La incertidumbre pesa como una torta en Puerto Jiménez. Mañana se cumple una semana desde que Ashley Rojas, una jovencita de apenas 16 años, desapareció en las aguas del Pacífico sur tras el vuelco de un bote. La comunidad entera está pegada a la búsqueda, rezando para que aparezca sana y salva, pero la realidad es dura y los días pasan con una angustia que te cala hasta los huesos.
Todo comenzó el martes 6 de enero, una tarde cualquiera que se tornó pesadilla. Un bote con seis personas a bordo – Ashley, su mamá, su hermano de 14 años, su abuelita, una tía y un primito de cinco añitos – sufrió un vuelco inesperado en Los Mogos. Todos terminaron en el agua, luchando por sobrevivir y agarrándose a cualquier cosa que les diera una oportunidad de regresar a tierra firme. Imagínate el susto, el miedo… un brete para esos pobres señores.
Según cuentan los familiares, el hermano de Ashley fue el primero en alcanzar un manglar cercano, y desde ahí, con valentía, alentaba a los demás a no rendirse. Pero Ashley, pobrecita, empezó a debilitarse en mitad del camino. Según relatan, gritaba que ya no tenía fuerzas, que sus piernas no respondían, y finalmente se sumergió bajo el agua. Ver eso, musta tener sido horrible, un golpe durísimo para toda la familia.
En medio del caos, la abuela de Ashley, con un esfuerzo titánico, pudo mandar un mensaje de audio desesperado a otro familiar, rogando por ayuda mientras el bote se hundía. Ese mensaje, lleno de temor, puso a la comunidad entera en alerta máxima, movilizando recursos y voluntarios para iniciar la búsqueda.
Desde entonces, equipos de rescate, incluyendo Cruz Roja y operadores turísticos de la zona, han peinado incansablemente la costa y el mar, utilizando lanchas, drones e incluso buzos. Han sido días agotadores, con pocas pistas y un clima impredecible que complica aún más las cosas. La familia, apoyada por el alcalde de Puerto Jiménez, ha insistido en mantener el operativo activo, logrando extender la búsqueda gracias al combustible proporcionado por las autoridades locales. ¡Menos mal que alguien entendió la urgencia!
Andreína Rosales, familiar cercana de Ashley, nos contó que la búsqueda se prolongará al menos quince días más. “La vamos a buscar con uñas y dientes”, aseguró con determinación. Pero también expresó su preocupación por los recursos limitados. Reconoció que el apoyo de la comunidad y de las autoridades ha sido crucial para continuar, pero admitió que la situación es delicada y que necesitan cada vez más ayuda. Es una vara difícil, un peso enorme sobre sus hombros.
Si bien las esperanzas van flaqueando, la familia se aferra a la posibilidad de reencontrar a Ashley. Han organizado vigilias, colectas y campañas de concientización para mantener viva la llama de la esperanza y pedirle a Dios que la traiga de vuelta sana y salva. Y es que todos sabemos que en Costa Rica, más allá de la tecnología y los recursos, la fe y la solidaridad son armas poderosísimas.
La historia de Ashley nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de valorar cada momento. Nos hace reflexionar sobre la seguridad en nuestras actividades acuáticas y la necesidad de estar preparados ante situaciones de riesgo. Ahora bien, considerando la complejidad logística de la búsqueda y la incertidumbre que rodea el caso, ¿cree usted que las autoridades deberían ampliar aún más los esfuerzos de búsqueda, o debería enfocarse en brindar apoyo psicológico a la familia y amigos de Ashley?
Todo comenzó el martes 6 de enero, una tarde cualquiera que se tornó pesadilla. Un bote con seis personas a bordo – Ashley, su mamá, su hermano de 14 años, su abuelita, una tía y un primito de cinco añitos – sufrió un vuelco inesperado en Los Mogos. Todos terminaron en el agua, luchando por sobrevivir y agarrándose a cualquier cosa que les diera una oportunidad de regresar a tierra firme. Imagínate el susto, el miedo… un brete para esos pobres señores.
Según cuentan los familiares, el hermano de Ashley fue el primero en alcanzar un manglar cercano, y desde ahí, con valentía, alentaba a los demás a no rendirse. Pero Ashley, pobrecita, empezó a debilitarse en mitad del camino. Según relatan, gritaba que ya no tenía fuerzas, que sus piernas no respondían, y finalmente se sumergió bajo el agua. Ver eso, musta tener sido horrible, un golpe durísimo para toda la familia.
En medio del caos, la abuela de Ashley, con un esfuerzo titánico, pudo mandar un mensaje de audio desesperado a otro familiar, rogando por ayuda mientras el bote se hundía. Ese mensaje, lleno de temor, puso a la comunidad entera en alerta máxima, movilizando recursos y voluntarios para iniciar la búsqueda.
Desde entonces, equipos de rescate, incluyendo Cruz Roja y operadores turísticos de la zona, han peinado incansablemente la costa y el mar, utilizando lanchas, drones e incluso buzos. Han sido días agotadores, con pocas pistas y un clima impredecible que complica aún más las cosas. La familia, apoyada por el alcalde de Puerto Jiménez, ha insistido en mantener el operativo activo, logrando extender la búsqueda gracias al combustible proporcionado por las autoridades locales. ¡Menos mal que alguien entendió la urgencia!
Andreína Rosales, familiar cercana de Ashley, nos contó que la búsqueda se prolongará al menos quince días más. “La vamos a buscar con uñas y dientes”, aseguró con determinación. Pero también expresó su preocupación por los recursos limitados. Reconoció que el apoyo de la comunidad y de las autoridades ha sido crucial para continuar, pero admitió que la situación es delicada y que necesitan cada vez más ayuda. Es una vara difícil, un peso enorme sobre sus hombros.
Si bien las esperanzas van flaqueando, la familia se aferra a la posibilidad de reencontrar a Ashley. Han organizado vigilias, colectas y campañas de concientización para mantener viva la llama de la esperanza y pedirle a Dios que la traiga de vuelta sana y salva. Y es que todos sabemos que en Costa Rica, más allá de la tecnología y los recursos, la fe y la solidaridad son armas poderosísimas.
La historia de Ashley nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de valorar cada momento. Nos hace reflexionar sobre la seguridad en nuestras actividades acuáticas y la necesidad de estar preparados ante situaciones de riesgo. Ahora bien, considerando la complejidad logística de la búsqueda y la incertidumbre que rodea el caso, ¿cree usted que las autoridades deberían ampliar aún más los esfuerzos de búsqueda, o debería enfocarse en brindar apoyo psicológico a la familia y amigos de Ashley?