¡Ay, Dios mío! Aquí seguimos con movidas políticas, y ahora resulta que el PLN tuvo que agarrarle prestado al banco para poder moverse en estas elecciones del 2026. Ya saben, entre tanto discurso y promesa, alguien tiene que ponerle el billete, ¿verdad?
Todo empezó con unos retrasos en las asambleas cantonales, esas reuniones donde dicen que la gente participa… bueno, pues ahí hubo un lío y parecía que iban a perder la oportunidad de acceder a la ‘deuda política’, esa plata que les da el Estado, pa’ que hagan campaña. Imagínense el bronca, quedarse secos así, ¡qué torta!
Pues resultan que para evitar irse al traste, el PLN le pidió un buen crédito al Banco BCT. Dicen que ronda los ¢3.400 millones, ¡una suma considerabble, mae! Igual que lo hicieron en la campaña anterior, ¿quién iba a pensar que volverían a meterse en eso?. Según parece, sacaron un “bono serie A” para conseguirlo, suena fancy, pero al final es simple: piden prestado.
Ahora, claro, viene la pregunta del millón: ¿dónde va a parar toda esa lana? El candidato, Álvaro Ramos, anda diciendo que van a ser austeros, que esta campaña será “bastante menos” que las anteriores. Pero bueno, ya sabemos cómo andan las cosas, siempre hay una forma de gastar bien o mal la plata, ¿no creen?
Pero ojo, que no todo es crédito. También han estado recibiendo donaciones, aunque aparentemente no alcanza. El partido dice estar agradecido con la gente que ha colaborado, y eso es bueno, pero igual necesitaban ese empujón financiero. Parece que la ‘mística liberacionista’ no rinde milagros, a veces hay que recurrir a otras medidas.
Y hablando de medidas, el gran drama fue esa asamblea en San Ramón. Después de 17 intentos fallidos, ¡diecisiete!, finalmente lograron reunirse y renovar sus estructuras partidarias. Dicen que fue una batalla campal de egos y diferencias internas, pero al final triunfó la voluntad... o la necesidad de tener la llave para acceder a la deuda política. Ramos hasta festejó asegurando que “ganó la institucionalidad”, ¡qué chiva!
El TSE, como siempre, estaba ahí echándole ojo. Primero les dio permiso para participar en las elecciones aunque no estuvieran completos, pero luego les puso el pie en la puerta, recordándoles que sin renovar las estructuras no verían ni un céntimo de la contribución estatal. Al final, tuvieron que agachar la cabeza y cumplir con lo que pedían. Parece que hasta los políticos tienen que aprender a seguir las reglas, ¿eh?
Con todo esto, me pregunto qué opinan ustedes: ¿Es ético que los partidos políticos dependan tanto de préstamos bancarios y donaciones privadas para financiar sus campañas? ¿No deberían existir regulaciones más estrictas para garantizar una mayor transparencia y equidad en el financiamiento político en nuestro país?
Todo empezó con unos retrasos en las asambleas cantonales, esas reuniones donde dicen que la gente participa… bueno, pues ahí hubo un lío y parecía que iban a perder la oportunidad de acceder a la ‘deuda política’, esa plata que les da el Estado, pa’ que hagan campaña. Imagínense el bronca, quedarse secos así, ¡qué torta!
Pues resultan que para evitar irse al traste, el PLN le pidió un buen crédito al Banco BCT. Dicen que ronda los ¢3.400 millones, ¡una suma considerabble, mae! Igual que lo hicieron en la campaña anterior, ¿quién iba a pensar que volverían a meterse en eso?. Según parece, sacaron un “bono serie A” para conseguirlo, suena fancy, pero al final es simple: piden prestado.
Ahora, claro, viene la pregunta del millón: ¿dónde va a parar toda esa lana? El candidato, Álvaro Ramos, anda diciendo que van a ser austeros, que esta campaña será “bastante menos” que las anteriores. Pero bueno, ya sabemos cómo andan las cosas, siempre hay una forma de gastar bien o mal la plata, ¿no creen?
Pero ojo, que no todo es crédito. También han estado recibiendo donaciones, aunque aparentemente no alcanza. El partido dice estar agradecido con la gente que ha colaborado, y eso es bueno, pero igual necesitaban ese empujón financiero. Parece que la ‘mística liberacionista’ no rinde milagros, a veces hay que recurrir a otras medidas.
Y hablando de medidas, el gran drama fue esa asamblea en San Ramón. Después de 17 intentos fallidos, ¡diecisiete!, finalmente lograron reunirse y renovar sus estructuras partidarias. Dicen que fue una batalla campal de egos y diferencias internas, pero al final triunfó la voluntad... o la necesidad de tener la llave para acceder a la deuda política. Ramos hasta festejó asegurando que “ganó la institucionalidad”, ¡qué chiva!
El TSE, como siempre, estaba ahí echándole ojo. Primero les dio permiso para participar en las elecciones aunque no estuvieran completos, pero luego les puso el pie en la puerta, recordándoles que sin renovar las estructuras no verían ni un céntimo de la contribución estatal. Al final, tuvieron que agachar la cabeza y cumplir con lo que pedían. Parece que hasta los políticos tienen que aprender a seguir las reglas, ¿eh?
Con todo esto, me pregunto qué opinan ustedes: ¿Es ético que los partidos políticos dependan tanto de préstamos bancarios y donaciones privadas para financiar sus campañas? ¿No deberían existir regulaciones más estrictas para garantizar una mayor transparencia y equidad en el financiamiento político en nuestro país?