¡Ay, Dios mío! Esto sí que es jugada baja, mi pana. Parece que en Costa Rica hasta para entrar al debate hay que rascarle los bolsillos a las encuestadoras. La polémica estalló con acusaciones directas de varios aspirantes a cargos públicos, quienes aseguran que les ofrecieron ‘paquetes’ con precios que van desde los cinco mil hasta los dieciocho mil dólares a cambio de una mejor colocación en los sondeos y, pa’ colmo, ¡hasta para inflar el número de seguidores!
Durante años, este asunto ha sido un secreto a voces, una especie de mito político que circulaba entre bambalinas. Pero ahora, varios contendientes han salido al frente para confirmar que esta práctica, lamentablemente, existe y se ha utilizado sin que nadie haga nada para detenerla. Dicen que ya es pan comido para estas empresas, ¡una verdadera carga!
El candidato presidencial Douglas Caamaño, de Costa Rica Primero, fue uno de los primeros en romper el silencio. Según sus declaraciones, recibió llamadas de representantes de encuestadoras ofreciéndole este servicio turbio en múltiples ocasiones. Lo más loco es que, con cada paso que nos acercamos a las elecciones, el precio iba subiendo. ¡Qué sal!
“Me pidieron $13 mil la primera vez y la última $18 mil”, reveló Caamaño, visiblemente molesto. Además de mejorar su posición en las encuestas, le prometían aumentar sus seguidores en redes sociales utilizando “trolls”, lo cual busca manipular la percepción de los votantes. Imagínate, comprarte likes y followers para parecer más popular… ¡qué tremendo brete!
Pero Caamaño no es el único que ha experimentado esta situación. Un candidato a diputado, que prefiere mantenerse en el anonimato, también confesó haber recibido ofertas similares. Su modus operandi es bastante astuto: en las encuestas, los entrevistadores insistían varias veces en preguntar si conocían al candidato y si considerarían votarle, con el claro objetivo de sembrar su nombre en la mente de los electores. ¡Así, a punta de empujoncitos!
Luis Amador, exministro de Obras Públicas y Transportes, también vivió una experiencia similar, aunque evitó dar demasiados detalles en una entrevista televisiva. Aseguró haber recibido una oferta de $5 mil a cambio de catapultarlo a los primeros lugares de las encuestas, dejando entrever su descreimiento en los resultados obtenidos. Una vara bien difícil de tragar, ¿eh?
Salir en la cima de estas encuestas tiene sus ventajas, obvio. Atrae votantes indecisos, abre puertas a debates y permite mostrar propuestas. Pero parece que el camino hacia el éxito se ha vuelto aún más turbio y corrupto. Algunos candidatos, como Eliecer Feinzaig del Liberal Progresista, sospechan que ciertas encuestas están manipuladas, mientras que otros, como Fernando Zamora de Nueva Generación, consideran que estas prácticas son “algo despreciable”. Boris Molina, de la Unión Costarricense Democrática, simplemente afirma que “no cree en los resultados” de algunas encuestas.
Ante toda esta problemática, surge una gran pregunta: ¿Cómo podemos garantizar que las encuestas sean herramientas confiables para tomar decisiones informadas en nuestro país? ¿Y cuál debería ser la respuesta del TSE ante estas denuncias, considerando que hasta ahora no se han presentado formalmente? ¡Danos tu opinión, mi pana! ¿Crees que la regulación actual es suficiente o necesitamos medidas más contundentes para combatir esta manipulación?
Durante años, este asunto ha sido un secreto a voces, una especie de mito político que circulaba entre bambalinas. Pero ahora, varios contendientes han salido al frente para confirmar que esta práctica, lamentablemente, existe y se ha utilizado sin que nadie haga nada para detenerla. Dicen que ya es pan comido para estas empresas, ¡una verdadera carga!
El candidato presidencial Douglas Caamaño, de Costa Rica Primero, fue uno de los primeros en romper el silencio. Según sus declaraciones, recibió llamadas de representantes de encuestadoras ofreciéndole este servicio turbio en múltiples ocasiones. Lo más loco es que, con cada paso que nos acercamos a las elecciones, el precio iba subiendo. ¡Qué sal!
“Me pidieron $13 mil la primera vez y la última $18 mil”, reveló Caamaño, visiblemente molesto. Además de mejorar su posición en las encuestas, le prometían aumentar sus seguidores en redes sociales utilizando “trolls”, lo cual busca manipular la percepción de los votantes. Imagínate, comprarte likes y followers para parecer más popular… ¡qué tremendo brete!
Pero Caamaño no es el único que ha experimentado esta situación. Un candidato a diputado, que prefiere mantenerse en el anonimato, también confesó haber recibido ofertas similares. Su modus operandi es bastante astuto: en las encuestas, los entrevistadores insistían varias veces en preguntar si conocían al candidato y si considerarían votarle, con el claro objetivo de sembrar su nombre en la mente de los electores. ¡Así, a punta de empujoncitos!
Luis Amador, exministro de Obras Públicas y Transportes, también vivió una experiencia similar, aunque evitó dar demasiados detalles en una entrevista televisiva. Aseguró haber recibido una oferta de $5 mil a cambio de catapultarlo a los primeros lugares de las encuestas, dejando entrever su descreimiento en los resultados obtenidos. Una vara bien difícil de tragar, ¿eh?
Salir en la cima de estas encuestas tiene sus ventajas, obvio. Atrae votantes indecisos, abre puertas a debates y permite mostrar propuestas. Pero parece que el camino hacia el éxito se ha vuelto aún más turbio y corrupto. Algunos candidatos, como Eliecer Feinzaig del Liberal Progresista, sospechan que ciertas encuestas están manipuladas, mientras que otros, como Fernando Zamora de Nueva Generación, consideran que estas prácticas son “algo despreciable”. Boris Molina, de la Unión Costarricense Democrática, simplemente afirma que “no cree en los resultados” de algunas encuestas.
Ante toda esta problemática, surge una gran pregunta: ¿Cómo podemos garantizar que las encuestas sean herramientas confiables para tomar decisiones informadas en nuestro país? ¿Y cuál debería ser la respuesta del TSE ante estas denuncias, considerando que hasta ahora no se han presentado formalmente? ¡Danos tu opinión, mi pana! ¿Crees que la regulación actual es suficiente o necesitamos medidas más contundentes para combatir esta manipulación?