¡Ay, Dios mío! Quién iba a decir que en nuestra morada, entre gallinas y café, anduviera rondando un caso así, ¿verdad, maes? Pues agárrense que hoy les voy a contar la historia de cómo el espiritismo agarró vuelo en Costa Rica, desde tiempos remotos hasta convertirnos en un punto de referencia a nivel mundial. Una historia llena de misterios, charlatanes, gente buscando respuestas y unas fechorías que ni en novela se ven.
Todo empezó a principios del siglo pasado, cuando nuestros abuelos todavía jugaban a la resbaleta en la calle. Antiguamente, en Jaris de Mora, don Antonio, un señor sencillo, trabajador hasta la extenuación, aunque de pocos pesos, se ganó el apodo de 'el médium'. Imagínense, un buen señor, pa’ 1955 ya con cuatro chamacos, que llegó a San José soñando con tener una casita propia, pero resultó que tenía un don... o quizás una maldición, quién sabe. Resulta que era un médium por incorporación, ¡qué tremenda vara!
Dicen que Antonio podía traer a los 'maestros' –Rogelio Yucamusky, Patricio Balzara, Ali Yucamán, el doctor Ricardo Moreno Cañas– para aconsejar a la gente. Como saben, por esos tiempos no había Google ni TikTok para buscar respuestas rápidas. La gente iba a buscar consejo a curanderos, santos, y claro, a los médiums. Buscaban soluciones para problemas de salud, dinero o amor. ¡Un brete de necesidades, mae! Tenía una mesita con dos sillas, un altar con velas y ofrendas, y listo, ahí empezaba la sesión. Encendía una vela, ponía un vaso de agua y... ¡bam! Su cara cambiaba, la voz se le transformaba, y aparecía el maestro dando consejos. Un espectáculo, según los testimonios.
Ahora, para entender bien cómo llegó esto a nosotros, hay que retroceder un poquito más. Todo se remonta a 1847, en Estados Unidos, donde las hermanas Fox estaban experimentando ruidos extraños en su casa. Entre golpes y palmadas, descubrieron que se trataba de un espíritu, un tal Charles Haynes, vendedor ambulante asesinado y enterrado en el sótano de su propia casa. ¡Qué sal! Las hermanas, usando el alfabeto espiritista, sacaron toda la historia a la luz, y así nació el espiritismo moderno. Claro, luego vinieron congresos, médiums famosos y millones de seguidores. Se popularizó tanto que hasta tuvieron que emigrar por problemas con la iglesia.
Y hablando de figuras reconocidas, Costa Rica tuvo a Ofelia Corrales, una joven que dejó el pelo de medio país parado. Hija de un reconocido educador, Buenaventura Corrales, Ofelia se convirtió en la médium más famosa de Costa Rica a principios del siglo XX. Vivía en Goicoechea, y su casa se convirtió en centro de reunión de políticos, escritores, médicos y empresarios, todos ansiosos por presenciar sus sesiones. Dicen que hasta le advirtió a Federico Tinoco sobre el peligro que corría antes de ser asesinado. ¡Una carga la tenía esa mujer!
El Círculo Franklin, fundado por su familia, alcanzó notoriedad mundial. Revistas de París, Londres, México y Barcelona escribieron sobre ella, calificándola como “la médium más notable del mundo”. Testigos aseguran que Ofelia hacía cosas increíbles: materializaba espíritus, movía objetos con la mente e incluso teletransportaba a su hermano de un lugar a otro. ¡Imagínense el mamotreto de historias que se acumularon alrededor de esta dama! Algunos dicen que pudo haber proyectado su doble astral. Por si fuera poco, contactaba a personajes que hablaban idiomas que ella desconocía, sorprendiendo a todos los presentes.
Aunque Ofelia desapareció del radar del espiritismo en 1914, su legado sigue vivo. Muchos investigadores, como el francés Willy Reichel, visitaron Costa Rica para confirmar sus habilidades, dejando constancia de su talento. Lamentablemente, el Círculo Franklin nunca formalizó sus actividades, por lo que gran parte de las evidencias quedaron en relatos orales y fotografías antiguas. Pero eso no disminuye la importancia histórica de Ofelia Corrales, quien puso el nombre de Costa Rica en el mapa del mundo gracias a su conexión con el más allá. Fue una época turbia, llena de charlatanes, pero también de gente genuinamente buscando respuestas, ¿eh?
Y ahora me pregunto, maes: ¿creen ustedes que realmente existieron estos fenómenos, o todo fue producto de la sugestión y la necesidad humana de creer en algo más grande? ¿Deberíamos rescatar y preservar la memoria de figuras como Antonio y Ofelia, o dejarlas descansar en el olvido? Déjenme sus opiniones en el foro, ¡quiero escuchar qué piensan de esta historia que nos conecta con el misterio y el misticismo de nuestras raíces!
