Maes, ¿se acuerdan del despiche que se armó hace unas semanas en redes con unos influencers y un proyecto hotelero en Papagayo? Bueno, parece que la novela llegó a su fin. O por lo menos, a un capítulo final bastante conveniente para una de las partes. La vara es que Lily Cabezas y Javier Adelfang, los creadores de contenido que le habían puesto el ojo al supuesto daño ambiental de Enjoy Hotels, ya fumaron la pipa de la paz con la empresa. La gran pregunta que queda en el aire es si fue un acuerdo de mutuo entendimiento o si la presión legal fue demasiada.
Vamos a rebobinar el casete un toque. Todo empezó cuando Lily y Javier empezaron a postear contenido denunciando que la construcción del hotel estaba causando un desastre ecológico cerca de Playa Panamá. Como era de esperarse, la cosa se viralizó más rápido que un meme del Chucky. Miles de compartidos, comentarios indignados, y la reputación de Enjoy Hotels por los suelos. El problema, y aquí es donde la cosa se pone color de hormiga, es que la desarrolladora no se quedó de brazos cruzados. Sacaron la artillería legal y demandaron, alegando que todo era paja y que les estaban manchando la imagen con información no verificada.
Y diay, parece que tenían un punto. Según el comunicado oficial que sacaron para anunciar el "acuerdo", los influencers reconocieron que la información que compartieron venía de terceros o de búsquedas random en redes, pero que nunca hicieron el brete de confirmarla directamente con la empresa. En el tico más puro: se jalaron una torta monumental. El comunicado lo pinta todo muy diplomático, hablando de "diálogo" y "temas esclarecidos", pero entre líneas se lee como una retractación en toda regla. Básicamente, la empresa les aclaró el panorama y ellos tuvieron que aceptar que la info no correspondía a la realidad del proyecto.
Ahora, lo que realmente me deja un mal sabor de boca de toda esta situación no es solo el acuerdo, sino a quién dejaron por fuera. ¿Se acuerdan de "juambacaminando"? El otro activista que también estaba en la misma lucha y que denunció públicamente que le habían embargado las cuentas bancarias por la demanda. Bueno, en el comunicado del acuerdo feliz, su nombre no aparece por ningún lado. Mientras los influencers con más seguidores llegaron a un arreglo, el mae sigue salado y con las cuentas congeladas. Esto deja clarísimo que en la guerra del activismo digital, no todos los soldados tienen el mismo escudo.
Al final, este despiche nos deja pensando un montón. Por un lado, ¡qué nivel el poder de las redes para poner temas ambientales en la mesa! Pero por otro, ¡qué torta cuando la pasión le gana a la investigación! Un post sin verificar puede terminar no solo en una retractación pública, sino con gente embargada y un movimiento que se desinfla. El poder de un click es enorme, pero la responsabilidad que viene con él es todavía más grande. Y cuando te enfrentas a un gigante corporativo con un ejército de abogados, más vale tener todos los papeles en regla.
Diay, maes, la pregunta del millón es: ¿qué lección nos deja toda esta vara? ¿Es este un recordatorio de que antes de darle "publicar" hay que hacer el brete de investigar a fondo hasta el último detalle? ¿O demuestra que al final, el que tiene más plata para pagar abogados siempre termina ganando? ¡Los leo en los comentarios!
Vamos a rebobinar el casete un toque. Todo empezó cuando Lily y Javier empezaron a postear contenido denunciando que la construcción del hotel estaba causando un desastre ecológico cerca de Playa Panamá. Como era de esperarse, la cosa se viralizó más rápido que un meme del Chucky. Miles de compartidos, comentarios indignados, y la reputación de Enjoy Hotels por los suelos. El problema, y aquí es donde la cosa se pone color de hormiga, es que la desarrolladora no se quedó de brazos cruzados. Sacaron la artillería legal y demandaron, alegando que todo era paja y que les estaban manchando la imagen con información no verificada.
Y diay, parece que tenían un punto. Según el comunicado oficial que sacaron para anunciar el "acuerdo", los influencers reconocieron que la información que compartieron venía de terceros o de búsquedas random en redes, pero que nunca hicieron el brete de confirmarla directamente con la empresa. En el tico más puro: se jalaron una torta monumental. El comunicado lo pinta todo muy diplomático, hablando de "diálogo" y "temas esclarecidos", pero entre líneas se lee como una retractación en toda regla. Básicamente, la empresa les aclaró el panorama y ellos tuvieron que aceptar que la info no correspondía a la realidad del proyecto.
Ahora, lo que realmente me deja un mal sabor de boca de toda esta situación no es solo el acuerdo, sino a quién dejaron por fuera. ¿Se acuerdan de "juambacaminando"? El otro activista que también estaba en la misma lucha y que denunció públicamente que le habían embargado las cuentas bancarias por la demanda. Bueno, en el comunicado del acuerdo feliz, su nombre no aparece por ningún lado. Mientras los influencers con más seguidores llegaron a un arreglo, el mae sigue salado y con las cuentas congeladas. Esto deja clarísimo que en la guerra del activismo digital, no todos los soldados tienen el mismo escudo.
Al final, este despiche nos deja pensando un montón. Por un lado, ¡qué nivel el poder de las redes para poner temas ambientales en la mesa! Pero por otro, ¡qué torta cuando la pasión le gana a la investigación! Un post sin verificar puede terminar no solo en una retractación pública, sino con gente embargada y un movimiento que se desinfla. El poder de un click es enorme, pero la responsabilidad que viene con él es todavía más grande. Y cuando te enfrentas a un gigante corporativo con un ejército de abogados, más vale tener todos los papeles en regla.
Diay, maes, la pregunta del millón es: ¿qué lección nos deja toda esta vara? ¿Es este un recordatorio de que antes de darle "publicar" hay que hacer el brete de investigar a fondo hasta el último detalle? ¿O demuestra que al final, el que tiene más plata para pagar abogados siempre termina ganando? ¡Los leo en los comentarios!