¡Ay, Dios mío! Qué brisa floja nos cayó encima. Un crucero gigante, el Rotterdam de Holland America Line, llegó a Limón hace unos días y ahora resulta que andaban con un brote de diarrea y vómito a bordo. Más de tres mil quinientos pasajeros, imagínate la bronca si te agarraba el mal ahí adentro, varados en alta mar. Parece que no todo es sol, playa y piña colada en estos barcos, chunches.
Esta mole flotante, que viene de hacer paradas en Curazao, Colombia, Jamaica, Panamá y finalmente, acá en Costa Rica, llegó a nuestras costas el 5 de enero temprano y se fue a las cuatro de la tarde. Japdeva confirmó la visita, así que no es cuento, maes. Lo que sí es un poco penoso es pensar que un brote así pasa casi desapercibido, esperando a que alguien de afuera –en este caso, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC)– dé el aviso.
Según los CDC, el desmadre se reportó el 8 de enero. La compañía naviera, pa’ evitar más problemas, puso a los 81 pasajeros y 8 tripulantes afectados en cuarentena, aumentaron la limpieza y tomaron muestras… como si fuera un brete, pero bueno, es lo que hay. De paso, mencionan que ya habían tenido problemas similares en otro viaje, con gente sintiéndose chungo por el norovirus, ese bicho que te revuelca el estómago como si estuvieras en una licuadora. ¿Será que estas compañías no aprenden?
El norovirus, pa' los que no saben, es una verdadera torta. Te da náuseas, vómito, diarrea, dolor de panza… un cóctel explosivo que te deja tirado en la cama. Dicen que es muy contagioso, así que entiendo porque pusieron a la gente en aislamiento, pero me pregunto qué medidas de prevención están tomando realmente para evitar que esto siga pasando. No es la primera vez que escuchamos historias así en cruceros que visitan Costa Rica, ¡qué sal!
Recordemos el caso del Serenade of the Seas de Royal Caribbean, que también tuvo un brote similar el año pasado mientras hacía una parada en Puntarenas. El Ministerio de Salud, allá por septiembre, dijo que encontraron diez casos de gastroenteritis y que todos estaban bien, bajo observación. Pero eso no le quita lo feo al panorama. ¿Por qué tenemos que estar siempre reaccionando después de que ocurre el problema?
Y ni hablar del Navigator of the Seas, que enfermó a más de ciento cuarenta pasajeros y tripulantes en julio. Parece que esto se ha vuelto una costumbre, un patrón recurrente. Me preocupa que Costa Rica esté siendo utilizada como un lugar donde pueden pasar estas cosas sin mayores consecuencias, aprovechándose de nuestra relativa laxitud en cuanto a control sanitario. ¡Qué descuido! Uno esperaría mayor supervisión, especialmente considerando el impacto económico que tienen estos cruceros en nuestras comunidades costeras. ¿Estamos vendiendo barato nuestra tranquilidad?
Deberíamos exigirle a estas empresas estándares más altos de higiene y seguridad, y que cumplan con regulaciones estrictas para proteger la salud de sus pasajeros y de las personas que vivimos aquí. Además, creo que el gobierno debería invertir más recursos en fortalecer los controles sanitarios en los puertos, capacitando al personal y equipándolos con las herramientas necesarias para detectar y prevenir brotes como este. No podemos seguir dejando que la industria turística se lleve provecho a costa de nuestra salud.
Ahora me pregunto, maes: ¿cree usted que Costa Rica está tomando las medidas necesarias para protegerse de estos brotes en cruceros y otros puntos turísticos, o estamos simplemente esperando a que ocurra otra tragedia para actuar? Déjenme saber su opinión en los comentarios, ¡quiero escucharla!
Esta mole flotante, que viene de hacer paradas en Curazao, Colombia, Jamaica, Panamá y finalmente, acá en Costa Rica, llegó a nuestras costas el 5 de enero temprano y se fue a las cuatro de la tarde. Japdeva confirmó la visita, así que no es cuento, maes. Lo que sí es un poco penoso es pensar que un brote así pasa casi desapercibido, esperando a que alguien de afuera –en este caso, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC)– dé el aviso.
Según los CDC, el desmadre se reportó el 8 de enero. La compañía naviera, pa’ evitar más problemas, puso a los 81 pasajeros y 8 tripulantes afectados en cuarentena, aumentaron la limpieza y tomaron muestras… como si fuera un brete, pero bueno, es lo que hay. De paso, mencionan que ya habían tenido problemas similares en otro viaje, con gente sintiéndose chungo por el norovirus, ese bicho que te revuelca el estómago como si estuvieras en una licuadora. ¿Será que estas compañías no aprenden?
El norovirus, pa' los que no saben, es una verdadera torta. Te da náuseas, vómito, diarrea, dolor de panza… un cóctel explosivo que te deja tirado en la cama. Dicen que es muy contagioso, así que entiendo porque pusieron a la gente en aislamiento, pero me pregunto qué medidas de prevención están tomando realmente para evitar que esto siga pasando. No es la primera vez que escuchamos historias así en cruceros que visitan Costa Rica, ¡qué sal!
Recordemos el caso del Serenade of the Seas de Royal Caribbean, que también tuvo un brote similar el año pasado mientras hacía una parada en Puntarenas. El Ministerio de Salud, allá por septiembre, dijo que encontraron diez casos de gastroenteritis y que todos estaban bien, bajo observación. Pero eso no le quita lo feo al panorama. ¿Por qué tenemos que estar siempre reaccionando después de que ocurre el problema?
Y ni hablar del Navigator of the Seas, que enfermó a más de ciento cuarenta pasajeros y tripulantes en julio. Parece que esto se ha vuelto una costumbre, un patrón recurrente. Me preocupa que Costa Rica esté siendo utilizada como un lugar donde pueden pasar estas cosas sin mayores consecuencias, aprovechándose de nuestra relativa laxitud en cuanto a control sanitario. ¡Qué descuido! Uno esperaría mayor supervisión, especialmente considerando el impacto económico que tienen estos cruceros en nuestras comunidades costeras. ¿Estamos vendiendo barato nuestra tranquilidad?
Deberíamos exigirle a estas empresas estándares más altos de higiene y seguridad, y que cumplan con regulaciones estrictas para proteger la salud de sus pasajeros y de las personas que vivimos aquí. Además, creo que el gobierno debería invertir más recursos en fortalecer los controles sanitarios en los puertos, capacitando al personal y equipándolos con las herramientas necesarias para detectar y prevenir brotes como este. No podemos seguir dejando que la industria turística se lleve provecho a costa de nuestra salud.
Ahora me pregunto, maes: ¿cree usted que Costa Rica está tomando las medidas necesarias para protegerse de estos brotes en cruceros y otros puntos turísticos, o estamos simplemente esperando a que ocurra otra tragedia para actuar? Déjenme saber su opinión en los comentarios, ¡quiero escucharla!