¡Ay, papá Dios! La bohemia nacional está de luto. Se nos fue Don Lucho Barahona, un máster del escenario, un hombre que le puso alma y corazón al teatro costarricense. La noticia llegó como un balde de agua fría gracias a Cecilia García, quien lo anunció en sus redes, dejando a todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo con el corazón roto.
Lucho, nacido en Chile pero adoptado por nuestra tierra, fue mucho más que un actor y dramaturgo; fue un maestro para varias generaciones de artistas. Su influencia se siente en cada tabla, en cada personaje que ha cobrado vida bajo sus manos. Siempre decía que el teatro era un espejo de la sociedad, y vaya si lo reflejó con sus obras, tocando temas sensibles y provocando reflexión en el público. Él entendía que el teatro no era solo entretenimiento, sino también herramienta de cambio social.
Desde sus inicios en la escena teatral, Barahona se destacó por su versatilidad y compromiso con la calidad artística. Trabajó con directores e intérpretes de renombre, participando en montajes emblemáticos que marcaron hitos en la historia del teatro nacional. No importaba si era una comedia o un drama profundo, Lucho siempre entregaba lo mejor de sí mismo, contagiando a todos con su pasión y entusiasmo. Recuerdo verlo actuar en 'La Canción Abierta', ¡qué cargaaa!, me quedé pegado al asiento con la fuerza de la obra.
En 2023, la Asamblea Legislativa le rindió un merecido homenaje declarándolo Ciudadano de Honor. Una distinción que reconoce su invaluable contribución al enriquecimiento cultural de nuestro país. Era el reconocimiento que tanto esperaba, y aunque ya no pueda disfrutarlo plenamente, sabemos que estará orgulloso de saber que su labor fue valorada por las autoridades nacionales. Era un hombre sencillo, lejos de pomposidades, pero con una inteligencia y sensibilidad pocas veces vistas.
Con 94 años vividos intensamente, Lucho deja un vacío inmenso en el mundo artístico costarricense. Pero su legado perdurará por siempre, en las obras que escribió, en los actores que formó y en la memoria colectiva de quienes disfrutamos de su arte. Sus enseñanzas, anécdotas y consejos seguirán inspirando a las nuevas generaciones de artistas a perseguir sus sueños y a defender la cultura nacional. Él nos enseñó a amar el teatro, a creer en el poder transformador del arte.
Pero no todo fue luces brillantes en la vida de Lucho. Como cualquier artista, tuvo sus altibajos, sus momentos difíciles. Hubo proyectos que no prosperaron, críticas que le dolieron profundamente. Pero él nunca se rindió, siempre perseveró en su camino, manteniendo intacta su fe en el talento costarricense y en el futuro del teatro. Recordaré siempre su sonrisa cómplice y su capacidad para encontrar belleza incluso en las situaciones más adversas. Qué man! Un ejemplo de resiliencia y optimismo.
La noticia de su partida generó una ola de mensajes de condolencias y homenajes en redes sociales. Artistas, políticos, intelectuales y aficionados expresaron su tristeza y agradecimiento por su vida y obra. El Teatro Nacional amaneció hoy con banderas a media asta, un gesto de respeto y despedida hacia este ícono cultural que marcó una época. Muchos recuerdan sus clases magistrales donde te daba con toda la honestidad un correctivo si no le sacabas el jugo a un personaje... ¡Y razón tenía!
Ahora, mientras reflexionamos sobre la huella imborrable que dejó Don Lucho en el panorama artístico nacional, me pregunto: ¿Cómo podemos honrar verdaderamente su memoria y asegurar que su legado siga vivo para las futuras generaciones de artistas costarricenses? ¿Cuál creen que sería la mejor forma de mantener viva la llama del teatro que tanto amó?
Lucho, nacido en Chile pero adoptado por nuestra tierra, fue mucho más que un actor y dramaturgo; fue un maestro para varias generaciones de artistas. Su influencia se siente en cada tabla, en cada personaje que ha cobrado vida bajo sus manos. Siempre decía que el teatro era un espejo de la sociedad, y vaya si lo reflejó con sus obras, tocando temas sensibles y provocando reflexión en el público. Él entendía que el teatro no era solo entretenimiento, sino también herramienta de cambio social.
Desde sus inicios en la escena teatral, Barahona se destacó por su versatilidad y compromiso con la calidad artística. Trabajó con directores e intérpretes de renombre, participando en montajes emblemáticos que marcaron hitos en la historia del teatro nacional. No importaba si era una comedia o un drama profundo, Lucho siempre entregaba lo mejor de sí mismo, contagiando a todos con su pasión y entusiasmo. Recuerdo verlo actuar en 'La Canción Abierta', ¡qué cargaaa!, me quedé pegado al asiento con la fuerza de la obra.
En 2023, la Asamblea Legislativa le rindió un merecido homenaje declarándolo Ciudadano de Honor. Una distinción que reconoce su invaluable contribución al enriquecimiento cultural de nuestro país. Era el reconocimiento que tanto esperaba, y aunque ya no pueda disfrutarlo plenamente, sabemos que estará orgulloso de saber que su labor fue valorada por las autoridades nacionales. Era un hombre sencillo, lejos de pomposidades, pero con una inteligencia y sensibilidad pocas veces vistas.
Con 94 años vividos intensamente, Lucho deja un vacío inmenso en el mundo artístico costarricense. Pero su legado perdurará por siempre, en las obras que escribió, en los actores que formó y en la memoria colectiva de quienes disfrutamos de su arte. Sus enseñanzas, anécdotas y consejos seguirán inspirando a las nuevas generaciones de artistas a perseguir sus sueños y a defender la cultura nacional. Él nos enseñó a amar el teatro, a creer en el poder transformador del arte.
Pero no todo fue luces brillantes en la vida de Lucho. Como cualquier artista, tuvo sus altibajos, sus momentos difíciles. Hubo proyectos que no prosperaron, críticas que le dolieron profundamente. Pero él nunca se rindió, siempre perseveró en su camino, manteniendo intacta su fe en el talento costarricense y en el futuro del teatro. Recordaré siempre su sonrisa cómplice y su capacidad para encontrar belleza incluso en las situaciones más adversas. Qué man! Un ejemplo de resiliencia y optimismo.
La noticia de su partida generó una ola de mensajes de condolencias y homenajes en redes sociales. Artistas, políticos, intelectuales y aficionados expresaron su tristeza y agradecimiento por su vida y obra. El Teatro Nacional amaneció hoy con banderas a media asta, un gesto de respeto y despedida hacia este ícono cultural que marcó una época. Muchos recuerdan sus clases magistrales donde te daba con toda la honestidad un correctivo si no le sacabas el jugo a un personaje... ¡Y razón tenía!
Ahora, mientras reflexionamos sobre la huella imborrable que dejó Don Lucho en el panorama artístico nacional, me pregunto: ¿Cómo podemos honrar verdaderamente su memoria y asegurar que su legado siga vivo para las futuras generaciones de artistas costarricenses? ¿Cuál creen que sería la mejor forma de mantener viva la llama del teatro que tanto amó?