Ay, mae, qué historia me agarró este nuevo rollo de Vince Gilligan. Después de hacernos sufrir (y disfrutar, seamos sinceros) con Breaking Bad y Better Call Saul, pensábamos que ya había sacado toda la mugre creativa, ¿eh? Pues resulta que todavía guardaba unos cuantos sustos bajo la manga, y vaya que este 'Pluribus' te pone los pelos de punta de una manera bien particular.
La idea es sencilla, pero letal: imagina un virus que transforma a to’el planeta en una masa homogénea de gente feliz, conectada mentalmente, dispuesta a ayudarte en todo. Rhea Seehorn, quien interpreta a Carol Sturka, una escritora de novelas románticas paranormales (sí, así), es la única inmune. Ella se encuentra atrapada en su casa, con el cuerpo de su esposa recién fallecida, rodeada de una sonrisa omnipresente que sale de cada televisión, radio y bocina. El mundo entero es un abrazo gigante... y claustrofóbico.
Lo que me voló la cabeza es cómo Gilligan no recurre a monstruos ni aliens espaciales. El verdadero miedo está en lo familiar, en esa presión social que sentimos cada vez más: tener que estar de acuerdo, evitar el conflicto, buscar la aprobación constante. ¿Se acuerdan cuando decíamos ‘maé’, ‘idiay’? Ahora, si expresas una opinión diferente, te miran como si fueras un extraterrestre. Esta serie le da en la cara a esa tendencia a uniformarnos, a borrar las diferencias.
Seehorn está brutal, tremenda, diay. No es la heroína perfecta, no. Es una señora con el corazón roto, llena de dudas, sarcástica hasta la médula. Esa imperfección es lo que la hace tan cercana, tan humana. Te empatizas con ella porque ves reflejado tu propio malestar, tu propia frustración ante un mundo que parece querer aplastarte bajo el peso de la conformidad.
Además, Gilligan maneja el suspense con maestría. No te bombardea con efectos especiales ni escenas de acción exageradas. Va lento, construye la tensión gradualmente, te mete en la piel de Carol hasta que sientes que tú mismo estás siendo asfixiado por esa amabilidad artificial. Hay una escena, particularmente, donde un funcionario del gobierno le habla a través de la tele, dirigiéndose a ella como “único espectador”, cambiando los titulares en tiempo real para intentar complacerla. Da escalofríos, diay. Uno siente que se le pone la piel chinita.
Y ahí radica la genialidad de 'Pluribus': utiliza una premisa de ciencia ficción para plantear preguntas profundas sobre nuestra condición humana. ¿Es realmente deseable una felicidad perpetua, sin conflictos, sin contradicciones? ¿Qué perdemos cuando renunciamos a nuestra individualidad? ¿Estamos, inconscientemente, sacrificando nuestra libertad en aras de la comodidad y la aceptación?
Me recordó bastante a 'La Invasión de los Ladrones de Cuerpos', pero con un toque moderno y más introspectivo. No es una invasión física, sino mental. No hay seres alienígenas que nos reemplazan, sino nosotros mismos, autodestruyéndonos al abrazar un ideal de armonía a cualquier precio. Y la serie va más allá de la simple crítica a la tecnología. Explora la naturaleza de la identidad, la importancia del duelo, la necesidad de expresar nuestras emociones, incluso las negativas.
Al final, 'Pluribus' no es solo una serie de ciencia ficción, es un espejo en el que podemos vernos reflejados. Una advertencia sobre los peligros del pensamiento único y una celebración de la individualidad, con todo su desgarro y complejidad. Así que dime, mi pana: ¿hasta dónde estás dispuesto a sacrificar tu propia esencia para encajar en un mundo que te exige conformarte?
La idea es sencilla, pero letal: imagina un virus que transforma a to’el planeta en una masa homogénea de gente feliz, conectada mentalmente, dispuesta a ayudarte en todo. Rhea Seehorn, quien interpreta a Carol Sturka, una escritora de novelas románticas paranormales (sí, así), es la única inmune. Ella se encuentra atrapada en su casa, con el cuerpo de su esposa recién fallecida, rodeada de una sonrisa omnipresente que sale de cada televisión, radio y bocina. El mundo entero es un abrazo gigante... y claustrofóbico.
Lo que me voló la cabeza es cómo Gilligan no recurre a monstruos ni aliens espaciales. El verdadero miedo está en lo familiar, en esa presión social que sentimos cada vez más: tener que estar de acuerdo, evitar el conflicto, buscar la aprobación constante. ¿Se acuerdan cuando decíamos ‘maé’, ‘idiay’? Ahora, si expresas una opinión diferente, te miran como si fueras un extraterrestre. Esta serie le da en la cara a esa tendencia a uniformarnos, a borrar las diferencias.
Seehorn está brutal, tremenda, diay. No es la heroína perfecta, no. Es una señora con el corazón roto, llena de dudas, sarcástica hasta la médula. Esa imperfección es lo que la hace tan cercana, tan humana. Te empatizas con ella porque ves reflejado tu propio malestar, tu propia frustración ante un mundo que parece querer aplastarte bajo el peso de la conformidad.
Además, Gilligan maneja el suspense con maestría. No te bombardea con efectos especiales ni escenas de acción exageradas. Va lento, construye la tensión gradualmente, te mete en la piel de Carol hasta que sientes que tú mismo estás siendo asfixiado por esa amabilidad artificial. Hay una escena, particularmente, donde un funcionario del gobierno le habla a través de la tele, dirigiéndose a ella como “único espectador”, cambiando los titulares en tiempo real para intentar complacerla. Da escalofríos, diay. Uno siente que se le pone la piel chinita.
Y ahí radica la genialidad de 'Pluribus': utiliza una premisa de ciencia ficción para plantear preguntas profundas sobre nuestra condición humana. ¿Es realmente deseable una felicidad perpetua, sin conflictos, sin contradicciones? ¿Qué perdemos cuando renunciamos a nuestra individualidad? ¿Estamos, inconscientemente, sacrificando nuestra libertad en aras de la comodidad y la aceptación?
Me recordó bastante a 'La Invasión de los Ladrones de Cuerpos', pero con un toque moderno y más introspectivo. No es una invasión física, sino mental. No hay seres alienígenas que nos reemplazan, sino nosotros mismos, autodestruyéndonos al abrazar un ideal de armonía a cualquier precio. Y la serie va más allá de la simple crítica a la tecnología. Explora la naturaleza de la identidad, la importancia del duelo, la necesidad de expresar nuestras emociones, incluso las negativas.
Al final, 'Pluribus' no es solo una serie de ciencia ficción, es un espejo en el que podemos vernos reflejados. Una advertencia sobre los peligros del pensamiento único y una celebración de la individualidad, con todo su desgarro y complejidad. Así que dime, mi pana: ¿hasta dónde estás dispuesto a sacrificar tu propia esencia para encajar en un mundo que te exige conformarte?