¡Ay, Dios mío! Resulta que la Fiscalía y la Interpol le dieron duro a dos hermanos, los señores Wang, que andaban moviéndose por Colombia y Brasil. Parece que estos dos se dedicaron a hacerle una jugarreta al Estado costarricense por unos cuantos millones de dólares. ¡Imagínate el bronca que deben tener!
Todo empezó hace un buen rato, cuando salió a luz una presunta estafa que afectó a una institución pública. No vamos a poner nombres todavía, pero digamos que hablamos de varios millones de colones – más de tres millones de dólares, para que se hagan una idea – que desaparecieron misteriosamente. Por eso requirieron a estos señores Wang, porque la plata terminó en sus bolsillos, según la investigación.
Lo curioso de este caso es cómo lograron escabullirse del país. Según nos cuentan desde el OIJ, tenían órdenes de captura internacionales y alertas rojas activas con Interpol, lo cual complica bastante el plan de huir. Pero, fíjate tú, se fueron a vivir tranquilos a Bogotá y Santa Catalina, pensando que ahí nadie iba a buscarles. ¡Qué ilusos!
El operativo fue una maravilla, coordinado entre Costa Rica, Colombia y Brasil. El primero en caer fue el hermano mayor, de 46 años, allá en Bogotá. Lo agarraron de manos en la calle, caminando solito. Luego, un par de meses después, también capturaron al otro, el de 54 años, en Santa Catalina, Brasil. ¡Así no hay quien se salve, diay!
Ahora, los abogados van a empezar a mover el chip para intentar evitar la extradición, buscando tecnicismos legales y demás. Pero la Fiscalía está decidida a llevarlos a cuentas, y con razón. Tres millones de dólares no son precisamente un chunche, ¿eh? Esa plata podría haber servido para muchas cosas en hospitales, escuelas... ¡Una pena que la hayan desviado así!
Desde el OIJ nos confirman que ya están trabajando en los trámites de extradición para traerlos de vuelta a Costa Rica. Así podrán enfrentar los cargos que se les imputan y explicar ante un juez qué pasó con esa plata. Esperemos que la justicia haga lo suyo y que recuperemos lo que nos hicieron perder. ¡Será todo un brete conseguir que paguen hasta el último centavo!
Esto nos deja pensando en la importancia de fortalecer los controles internos en las instituciones públicas. ¿Cómo es posible que una estafa de tamaña magnitud pase desapercibida durante tanto tiempo? ¿No deberíamos revisar los procesos de auditoría y supervisión para evitar que esto vuelva a ocurrir? A veces uno se queda pensando si realmente tenemos suficiente gente honesta trabajando por nosotros.
Y ahora la pregunta para ustedes, mis queridos foreros: ¿creen que este caso revelará otras irregularidades en la institución afectada? ¿Qué medidas deberían tomarse para prevenir futuras estafas de este tipo y recuperar la confianza de la ciudadanía en nuestras instituciones públicas?
Todo empezó hace un buen rato, cuando salió a luz una presunta estafa que afectó a una institución pública. No vamos a poner nombres todavía, pero digamos que hablamos de varios millones de colones – más de tres millones de dólares, para que se hagan una idea – que desaparecieron misteriosamente. Por eso requirieron a estos señores Wang, porque la plata terminó en sus bolsillos, según la investigación.
Lo curioso de este caso es cómo lograron escabullirse del país. Según nos cuentan desde el OIJ, tenían órdenes de captura internacionales y alertas rojas activas con Interpol, lo cual complica bastante el plan de huir. Pero, fíjate tú, se fueron a vivir tranquilos a Bogotá y Santa Catalina, pensando que ahí nadie iba a buscarles. ¡Qué ilusos!
El operativo fue una maravilla, coordinado entre Costa Rica, Colombia y Brasil. El primero en caer fue el hermano mayor, de 46 años, allá en Bogotá. Lo agarraron de manos en la calle, caminando solito. Luego, un par de meses después, también capturaron al otro, el de 54 años, en Santa Catalina, Brasil. ¡Así no hay quien se salve, diay!
Ahora, los abogados van a empezar a mover el chip para intentar evitar la extradición, buscando tecnicismos legales y demás. Pero la Fiscalía está decidida a llevarlos a cuentas, y con razón. Tres millones de dólares no son precisamente un chunche, ¿eh? Esa plata podría haber servido para muchas cosas en hospitales, escuelas... ¡Una pena que la hayan desviado así!
Desde el OIJ nos confirman que ya están trabajando en los trámites de extradición para traerlos de vuelta a Costa Rica. Así podrán enfrentar los cargos que se les imputan y explicar ante un juez qué pasó con esa plata. Esperemos que la justicia haga lo suyo y que recuperemos lo que nos hicieron perder. ¡Será todo un brete conseguir que paguen hasta el último centavo!
Esto nos deja pensando en la importancia de fortalecer los controles internos en las instituciones públicas. ¿Cómo es posible que una estafa de tamaña magnitud pase desapercibida durante tanto tiempo? ¿No deberíamos revisar los procesos de auditoría y supervisión para evitar que esto vuelva a ocurrir? A veces uno se queda pensando si realmente tenemos suficiente gente honesta trabajando por nosotros.
Y ahora la pregunta para ustedes, mis queridos foreros: ¿creen que este caso revelará otras irregularidades en la institución afectada? ¿Qué medidas deberían tomarse para prevenir futuras estafas de este tipo y recuperar la confianza de la ciudadanía en nuestras instituciones públicas?