Todo empezó a principios del siglo pasado, cuando nuestros abuelos todavía jugaban a la resbaleta en la calle. Antiguamente, en Jaris de Mora, don Antonio, un señor sencillo, trabajador hasta la extenuación, aunque de pocos pesos, se ganó el apodo de 'el médium'. Imagínense, un buen señor, pa’ 1955 ya con cuatro chamacos, que llegó a San José soñando con tener una casita propia, pero resultó que tenía un don... o quizás una maldición, quién sabe. Resulta que era un médium por incorporación, ¡qué tremenda vara!
Dicen que Antonio podía traer a los 'maestros' –Rogelio Yucamusky, Patricio Balzara, Ali Yucamán, el doctor Ricardo Moreno Cañas– para aconsejar a la gente. Como saben, por esos tiempos no había Google ni TikTok para buscar respuestas rápidas. La gente iba a buscar consejo a curanderos, santos, y claro, a los médiums. Buscaban soluciones para problemas de salud, dinero o amor. ¡Un brete de necesidades, mae! Tenía una mesita con dos sillas, un altar con velas y ofrendas, y listo, ahí empezaba la sesión. Encendía una vela, ponía un vaso de agua y... ¡bam! Su cara cambiaba, la voz se le transformaba, y aparecía el maestro dando consejos. Un espectáculo, según los testimonios.
Ahora, para entender bien cómo llegó esto a nosotros, hay que retroceder un poquito más. Todo se remonta a 1847, en Estados Unidos, donde las hermanas Fox estaban experimentando ruidos extraños en su casa. Entre golpes y palmadas, descubrieron que se trataba de un espíritu, un tal Charles Haynes, vendedor ambulante asesinado y enterrado en el sótano de su propia casa. ¡Qué sal! Las hermanas, usando el alfabeto espiritista, sacaron toda la historia a la luz, y así nació el espiritismo moderno. Claro, luego vinieron congresos, médiums famosos y millones de seguidores. Se popularizó tanto que hasta tuvieron que emigrar por problemas con la iglesia.
Y hablando de figuras reconocidas, Costa Rica tuvo a Ofelia Corrales, una joven que dejó el pelo de medio país parado. Hija de un reconocido educador, Buenaventura Corrales, Ofelia se convirtió en la médium más famosa de Costa Rica a principios del siglo XX. Vivía en Goicoechea, y su casa se convirtió en centro de reunión de políticos, escritores, médicos y empresarios, todos ansiosos por presenciar sus sesiones. Dicen que hasta le advirtió a Federico Tinoco sobre el peligro que corría antes de ser asesinado. ¡Una carga la tenía esa mujer!
El Círculo Franklin, fundado por su familia, alcanzó notoriedad mundial. Revistas de París, Londres, México y Barcelona escribieron sobre ella, calificándola como “la médium más notable del mundo”. Testigos aseguran que Ofelia hacía cosas increíbles: materializaba espíritus, movía objetos con la mente e incluso teletransportaba a su hermano de un lugar a otro. ¡Imagínense el mamotreto de historias que se acumularon alrededor de esta dama! Algunos dicen que pudo haber proyectado su doble astral. Por si fuera poco, contactaba a personajes que hablaban idiomas que ella desconocía, sorprendiendo a todos los presentes.
Aunque Ofelia desapareció del radar del espiritismo en 1914, su legado sigue vivo. Muchos investigadores, como el francés Willy Reichel, visitaron Costa Rica para confirmar sus habilidades, dejando constancia de su talento. Lamentablemente, el Círculo Franklin nunca formalizó sus actividades, por lo que gran parte de las evidencias quedaron en relatos orales y fotografías antiguas. Pero eso no disminuye la importancia histórica de Ofelia Corrales, quien puso el nombre de Costa Rica en el mapa del mundo gracias a su conexión con el más allá. Fue una época turbia, llena de charlatanes, pero también de gente genuinamente buscando respuestas, ¿eh?
Y ahora me pregunto, maes: ¿creen ustedes que realmente existieron estos fenómenos, o todo fue producto de la sugestión y la necesidad humana de creer en algo más grande? ¿Deberíamos rescatar y preservar la memoria de figuras como Antonio y Ofelia, o dejarlas descansar en el olvido? Déjenme sus opiniones en el foro, ¡quiero escuchar qué piensan de esta historia que nos conecta con el misterio y el misticismo de nuestras raíces!