¡Ay, Dios mío, qué bronca! En tan solo once diitas de este año nuevo, Costa Rica amaneció con unos números que dan escalofríos: 26 homicidios. Sí, leíste bien, veintiséis. Y eso que apenas estamos entrando en el brete, parece que la cosa va a ir cuesta arriba, mae.
Según el OIJ, la situación pinta fea. Puntarenas y Cartago encabezan la lista negra, con nueve y siete crímenes confirmados, respectivamente. Esto nos recuerda que la seguridad pública no es un juego, y que hay muchísima vara por mejorar. Algo nos anda fallando, ¿no?
Pero esperen, hay más. El finde pasado se registraron doce asesinatos, incluyendo dos doble homicidios que dejaron a todos boquiabiertos en Coto Brus y Cartago. Imagínate el dolor de esas familias… ¡qué sal!
Y no es solo eso, los demás asesinatos ocurrieron en lugares donde creíamos que estábamos seguros: Alajuelita y Tibás. Parece que el peligro acecha en cualquier esquina, y eso nos hace sentir incómodos, a decir verdad. Claramente, esto no es una tendencia positiva, y necesitamos actuar rápido.
Muchos se preguntan si esto tiene que ver con el cambio de gobierno que se avecina, o si simplemente estamos pagando por años de negligencia en temas de seguridad. Lo cierto es que las causas son complejas, y no existe una solución mágica, chunche. Hay que analizar las raíces del problema: pobreza, desigualdad, falta de oportunidades…
Expertos aseguran que la falta de recursos en el OIJ y la policía también contribuyen a esta espiral de violencia. Necesitamos más agentes capacitados, mejores equipos e inteligencia para poder combatir el crimen de manera efectiva. Porque así, con la manga corta, vamos a seguir viendo cómo la cosa se pone peor.
Por otro lado, algunos políticos están aprovechando la coyuntura para buscar réditos electorales, sembrando miedo y división entre la población. ¡Qué torta! En lugar de ofrecer soluciones reales, prefieren jugar con las emociones de la gente. Tenemos que estar atentos a esos personajes que solo buscan su propio beneficio, porque la seguridad de nuestro país no es un negocio.
Entonces, ¿hacia dónde vamos? ¿Cómo podemos frenar esta ola de violencia que amenaza nuestra tranquilidad? ¿Será que debemos recurrir a medidas más drásticas, como aumentar la presencia policial en las calles o endurecer las penas para los criminales? Yo creo que la conversación tiene que empezar ahora mismo, porque esto ya se puso serio. ¿Ustedes qué opinan, compas? ¿Creen que el gobierno actual está haciendo lo suficiente para garantizar nuestra seguridad?
Según el OIJ, la situación pinta fea. Puntarenas y Cartago encabezan la lista negra, con nueve y siete crímenes confirmados, respectivamente. Esto nos recuerda que la seguridad pública no es un juego, y que hay muchísima vara por mejorar. Algo nos anda fallando, ¿no?
Pero esperen, hay más. El finde pasado se registraron doce asesinatos, incluyendo dos doble homicidios que dejaron a todos boquiabiertos en Coto Brus y Cartago. Imagínate el dolor de esas familias… ¡qué sal!
Y no es solo eso, los demás asesinatos ocurrieron en lugares donde creíamos que estábamos seguros: Alajuelita y Tibás. Parece que el peligro acecha en cualquier esquina, y eso nos hace sentir incómodos, a decir verdad. Claramente, esto no es una tendencia positiva, y necesitamos actuar rápido.
Muchos se preguntan si esto tiene que ver con el cambio de gobierno que se avecina, o si simplemente estamos pagando por años de negligencia en temas de seguridad. Lo cierto es que las causas son complejas, y no existe una solución mágica, chunche. Hay que analizar las raíces del problema: pobreza, desigualdad, falta de oportunidades…
Expertos aseguran que la falta de recursos en el OIJ y la policía también contribuyen a esta espiral de violencia. Necesitamos más agentes capacitados, mejores equipos e inteligencia para poder combatir el crimen de manera efectiva. Porque así, con la manga corta, vamos a seguir viendo cómo la cosa se pone peor.
Por otro lado, algunos políticos están aprovechando la coyuntura para buscar réditos electorales, sembrando miedo y división entre la población. ¡Qué torta! En lugar de ofrecer soluciones reales, prefieren jugar con las emociones de la gente. Tenemos que estar atentos a esos personajes que solo buscan su propio beneficio, porque la seguridad de nuestro país no es un negocio.
Entonces, ¿hacia dónde vamos? ¿Cómo podemos frenar esta ola de violencia que amenaza nuestra tranquilidad? ¿Será que debemos recurrir a medidas más drásticas, como aumentar la presencia policial en las calles o endurecer las penas para los criminales? Yo creo que la conversación tiene que empezar ahora mismo, porque esto ya se puso serio. ¿Ustedes qué opinan, compas? ¿Creen que el gobierno actual está haciendo lo suficiente para garantizar nuestra seguridad?