, según los que saben, como la doctora Hellen Porras de Senasa, toparse con un animal de estos y encima tan ‘fresco’ es como pegarse la lotería científica. Mae, piénsenlo: en los últimos 20 años, solo se había reportado un caso parecido. Por lo general, cuando los encuentran, ya llevan días de descomposición y todo se va al traste. Pero esta vez, el cuerpo estaba en tan buenas condiciones que permitió hacer algo nunca antes visto en Costa Rica: la primera necropsia oficial y completa a una falsa orca. ¡Qué nivel de oportunidad!
Y para este brete se armó un equipo de lujo. Estaban los del Sinac, la gente de Senasa, la organización Kids Saving the Rainforest y hasta veterinarios de la zona que se apuntaron a ayudar con semejante animalón. Fue un despiche bien coordinado, donde lograron sacar muestras de absolutamente todo: sangre, cada uno de los órganos, grasa y hasta los parásitos que andaba la doña. La doctora Porras estaba emocionadísima, porque con un cuerpo en este estado, el diagnóstico de la causa de muerte va a ser súper preciso. ¡Qué carga poder tener acceso a información tan pura!
Pero, diay, ¿por qué tanto alboroto por una autopsia? Pues porque estas falsas orcas son, como quien dice, los ‘canarios en la mina’ del océano. Son lo que los científicos llaman ‘centinelas’, indicadores biológicos. Lo que les pasa a ellas es un chismecito directo de cómo está la salud de nuestros mares. Si tenía algún contaminante tóxico, una enfermedad nueva o si le afectó algo que estamos haciendo los humanos, esta necropsia nos lo va a cantar todo. Es una ventana directa a un ecosistema que casi siempre vemos solo por encimita.
Por ahora, el cuerpo ya fue enterrado bien profundo para evitar cualquier bronca sanitaria, pero la lección para todos nosotros es clarísima. La próxima vez que vean un animalote así en la playa, por más impresionante que sea, ¡no se manden! No intenten devolverlo al agua, no lo toquen y ni se les ocurra sacarse el selfie. Como dice la doc, si un bicho de estos llega a la orilla, es porque algo serio le pasa. Lo correcto es llamar al 911, al Sinac o a Senasa y dejar que los que saben hagan su trabajo. En un mes más o menos tendremos los resultados que nos dirán qué mató a esta gigante. ¿Ustedes qué creen que encuentren? ¿Alguna teoría sobre lo que está pasando en nuestro Pacífico?