¡Ay, comadie! Se armó un alboroto con la noticia de que las multas de tránsito bajaron. Imaginen la cara de alivio de esos que siempre andan al límite, corriendo riesgos como si fueran corredores olímpicos... Pero espérense ahí, que no todo es miel sobre hojuelas, vamos a analizar esto con calma y ponerle pausa, porque todavía hay mucho chunche por digerir.
Resulta que el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) hizo unos ajustes, como dicen ellos, basados en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Básicamente, influyó ese pequeño porcentaje que nos dijo adiós al año pasado, dejando unas reducciones, aunque sean menores, en los montos de algunas multas. Dicen que es un ajuste anual, como darle mantenimiento al carro, pero la verdad, muchos esperábamos algo más contundente, diay.
Según el Consejo Superior del Poder Judicial, ese índice del 0,22% fue el responsable de este cambio. Suena técnico, ¿verdad? Pero básicamente significa que, aunque bajaron los números, no estamos hablando de una revolución en nuestras billeteras. Más bien, una pequeña muestra de bondad por parte del gobierno, o eso quieren hacernos creer, imagínate. Pero bueno, nunca está de más cualquier ahorro, ¿no creen?
Vamos a ver unos ejemplos concretos, porque así nos va mejor entenderlo. La multa más alta, esa que te puede dejar tirado con la cartera abierta, pasó de ¢363.639,15 a ¢362.839,14. ¡Un ahorro significativo!, dice el MOPT... ¡Ajá! Eso es como ganar la lotería pequeña. Se aplica a cosas graves como voltearte a hacer un giro en U donde no se puede o ir pisando fondo en la autopista, superando los 120 kilómetros por hora. Mejor conducir con cuidado, mi pana, que eso sí duele.
Luego tenemos la clásica multa por restricción vehicular, esa que te atrapa cuando menos te lo esperas. Antes costaba ¢26.062,87 y ahora pagamos ¢26.005,53. Una diferencia mínima, pero si le sumas varias multas de esas, ya empieza a doler. Y ni hablemos de las faltas asociadas, como no llevar el extintor o acelerarle a un accidente. ¡Eso es pura sal!
Pero no todo es lo malo. Hay otras multas que se mantienen como estaban o incluso bajaron un poco más, como la de no llevar un niño con el dispositivito de seguridad adecuado (ya saben, la silla), que ronda los ¢245.000. También se aprecia la reducción en la sanción por no usar el cinturón o hablar por teléfono al volante, que ahora cuesta alrededor de ¢123.000. Un recordatorio importante: la seguridad primero, mi llave.
Lo que realmente me preocupa, y creo que a muchos otros también, es que el estacionamiento indebido sigue siendo la infracción más común. Ahora, el valor de la multa por estacionarse donde no se debe ha bajado a unos ¢61.000. ¿Será que con eso van a evitar que la gente se pare donde le da la gana? Dudo mucho, porque los parques son insuficientes y la costumbre de hacer “mi rancho” en la calle es muy arraigada, ay, qué pena. Además, muchas veces las señales no son claras, ¿quién puede culpar a alguien por equivocarse?
En fin, las multas bajaron un poquito, pero la responsabilidad de conducir seguro sigue siendo nuestra. Las autoridades insisten en eso, claro, pero la verdad, a veces parece que solo buscan sacarles plata a los conductores. Y ustedes, ¿creen que esta baja en las multas realmente cambiará el comportamiento de los conductores en las carreteras o será solo maquillaje para quedar bien ante la opinión pública? ¡Compartan sus ideas en el foro!
Resulta que el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) hizo unos ajustes, como dicen ellos, basados en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Básicamente, influyó ese pequeño porcentaje que nos dijo adiós al año pasado, dejando unas reducciones, aunque sean menores, en los montos de algunas multas. Dicen que es un ajuste anual, como darle mantenimiento al carro, pero la verdad, muchos esperábamos algo más contundente, diay.
Según el Consejo Superior del Poder Judicial, ese índice del 0,22% fue el responsable de este cambio. Suena técnico, ¿verdad? Pero básicamente significa que, aunque bajaron los números, no estamos hablando de una revolución en nuestras billeteras. Más bien, una pequeña muestra de bondad por parte del gobierno, o eso quieren hacernos creer, imagínate. Pero bueno, nunca está de más cualquier ahorro, ¿no creen?
Vamos a ver unos ejemplos concretos, porque así nos va mejor entenderlo. La multa más alta, esa que te puede dejar tirado con la cartera abierta, pasó de ¢363.639,15 a ¢362.839,14. ¡Un ahorro significativo!, dice el MOPT... ¡Ajá! Eso es como ganar la lotería pequeña. Se aplica a cosas graves como voltearte a hacer un giro en U donde no se puede o ir pisando fondo en la autopista, superando los 120 kilómetros por hora. Mejor conducir con cuidado, mi pana, que eso sí duele.
Luego tenemos la clásica multa por restricción vehicular, esa que te atrapa cuando menos te lo esperas. Antes costaba ¢26.062,87 y ahora pagamos ¢26.005,53. Una diferencia mínima, pero si le sumas varias multas de esas, ya empieza a doler. Y ni hablemos de las faltas asociadas, como no llevar el extintor o acelerarle a un accidente. ¡Eso es pura sal!
Pero no todo es lo malo. Hay otras multas que se mantienen como estaban o incluso bajaron un poco más, como la de no llevar un niño con el dispositivito de seguridad adecuado (ya saben, la silla), que ronda los ¢245.000. También se aprecia la reducción en la sanción por no usar el cinturón o hablar por teléfono al volante, que ahora cuesta alrededor de ¢123.000. Un recordatorio importante: la seguridad primero, mi llave.
Lo que realmente me preocupa, y creo que a muchos otros también, es que el estacionamiento indebido sigue siendo la infracción más común. Ahora, el valor de la multa por estacionarse donde no se debe ha bajado a unos ¢61.000. ¿Será que con eso van a evitar que la gente se pare donde le da la gana? Dudo mucho, porque los parques son insuficientes y la costumbre de hacer “mi rancho” en la calle es muy arraigada, ay, qué pena. Además, muchas veces las señales no son claras, ¿quién puede culpar a alguien por equivocarse?
En fin, las multas bajaron un poquito, pero la responsabilidad de conducir seguro sigue siendo nuestra. Las autoridades insisten en eso, claro, pero la verdad, a veces parece que solo buscan sacarles plata a los conductores. Y ustedes, ¿creen que esta baja en las multas realmente cambiará el comportamiento de los conductores en las carreteras o será solo maquillaje para quedar bien ante la opinión pública? ¡Compartan sus ideas en el foro!