¡Ay, Dios mío, qué bronca! El debate de OPA echó chispas anoche, mi clave. Los candidatos a la presidencia, Ariel Robles (Frente Amplio) y Fabricio Alvarado (Nueva República), se agarraron de puro palo hablando de programas de afectividad y sexualidad, y vaya que se encendieron las ánimos. Parece que las cosas andan calientes en la campaña presidencial, diay.
Como saben, el debate, organizado por el canal OPA, tuvo un formato diferente: debates a duplas. Ocho aspirantes presidenciales, divididos en cuatro parejas, con temas libres para discutir. Ya se imaginan, con tantas posturas distintas, la cosa se puso interesante rápido. Robles sacó a relucir el tema de los programas de afectividad, argumentando que son esenciales para empoderar a las víctimas de abuso y violencia sexual, y Alvarado no se quedó callado, alegando que esos programas promueven la promiscuidad e ideologías de género. ¡Una vara!
Alvarado soltó la bomba de la “tarjeta roja”, acusando a Robles de promover, supuestamente, ideas que contribuyen a la permisividad ante el abuso sexual, y luego, sin filtro alguno, remató diciendo que él debería renunciar por un caso de presunta violación sexual. ¡Qué agüey! Robles, sin perder la calma (más o menos), le devolvió la bala recordándole el caso de abuso sexual del que se le acusa y cuestionando la credibilidad de alguien en esa situación ocupando un puesto público. Menos mal que no hubo quejas de la policía de tránsito, porque la cosa se puso tensa.
Pero la polémica no terminó ahí. Robles también le sacó punta al tema de Crucitas, recordando los compromisos de responsabilidad ambiental y arremetiendo contra el posible impacto negativo de la minería a cielo abierto en la imagen internacional de Costa Rica. Señaló que la imagen de nuestro país es más valiosa que cualquier ganancia económica a corto plazo, y que la minería a cielo abierto podría ahuyentar al turismo, que es vital para nuestra economía. Él te dice: ¡Piénselo bien, Chunche!
Por otro lado, Alvarado se enfocó en las denuncias de robo de oro hacia Nicaragua, insinuando posibles vínculos con el gobierno nicaragüense, un señalamiento bastante serio que añade otra capa de complejidad al panorama político actual. Esa vara pinta turbia, mi clave, especialmente teniendo en cuenta la tensión existente entre ambos países. Uno se queda pensando qué estará pasando realmente detrás de cámaras.
Y ni hablar de los otros debates. Álvaro Ramos (PLN) no perdonó a Claudia Dobles (Agenda Ciudadana) por haber traído a Rodrigo Chaves al gabinete, calificándolo de un error monumental, mientras que Dobles lo catalogó como un mentiroso y destructor de instituciones. Natalia Díaz (Unidos Podemos) y Eliécer Feinzaig (PLP) tuvieron un choque de argumentos sobre la labor legislativa de este último, con Díaz acusándolo de limitarse a criticar sin ofrecer soluciones constructivas. Fue un duelo de arengas, diay, pura palabrería.
Incluso Juan Carlos Hidalgo (PUSC) y José Aguilar (Avanza) encontraron puntos de fricción en torno al proceso de vacunación contra el COVID-19, con Hidalgo exigiendo rigor científico y Aguilar abogando por un acuerdo nacional amplio. Vaya, parece que en ninguno de los debates hubo demasiados abrazos y besos, sino más bien debate intenso y, a veces, bastante agresivo, como esperando darle una patada inicial a la nueva administración.
En fin, este debate dejó muchas preguntas flotando en el aire y seguramente polarizó aún más a la opinión pública. Con tanto ataque personal y tan pocas propuestas concretas, ¿creen ustedes que los ciudadanos tendremos suficiente información para tomar una decisión informada el día de las elecciones? ¿Les parece que el foco se puso demasiado en los ataques personales y poco en las propuestas reales que podrían transformar el país?
Como saben, el debate, organizado por el canal OPA, tuvo un formato diferente: debates a duplas. Ocho aspirantes presidenciales, divididos en cuatro parejas, con temas libres para discutir. Ya se imaginan, con tantas posturas distintas, la cosa se puso interesante rápido. Robles sacó a relucir el tema de los programas de afectividad, argumentando que son esenciales para empoderar a las víctimas de abuso y violencia sexual, y Alvarado no se quedó callado, alegando que esos programas promueven la promiscuidad e ideologías de género. ¡Una vara!
Alvarado soltó la bomba de la “tarjeta roja”, acusando a Robles de promover, supuestamente, ideas que contribuyen a la permisividad ante el abuso sexual, y luego, sin filtro alguno, remató diciendo que él debería renunciar por un caso de presunta violación sexual. ¡Qué agüey! Robles, sin perder la calma (más o menos), le devolvió la bala recordándole el caso de abuso sexual del que se le acusa y cuestionando la credibilidad de alguien en esa situación ocupando un puesto público. Menos mal que no hubo quejas de la policía de tránsito, porque la cosa se puso tensa.
Pero la polémica no terminó ahí. Robles también le sacó punta al tema de Crucitas, recordando los compromisos de responsabilidad ambiental y arremetiendo contra el posible impacto negativo de la minería a cielo abierto en la imagen internacional de Costa Rica. Señaló que la imagen de nuestro país es más valiosa que cualquier ganancia económica a corto plazo, y que la minería a cielo abierto podría ahuyentar al turismo, que es vital para nuestra economía. Él te dice: ¡Piénselo bien, Chunche!
Por otro lado, Alvarado se enfocó en las denuncias de robo de oro hacia Nicaragua, insinuando posibles vínculos con el gobierno nicaragüense, un señalamiento bastante serio que añade otra capa de complejidad al panorama político actual. Esa vara pinta turbia, mi clave, especialmente teniendo en cuenta la tensión existente entre ambos países. Uno se queda pensando qué estará pasando realmente detrás de cámaras.
Y ni hablar de los otros debates. Álvaro Ramos (PLN) no perdonó a Claudia Dobles (Agenda Ciudadana) por haber traído a Rodrigo Chaves al gabinete, calificándolo de un error monumental, mientras que Dobles lo catalogó como un mentiroso y destructor de instituciones. Natalia Díaz (Unidos Podemos) y Eliécer Feinzaig (PLP) tuvieron un choque de argumentos sobre la labor legislativa de este último, con Díaz acusándolo de limitarse a criticar sin ofrecer soluciones constructivas. Fue un duelo de arengas, diay, pura palabrería.
Incluso Juan Carlos Hidalgo (PUSC) y José Aguilar (Avanza) encontraron puntos de fricción en torno al proceso de vacunación contra el COVID-19, con Hidalgo exigiendo rigor científico y Aguilar abogando por un acuerdo nacional amplio. Vaya, parece que en ninguno de los debates hubo demasiados abrazos y besos, sino más bien debate intenso y, a veces, bastante agresivo, como esperando darle una patada inicial a la nueva administración.
En fin, este debate dejó muchas preguntas flotando en el aire y seguramente polarizó aún más a la opinión pública. Con tanto ataque personal y tan pocas propuestas concretas, ¿creen ustedes que los ciudadanos tendremos suficiente información para tomar una decisión informada el día de las elecciones? ¿Les parece que el foco se puso demasiado en los ataques personales y poco en las propuestas reales que podrían transformar el país?