Maes, seamos honestos. Piense en el último paseo a un hotel todo incluido o uno medio fancy. ¿Cuál es una de las primeras varas que se le vienen a la mente? ¡El desayuno buffet, por supuesto! Esa imagen casi mítica de caminar hacia una barra infinita de gallo pinto, huevos revueltos, platanitos maduros, natilla, frutas tropicales que parecen de mentira y una montaña de repostería que le susurra al oído: “hoy no hay dieta”. Durante años, esa abundancia fue el sello de un buen hotel, la promesa de que uno iba a comer hasta decir basta. Pero, ¿y si les digo que esa fantasía tiene un lado oscuro que nos está saliendo carísimo?
Aquí es donde la vara se pone fea. Detrás de esas torres de panqueques y esas bandejas que nunca se vacían, hay un despilfarro de comida que es para sentarse a llorar. Según un informe de las Naciones Unidas de este año, en el mundo se botaron más de mil millones de toneladas de comida, y casi un 30% de ese desastre viene del sector servicios, o sea, restaurantes y hoteles. Y diay, el campeón indiscutible de este despiche es el desayuno buffet. Un estudio reveló que, en promedio, una persona que come de un buffet desperdicia 300 gramos de comida, ¡más del doble que alguien que pide a la carta! Mae, es que la vara es una torta a nivel planetario. Toda esa comida que termina en la basura significa que se botó agua, tierra, energía y un montón de brete. Peor aún, cuando se descompone en los vertederos, genera gases de efecto invernadero que le dan durísimo al planeta.
Lo que pasa es que el concepto de "lujo" está cambiando. Antes, la vara era simple: lujo significaba poder servirse hasta reventar, una demostración de exceso. Era la mentalidad del "sírvase todo lo que pueda". Pero hoy, el verdadero lujo no es comerse tres platos de pinto, sino saber que el huevo que te estás comiendo viene de una gallina feliz, que las hierbas las cultivaron en el jardín del hotel y que el pastelito que te sirven está recién hecho solo para vos. Como dice una chef famosa, el lujo ahora se trata de calidad y cuidado, no de cantidad. Mucha gente, de hecho, ya hasta evita los buffets porque terminan comiendo de más y con un cargo de conciencia terrible. Prefieren una experiencia más intencional, más “chineada”.
Por dicha, parece que los hoteles grandes ya están agarrando el mensaje y se están poniendo las pilas. Algunos han empezado con cambios que parecen pequeños, pero suman. Por ejemplo, en cadenas como Ibis usan platos más pequeños para que uno, por pura psicología, se sirva menos. Otros, como Hilton, sirven las frutas o los yogures en envases individuales para que no quede todo manoseado y a medio comer. En un hotel en Bangkok hasta ponen rótulos que básicamente te dicen: “No sea animal, sírvase solo lo que se va a comer”. Hilton, de hecho, se puso la meta de reducir su desperdicio de comida a la mitad para el 2030, y para lograrlo están usando desde inteligencia artificial en las cocinas hasta donando los sobrantes a bancos de alimentos. ¡Ya era hora!
Al final, parece que le estamos diciendo adiós a esa era de la abundancia sin control. El reto para los hoteles ahora es encontrar un equilibrio: darnos esa sensación de lujo y satisfacción sin que eso signifique botar la mitad de la comida a la basura. La solución parece ir por el lado de modelos híbridos: un buffet más pequeño y controlado, complementado con platos especiales a la carta que te preparan en el momento. Un desayuno bien pensado, servido en la mesa, no solo es más sostenible, sino que puede dejarle a uno la sensación de que de verdad lo atendieron como a un rey antes de hacer el check-out. A como van las cosas, el desayuno a la carta, más consciente y personalizado, se está convirtiendo en el nuevo estándar del buen vivir.
Y ustedes, maes, ¿qué piensan? ¿Le lloran al buffet o ya era hora de mandarlo a volar? ¿Pagarían lo mismo por un desayuno a la carta, más chineado pero con menos opciones para escoger? ¡Abro debate en el foro!
Aquí es donde la vara se pone fea. Detrás de esas torres de panqueques y esas bandejas que nunca se vacían, hay un despilfarro de comida que es para sentarse a llorar. Según un informe de las Naciones Unidas de este año, en el mundo se botaron más de mil millones de toneladas de comida, y casi un 30% de ese desastre viene del sector servicios, o sea, restaurantes y hoteles. Y diay, el campeón indiscutible de este despiche es el desayuno buffet. Un estudio reveló que, en promedio, una persona que come de un buffet desperdicia 300 gramos de comida, ¡más del doble que alguien que pide a la carta! Mae, es que la vara es una torta a nivel planetario. Toda esa comida que termina en la basura significa que se botó agua, tierra, energía y un montón de brete. Peor aún, cuando se descompone en los vertederos, genera gases de efecto invernadero que le dan durísimo al planeta.
Lo que pasa es que el concepto de "lujo" está cambiando. Antes, la vara era simple: lujo significaba poder servirse hasta reventar, una demostración de exceso. Era la mentalidad del "sírvase todo lo que pueda". Pero hoy, el verdadero lujo no es comerse tres platos de pinto, sino saber que el huevo que te estás comiendo viene de una gallina feliz, que las hierbas las cultivaron en el jardín del hotel y que el pastelito que te sirven está recién hecho solo para vos. Como dice una chef famosa, el lujo ahora se trata de calidad y cuidado, no de cantidad. Mucha gente, de hecho, ya hasta evita los buffets porque terminan comiendo de más y con un cargo de conciencia terrible. Prefieren una experiencia más intencional, más “chineada”.
Por dicha, parece que los hoteles grandes ya están agarrando el mensaje y se están poniendo las pilas. Algunos han empezado con cambios que parecen pequeños, pero suman. Por ejemplo, en cadenas como Ibis usan platos más pequeños para que uno, por pura psicología, se sirva menos. Otros, como Hilton, sirven las frutas o los yogures en envases individuales para que no quede todo manoseado y a medio comer. En un hotel en Bangkok hasta ponen rótulos que básicamente te dicen: “No sea animal, sírvase solo lo que se va a comer”. Hilton, de hecho, se puso la meta de reducir su desperdicio de comida a la mitad para el 2030, y para lograrlo están usando desde inteligencia artificial en las cocinas hasta donando los sobrantes a bancos de alimentos. ¡Ya era hora!
Al final, parece que le estamos diciendo adiós a esa era de la abundancia sin control. El reto para los hoteles ahora es encontrar un equilibrio: darnos esa sensación de lujo y satisfacción sin que eso signifique botar la mitad de la comida a la basura. La solución parece ir por el lado de modelos híbridos: un buffet más pequeño y controlado, complementado con platos especiales a la carta que te preparan en el momento. Un desayuno bien pensado, servido en la mesa, no solo es más sostenible, sino que puede dejarle a uno la sensación de que de verdad lo atendieron como a un rey antes de hacer el check-out. A como van las cosas, el desayuno a la carta, más consciente y personalizado, se está convirtiendo en el nuevo estándar del buen vivir.
Y ustedes, maes, ¿qué piensan? ¿Le lloran al buffet o ya era hora de mandarlo a volar? ¿Pagarían lo mismo por un desayuno a la carta, más chineado pero con menos opciones para escoger? ¡Abro debate en el foro!