¡Ay, Dios mío! La rotonda de Hacienda Vieja, allá por Curridabat, parece que decidió declararle la guerra a nuestra paciencia y seguridad. Lo que era un simple punto de paso, ahora es un verdadero hervidero de carros y un dolor de cabeza constante para todos los que andamos por la zona este. Según el LanammeUCR, la cosa está bien fea, y si no nos espabilamos, nos vamos a ir al traste.
Verán, la cosa es así: Hacienda Vieja nunca fue precisamente un modelo de eficiencia vehicular. Pero ahora, con tanto carro que hay circulando, la rotonda simplemente no aguanta la presión. El volumen de vehículos que entra es mucho más de lo que puede procesar, y eso se nota en los atascos kilométricos que vivimos, especialmente por las mañanas. Se dice que algunos llegan hasta el kilómetro entero atascados, ¡imagínate qué bronca!
El informe del LanammeUCR deja claro que esto lleva tiempo gestándose. Ya hace rato estaban avisando que la rotonda estaba llegando a sus límites, y que la falta de una conexión directa entre la autopista Florencio del Castillo y la Circunvalación iba a traer consecuencias peores de las esperadas. Parece que nadie le puso atención, y ahora estamos pagándolo caro, ¿verdad?
En las mañanas, la fila en el acceso este se pone monstruosa. Te quedas ahí, viendo cómo los carros avanzan a paso de tortuga, mientras te frustras más y más. Y no es solo por la pérdida de tiempo; también es por el estrés que genera estar atascado en medio del tráfico. Por las tardes tampoco la lían, el acceso norte también sufre, con presas que alcanzan los 140 metros y bloqueando las calles cercanas. Un verdadero brete para los vecinos.
Pero lo peor de todo no es solo el congestionamiento, sino también la inseguridad que impera en la zona. El informe alerta sobre la falta de barreras protectoras adecuadas y los elementos de contención dañados. Esto representa un peligro enorme, especialmente para los motociclistas y los carros pequeños. Uno se siente vulnerable, pensando que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento.
Y para rematar, la infraestructura peatonal es un desastre. Aceras incompletas, ausencia de losas podotáctiles (esas cosas que ayudan a los ciegos), y cruces peligrosos obligan a los caminantes a arriesgarse constantemente. No cumplen ni siquiera con la ley, ¡qué despache! Es evidente que el diseño original de la rotonda no pensó en la seguridad de todos los usuarios de la vía. Una verdadera carencia.
Ahora, muchos se preguntan qué va a pasar con Hacienda Vieja. ¿Se hará alguna modificación? ¿Se construirá una conexión directa con la Circunvalación? ¿O seguiremos arrastrándonos por esa rotonda infernal año tras año? Las autoridades prometen estudiar el problema y buscar soluciones, pero ya sabemos cómo suelen ser estas cosas... Con promesas bonitas y poco resultado concreto. Esperemos que esta vez sí hagan algo, porque la situación ya no puede seguir así.
Esta rotonda se ha convertido en un símbolo de la planificación urbana deficiente y la falta de previsión. Ahora me pregunto, ¿cree usted que invertir en transporte público eficiente sería una solución más viable y sostenible a largo plazo para aliviar la congestión en áreas como Hacienda Vieja, o debería priorizarse la construcción de nuevas vías expresas?
Verán, la cosa es así: Hacienda Vieja nunca fue precisamente un modelo de eficiencia vehicular. Pero ahora, con tanto carro que hay circulando, la rotonda simplemente no aguanta la presión. El volumen de vehículos que entra es mucho más de lo que puede procesar, y eso se nota en los atascos kilométricos que vivimos, especialmente por las mañanas. Se dice que algunos llegan hasta el kilómetro entero atascados, ¡imagínate qué bronca!
El informe del LanammeUCR deja claro que esto lleva tiempo gestándose. Ya hace rato estaban avisando que la rotonda estaba llegando a sus límites, y que la falta de una conexión directa entre la autopista Florencio del Castillo y la Circunvalación iba a traer consecuencias peores de las esperadas. Parece que nadie le puso atención, y ahora estamos pagándolo caro, ¿verdad?
En las mañanas, la fila en el acceso este se pone monstruosa. Te quedas ahí, viendo cómo los carros avanzan a paso de tortuga, mientras te frustras más y más. Y no es solo por la pérdida de tiempo; también es por el estrés que genera estar atascado en medio del tráfico. Por las tardes tampoco la lían, el acceso norte también sufre, con presas que alcanzan los 140 metros y bloqueando las calles cercanas. Un verdadero brete para los vecinos.
Pero lo peor de todo no es solo el congestionamiento, sino también la inseguridad que impera en la zona. El informe alerta sobre la falta de barreras protectoras adecuadas y los elementos de contención dañados. Esto representa un peligro enorme, especialmente para los motociclistas y los carros pequeños. Uno se siente vulnerable, pensando que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento.
Y para rematar, la infraestructura peatonal es un desastre. Aceras incompletas, ausencia de losas podotáctiles (esas cosas que ayudan a los ciegos), y cruces peligrosos obligan a los caminantes a arriesgarse constantemente. No cumplen ni siquiera con la ley, ¡qué despache! Es evidente que el diseño original de la rotonda no pensó en la seguridad de todos los usuarios de la vía. Una verdadera carencia.
Ahora, muchos se preguntan qué va a pasar con Hacienda Vieja. ¿Se hará alguna modificación? ¿Se construirá una conexión directa con la Circunvalación? ¿O seguiremos arrastrándonos por esa rotonda infernal año tras año? Las autoridades prometen estudiar el problema y buscar soluciones, pero ya sabemos cómo suelen ser estas cosas... Con promesas bonitas y poco resultado concreto. Esperemos que esta vez sí hagan algo, porque la situación ya no puede seguir así.
Esta rotonda se ha convertido en un símbolo de la planificación urbana deficiente y la falta de previsión. Ahora me pregunto, ¿cree usted que invertir en transporte público eficiente sería una solución más viable y sostenible a largo plazo para aliviar la congestión en áreas como Hacienda Vieja, o debería priorizarse la construcción de nuevas vías expresas?