Imaginen la escena, pura vida: nuestro compa Ole Frederick Sveen, relajadito en Grecia, recibiendo la bendición de una notificación de la lotería. Un premio millonario, casi 100.000 euros, directo a su celular. ¡Qué chiva!, pensó. De repente, de turista bronceado a multimillonario en un abrir y cerrar de ojos. Pero como dicen por acá, “no hay jabón que dure cien años”.
La emoción fue tal que, obvio, se lo contó a su pareja. Ya estaban visualizando la casita en Atenas, dejándose caer del trabajo, viajando por Europa con todos los gastos pagados. Un brete la planificación de su nuevo estilo de vida, llena de sueños grandotes y cero preocupaciones. Hasta a la mami le mandó un mensajito rápido para darle la buena nueva, ¡qué alegría!
Pero resulta que algo andaba chungo. Como buen tico, Sveen revisó los números oficiales por su cuenta, y ahí se dio cuenta: ¡La cosa no cuadraba! No era tan sencillo como recibir un mensaje y hacerse rico de la noche a la mañana. Se jaló una torta la lotería, se dieron cuenta demasiado tarde.
Parece que la empresa estatal Norsk Tipping, allá en Noruega, tuvo un churro monumental al convertir los premios de euros a coronas noruegas. Multiplicaron donde tenían que dividir, inflándolo todo. ¡Una vaca! Imagínense el fiasco: enviaron notificaciones erróneas a cerca de 47.000 personas, haciéndoles creer que eran millonarios. Un verdadero chapuzón para la credibilidad de la institución.
Nuestro compa Sveen, que ahora sí estaba bien confundido, nos comentó que sintió como si le hubieran quitado el suelo bajo los pies. “Es duro que te digan que ganaste y luego te lo quiten”, nos dijo, todavía con la cara de pocos amigos. Él, que es instructor de cocina, ya se imaginaba abriendo su restaurante gourmet en Santorini. Pero la realidad le dio un balazo frío.
El asunto causó tremendo alboroto en Noruega. La directora ejecutiva de Norsk Tipping salió corriendo, con toda la presión mediática encima. El daño no fue tanto económico para Sveen –solo unos 15 euros fueron el premio real–, sino más bien emocional. Que te ilusionen así para dejarte botado, ¡eso duele a toa madre! Definitivamente, se va a olvidar de comprar boletos de lotería, aprendió la lección a las malas.
Este caso nos recuerda que, a veces, los sueños más bonitos son también los más efímeros. Nos enseña a mantener los pies en la tierra, aunque la esperanza siempre esté presente. Porque, díganme, ¿cuántas veces hemos sentido que estábamos a punto de lograr algo grande, solo para que la vida nos pusiera un limón?
Y hablando de ilusiones rotas y golpes inesperados, ¿ustedes qué opinan? ¿Creen que las empresas deberían asumir más responsabilidad por los errores que afectan la vida de las personas, aún cuando sean pequeños percances? Compartan sus experiencias en el foro, ¡vamos a ver qué sale de esta bronca!
La emoción fue tal que, obvio, se lo contó a su pareja. Ya estaban visualizando la casita en Atenas, dejándose caer del trabajo, viajando por Europa con todos los gastos pagados. Un brete la planificación de su nuevo estilo de vida, llena de sueños grandotes y cero preocupaciones. Hasta a la mami le mandó un mensajito rápido para darle la buena nueva, ¡qué alegría!
Pero resulta que algo andaba chungo. Como buen tico, Sveen revisó los números oficiales por su cuenta, y ahí se dio cuenta: ¡La cosa no cuadraba! No era tan sencillo como recibir un mensaje y hacerse rico de la noche a la mañana. Se jaló una torta la lotería, se dieron cuenta demasiado tarde.
Parece que la empresa estatal Norsk Tipping, allá en Noruega, tuvo un churro monumental al convertir los premios de euros a coronas noruegas. Multiplicaron donde tenían que dividir, inflándolo todo. ¡Una vaca! Imagínense el fiasco: enviaron notificaciones erróneas a cerca de 47.000 personas, haciéndoles creer que eran millonarios. Un verdadero chapuzón para la credibilidad de la institución.
Nuestro compa Sveen, que ahora sí estaba bien confundido, nos comentó que sintió como si le hubieran quitado el suelo bajo los pies. “Es duro que te digan que ganaste y luego te lo quiten”, nos dijo, todavía con la cara de pocos amigos. Él, que es instructor de cocina, ya se imaginaba abriendo su restaurante gourmet en Santorini. Pero la realidad le dio un balazo frío.
El asunto causó tremendo alboroto en Noruega. La directora ejecutiva de Norsk Tipping salió corriendo, con toda la presión mediática encima. El daño no fue tanto económico para Sveen –solo unos 15 euros fueron el premio real–, sino más bien emocional. Que te ilusionen así para dejarte botado, ¡eso duele a toa madre! Definitivamente, se va a olvidar de comprar boletos de lotería, aprendió la lección a las malas.
Este caso nos recuerda que, a veces, los sueños más bonitos son también los más efímeros. Nos enseña a mantener los pies en la tierra, aunque la esperanza siempre esté presente. Porque, díganme, ¿cuántas veces hemos sentido que estábamos a punto de lograr algo grande, solo para que la vida nos pusiera un limón?
Y hablando de ilusiones rotas y golpes inesperados, ¿ustedes qué opinan? ¿Creen que las empresas deberían asumir más responsabilidad por los errores que afectan la vida de las personas, aún cuando sean pequeños percances? Compartan sus experiencias en el foro, ¡vamos a ver qué sale de esta bronca!