¡Ay, Dios mío! La Ruta 27, esa carreta que conecta el país, parece que se convirtió en pista de carreras clandestinas los jueves por la noche. Los vecinos están que traman, bien hartitos del ruido, del peligro y de la total indiferencia de las autoridades. Ya ni saben qué hacer, diay.
Esta vaina se repite semana tras semana, como un ritual macabro. Imagínate, gente corriendo a velocidades peligrosísimas, haciendo ruidos de motores que te sacuden hasta los huesos, y sin nadie que les ponga freno. Algunos vecinos ya prefieren quedarse encerrados en sus casas, con miedo de salir a la calle en esos horarios, especialmente si tienen niños chiquitos. ¡Una torta!
Rossi Dueñas, una de las afectadas, me contó que ya le dijo a su hija que ni sueñe con salir después de las 11:00 p.m. o antes de las 2:00 a.m. los jueves. ¿Se imagina el miedo que da? Un susto así no se lo quita ni San Judas. Lo peor es que llaman al 911 y parece que no pasa nada. ¡Qué despiche!
Según el abogado José Zúñiga, especialista en tránsito, esto ya no es nuevo, pero sí cada vez más grave. Él dice que los piques son una forma de delincuencia que se ha normalizado en espacios públicos, utilizando las vías públicas como si fueran su patio trasero. “Utilizar las vías públicas para esas actividades es un delito penal,” enfatizó, cuestionando la inacción de las instituciones. Que alguien le explique al Gobierno por qué no están haciendo nada.
Estos piques no ocurren al azar. Según Zúñiga, se concentran en tramos largos y rectos, donde los corredores pueden alcanzar velocidades impresionantes sin mayores obstáculos. La Interamericana, algunos sectores de Curridabat y Santa Ana, y la ampliación de Circunvalación son los escenarios predilectos de estos “shows”, como él los llama irónicamente. ¡Un brete lo que se vive!
Y no solo eso, ahora la plaga se ha extendido a Guanacaste y Los Santos. Parece que el virus del pique está contagiando a todo el país, y las comunidades afectadas van en aumento. Martín Sánchez, subdirector de Tránsito, reconoce la existencia de “zonas calientes”, pero admite que la situación se mantiene, a pesar de los operativos. ¿Operativos solamente? A ver si se animan a ponerle candado a esto.
Pero la verdadera víctima aquí son los peatones y conductores inocentes. Sánchez advierte que el mayor peligro es para terceros que no tienen nada que ver con estas carreras. Un accidente, y ahí se acabó. Ya no hay vuelta atrás. Mario Redondo, alcalde de Cartago, confirmó que conocen los puntos donde se organizan las carreras, pero reconocen que los organizadores se coordinan por redes sociales, complicando la labor de las autoridades. ¡Qué carga!
Después de escuchar todas estas historias, no puedo evitar preguntarme: ¿hasta cuándo vamos a permitir que unos cuantos irresponsables pongan en riesgo nuestras vidas y nuestra seguridad? ¿No será momento de implementar medidas más drásticas para acabar con este problema, como aumentar la presencia policial, instalar cámaras de vigilancia o incluso cerrar algunas vías en ciertos horarios? ¡Denme su opinión, pues! ¿Qué soluciones proponen para frenar esta ola de piques?
Esta vaina se repite semana tras semana, como un ritual macabro. Imagínate, gente corriendo a velocidades peligrosísimas, haciendo ruidos de motores que te sacuden hasta los huesos, y sin nadie que les ponga freno. Algunos vecinos ya prefieren quedarse encerrados en sus casas, con miedo de salir a la calle en esos horarios, especialmente si tienen niños chiquitos. ¡Una torta!
Rossi Dueñas, una de las afectadas, me contó que ya le dijo a su hija que ni sueñe con salir después de las 11:00 p.m. o antes de las 2:00 a.m. los jueves. ¿Se imagina el miedo que da? Un susto así no se lo quita ni San Judas. Lo peor es que llaman al 911 y parece que no pasa nada. ¡Qué despiche!
Según el abogado José Zúñiga, especialista en tránsito, esto ya no es nuevo, pero sí cada vez más grave. Él dice que los piques son una forma de delincuencia que se ha normalizado en espacios públicos, utilizando las vías públicas como si fueran su patio trasero. “Utilizar las vías públicas para esas actividades es un delito penal,” enfatizó, cuestionando la inacción de las instituciones. Que alguien le explique al Gobierno por qué no están haciendo nada.
Estos piques no ocurren al azar. Según Zúñiga, se concentran en tramos largos y rectos, donde los corredores pueden alcanzar velocidades impresionantes sin mayores obstáculos. La Interamericana, algunos sectores de Curridabat y Santa Ana, y la ampliación de Circunvalación son los escenarios predilectos de estos “shows”, como él los llama irónicamente. ¡Un brete lo que se vive!
Y no solo eso, ahora la plaga se ha extendido a Guanacaste y Los Santos. Parece que el virus del pique está contagiando a todo el país, y las comunidades afectadas van en aumento. Martín Sánchez, subdirector de Tránsito, reconoce la existencia de “zonas calientes”, pero admite que la situación se mantiene, a pesar de los operativos. ¿Operativos solamente? A ver si se animan a ponerle candado a esto.
Pero la verdadera víctima aquí son los peatones y conductores inocentes. Sánchez advierte que el mayor peligro es para terceros que no tienen nada que ver con estas carreras. Un accidente, y ahí se acabó. Ya no hay vuelta atrás. Mario Redondo, alcalde de Cartago, confirmó que conocen los puntos donde se organizan las carreras, pero reconocen que los organizadores se coordinan por redes sociales, complicando la labor de las autoridades. ¡Qué carga!
Después de escuchar todas estas historias, no puedo evitar preguntarme: ¿hasta cuándo vamos a permitir que unos cuantos irresponsables pongan en riesgo nuestras vidas y nuestra seguridad? ¿No será momento de implementar medidas más drásticas para acabar con este problema, como aumentar la presencia policial, instalar cámaras de vigilancia o incluso cerrar algunas vías en ciertos horarios? ¡Denme su opinión, pues! ¿Qué soluciones proponen para frenar esta ola de piques?