¡Ay, Dios mío, qué bronca! Aquí estamos otra vez, con la chinche de la basura royéndonos el coco. Parece que en este país nos echamos las manos de encima cuando toca resolver los problemas verdaderos, esos que huelen a descomposición y nos incomodan. Resulta que el Ministerio de Salud está tirándole arena a los ojos, diciéndonos que tenemos un “riesgo nacional” porque los rellenos sanitarios están casi vacíos. ¡Riesgo nacional, dicen! Más bien, ya estamos metidos de pana en el brete, pura verdad.
Para ponerles pausa, la cosa va así: Costa Rica tiene solamente siete rellenos sanitarios que cumplen con las reglas, y la mayoría son más bien changüiteras – pequeñas, manejando menos de 300 toneltadas diarias. Imagínate, apenas para sus propios barrios. Pero luego está la Gran Área Metropolitana, donde se juntan dos monstruos: Aserrí y La Uruca, tragándose miles de toneladas de basura al día. Estos dos solos representan el 60% de toda la mugre que generamos, ¡una locura!
Hablemos clarito, Aserrí está agonizando. Se estima que le quedan menos de 11 meses de vida, ¡más o menos como mi abuela con el azúcar! En septiembre del próximo año, bingo, cerrado. Y La Uruca tampoco pinta muy lejos, pues podría despedirse en marzo o abril del 2026. Esto significa que, en poco tiempo, nos vamos a quedar sin dónde tirar la basura, y ahí sí que empezará el verdadero desmadre. Fíjate que yo digo desmadre… ¡porque las cosas se van a poner feas!
Y lo peor es que la solución no es tan simple como enviar la basura de un lugar a otro. Si intentamos desplazar las 500 toneladas diarias de La Uruca al relleno de Limón, ese pobre relleno, que ahora aguanta 200 toneltadas tranquilamente, se ahogaría recibiendo 700 al día. Su vida útil se reduciría de más de 15 años a solamente cuatro. Lo mismo pasaría con Montes de Oro, que perdería un 40% de su capacidad si tuviera que digerir 1.000 toneladas extra provenientes de Aserrí. ¿Se dan cuenta de la magnitud de la pana?
Esto no es una chinada, fiu. Trasladar la basura de un lado a otro no resuelve nada, sino que empeora la situación y nos lleva directo a un efecto dominó devastador. Imaginen los camiones atascados en la ruta, los municipios peleándose por dónde meter la mugre, los vecinos protestando, y nosotros, los ciudadanos, respirando aires pestilentes y viendo cómo nuestro país se convierte en un basural a cielo abierto. ¡Qué torta!
Además, ni siquiera los rellenos con más años de vida, como Santa Cruz, Limón y Montes de Oro, están a salvo. Si reciben más basura de la que pueden procesar, sus plazos también se acortarán drásticamente. Ya basta de parchear, necesitamos soluciones reales, duraderas y que no involucren pasarle la bola al vecino. Este asunto requiere de una estrategia integral, amigos.
Pero bueno, no todo está perdido. Hay algunas luces al final del túnel, aunque todavía brillan muy tenue. Existe un proyecto de ley (el 25.271) que podría permitirnos actuar rápido en caso de emergencia y tratar hasta 800 toneladas de residuos orgánicos, convirtiéndolos en energía. También se están evaluando plantas de gasificación, que podrían ayudar a reducir el volumen de la basura en la Gran Área Metropolitana. Estas ideas son prometedoras, pero hay que sacarlas adelante, ¡y pronto!
En fin, la situación es grave, compas, pero aún podemos darle la vuelta. Necesitamos que el gobierno, las municipalidades y todos los ciudadanos pongamos nuestras manos a la obra para encontrar soluciones creativas y sostenibles. Separar la basura en casa, reciclar, compostar... ¡todo suma! Ahora dime, ¿qué te parece que podríamos hacer desde nuestros hogares y comunidades para contribuir a solucionar este problema y evitar que Costa Rica se vaya al traste por culpa de la basura?
Para ponerles pausa, la cosa va así: Costa Rica tiene solamente siete rellenos sanitarios que cumplen con las reglas, y la mayoría son más bien changüiteras – pequeñas, manejando menos de 300 toneltadas diarias. Imagínate, apenas para sus propios barrios. Pero luego está la Gran Área Metropolitana, donde se juntan dos monstruos: Aserrí y La Uruca, tragándose miles de toneladas de basura al día. Estos dos solos representan el 60% de toda la mugre que generamos, ¡una locura!
Hablemos clarito, Aserrí está agonizando. Se estima que le quedan menos de 11 meses de vida, ¡más o menos como mi abuela con el azúcar! En septiembre del próximo año, bingo, cerrado. Y La Uruca tampoco pinta muy lejos, pues podría despedirse en marzo o abril del 2026. Esto significa que, en poco tiempo, nos vamos a quedar sin dónde tirar la basura, y ahí sí que empezará el verdadero desmadre. Fíjate que yo digo desmadre… ¡porque las cosas se van a poner feas!
Y lo peor es que la solución no es tan simple como enviar la basura de un lugar a otro. Si intentamos desplazar las 500 toneladas diarias de La Uruca al relleno de Limón, ese pobre relleno, que ahora aguanta 200 toneltadas tranquilamente, se ahogaría recibiendo 700 al día. Su vida útil se reduciría de más de 15 años a solamente cuatro. Lo mismo pasaría con Montes de Oro, que perdería un 40% de su capacidad si tuviera que digerir 1.000 toneladas extra provenientes de Aserrí. ¿Se dan cuenta de la magnitud de la pana?
Esto no es una chinada, fiu. Trasladar la basura de un lado a otro no resuelve nada, sino que empeora la situación y nos lleva directo a un efecto dominó devastador. Imaginen los camiones atascados en la ruta, los municipios peleándose por dónde meter la mugre, los vecinos protestando, y nosotros, los ciudadanos, respirando aires pestilentes y viendo cómo nuestro país se convierte en un basural a cielo abierto. ¡Qué torta!
Además, ni siquiera los rellenos con más años de vida, como Santa Cruz, Limón y Montes de Oro, están a salvo. Si reciben más basura de la que pueden procesar, sus plazos también se acortarán drásticamente. Ya basta de parchear, necesitamos soluciones reales, duraderas y que no involucren pasarle la bola al vecino. Este asunto requiere de una estrategia integral, amigos.
Pero bueno, no todo está perdido. Hay algunas luces al final del túnel, aunque todavía brillan muy tenue. Existe un proyecto de ley (el 25.271) que podría permitirnos actuar rápido en caso de emergencia y tratar hasta 800 toneladas de residuos orgánicos, convirtiéndolos en energía. También se están evaluando plantas de gasificación, que podrían ayudar a reducir el volumen de la basura en la Gran Área Metropolitana. Estas ideas son prometedoras, pero hay que sacarlas adelante, ¡y pronto!
En fin, la situación es grave, compas, pero aún podemos darle la vuelta. Necesitamos que el gobierno, las municipalidades y todos los ciudadanos pongamos nuestras manos a la obra para encontrar soluciones creativas y sostenibles. Separar la basura en casa, reciclar, compostar... ¡todo suma! Ahora dime, ¿qué te parece que podríamos hacer desde nuestros hogares y comunidades para contribuir a solucionar este problema y evitar que Costa Rica se vaya al traste por culpa de la basura?