Maes, agarrense de lo que puedan porque la noticia que soltó la Contraloría General de la República (CGR) es para sentarse a llorar (o a reírse, de los nervios). Resulta que los estados financieros del Gobierno al cierre del 2024 son un despiche total. No es una exageración mía, es la conclusión técnica de la gente que se dedica a revisar las cuentas de este país. La CGR sacó un informe que, en tico simple, dice que los números que nos ha estado dando el Ministerio de Hacienda están más perdidos que el chiquito de la Llorona. Estamos hablando de errores, omisiones y diferencias de millones de millones de colones. ¡Qué torta!
El punto que seguro le va a hervir la sangre a más de uno es la vara con la Caja. Según la auditoría, la deuda REAL del Estado con la CCSS es de ₡3,2 billones (sí, con B de bestialidad) MÁS de lo que Hacienda tenía apuntado en sus libritos. Mae, para ponerlo en perspectiva, eso no es que se les olvidó apuntar el vuelto del casado. Es una cantidad de plata absurda que simplemente no estaba registrada correctamente. Mientras tanto, uno ve las filas en los hospitales y las listas de espera. Con razón todo se siente tan cuesta arriba si quienes administran la plata se jalan una torta de este calibre. Esto ya no es un error de dedo, es un error de cuerpo entero.
Pero esperen, que el circo sigue. El informe de la Contraloría también advierte que al Estado se le "perdieron" activos. ¿Cómo qué? Diay, cosas pequeñas, sin importancia... como 3.554 terrenos de escuelas y colegios, y unas 23 carreteras. ¡CARRETERAS! Uno aquí, cuidando el chuzo para que no se lo roben en un descuido, y al Gobierno se le extravían carreteras enteras del inventario oficial. Uno se pregunta si un día de estos vamos manejando por una de esas calles "fantasma" sin saberlo. Esta falta de registro y control sobre los bienes del país es, sinceramente, una irresponsabilidad que asusta.
Y para ponerle la cereza a este pastel de desorden, la auditoría encontró duplicidades por casi ₡5,8 billones. ¿Qué significa eso? Que por la falta de un sistema ordenado, estaban contando plata dos veces al registrar transacciones entre las mismas instituciones públicas. Es el equivalente a que usted se pague a sí mismo de una cuenta a otra y crea que tiene el doble de plata. Para que vean que no soy yo el que está bateando, la mismísima gerente de Fiscalización de la Contraloría, Julissa Sáenz Leiva, lo dijo clarito: la contabilidad pública es “incapaz de ofrecer información confiable”. En otras palabras, las cuentas del Gobierno no son de fiar.
Al final, esta vara va más allá de un simple informe técnico. Lo que esto revela es un desorden administrativo monumental que pone en jaque la credibilidad de la gestión financiera del país. Si no podemos confiar en los números más básicos que presenta el Gobierno, ¿cómo podemos tomar decisiones a futuro? ¿Cómo se planifica, cómo se invierte, cómo se le rinde cuentas a la gente? La situación es crítica y deja un sinsabor terrible, porque al final del día, es nuestra plata y nuestro futuro lo que está en juego en medio de este despiche. Diay, maes, la pregunta del millón: ¿Esto es pura incompetencia, un despiste monumental o hay algo más turbio detrás de este despiche? ¿Qué opinan ustedes?
El punto que seguro le va a hervir la sangre a más de uno es la vara con la Caja. Según la auditoría, la deuda REAL del Estado con la CCSS es de ₡3,2 billones (sí, con B de bestialidad) MÁS de lo que Hacienda tenía apuntado en sus libritos. Mae, para ponerlo en perspectiva, eso no es que se les olvidó apuntar el vuelto del casado. Es una cantidad de plata absurda que simplemente no estaba registrada correctamente. Mientras tanto, uno ve las filas en los hospitales y las listas de espera. Con razón todo se siente tan cuesta arriba si quienes administran la plata se jalan una torta de este calibre. Esto ya no es un error de dedo, es un error de cuerpo entero.
Pero esperen, que el circo sigue. El informe de la Contraloría también advierte que al Estado se le "perdieron" activos. ¿Cómo qué? Diay, cosas pequeñas, sin importancia... como 3.554 terrenos de escuelas y colegios, y unas 23 carreteras. ¡CARRETERAS! Uno aquí, cuidando el chuzo para que no se lo roben en un descuido, y al Gobierno se le extravían carreteras enteras del inventario oficial. Uno se pregunta si un día de estos vamos manejando por una de esas calles "fantasma" sin saberlo. Esta falta de registro y control sobre los bienes del país es, sinceramente, una irresponsabilidad que asusta.
Y para ponerle la cereza a este pastel de desorden, la auditoría encontró duplicidades por casi ₡5,8 billones. ¿Qué significa eso? Que por la falta de un sistema ordenado, estaban contando plata dos veces al registrar transacciones entre las mismas instituciones públicas. Es el equivalente a que usted se pague a sí mismo de una cuenta a otra y crea que tiene el doble de plata. Para que vean que no soy yo el que está bateando, la mismísima gerente de Fiscalización de la Contraloría, Julissa Sáenz Leiva, lo dijo clarito: la contabilidad pública es “incapaz de ofrecer información confiable”. En otras palabras, las cuentas del Gobierno no son de fiar.
Al final, esta vara va más allá de un simple informe técnico. Lo que esto revela es un desorden administrativo monumental que pone en jaque la credibilidad de la gestión financiera del país. Si no podemos confiar en los números más básicos que presenta el Gobierno, ¿cómo podemos tomar decisiones a futuro? ¿Cómo se planifica, cómo se invierte, cómo se le rinde cuentas a la gente? La situación es crítica y deja un sinsabor terrible, porque al final del día, es nuestra plata y nuestro futuro lo que está en juego en medio de este despiche. Diay, maes, la pregunta del millón: ¿Esto es pura incompetencia, un despiste monumental o hay algo más turbio detrás de este despiche? ¿Qué opinan ustedes?