¡Ay, patético! Se nos fue Don Lucho Barahona, un mae que dejó huella profunda en el arte teatral costarricense. Este domingo, a los 94 añitos, se apagó la luz de uno de nuestros dramaturgos y actores más queridos. La noticia cayó como un balde de agua fría en el Foro, porque quién no recuerda alguna obra con él en el escenario, haciendo reír o llorar a carcajadas.
Luis Alberto Barahona Rivera, nacido allá en Santiago de Chile en 1931, llegó a nuestras tierras después del golpe de Estado contra Salvador Allende en ’73. Dicen las malas lenguas que venía con poco más que un maletín lleno de sueños y una pasión inmensa por el teatro. Pero miren, aquí se afincó, agarró la nacionalidad y se convirtió en parte esencial de nuestra identidad cultural.
Don Lucho no era precisamente un ‘chiva’ con las apariencias ni con los protocolos. Era un tipo sencillo, de esos que te ganan con su honestidad y talento bruto. Su aporte al teatro fue constante durante décadas, participando en montones de obras, dirigiendo talleres y formando a nuevas generaciones de artistas. De eso sí, les puedo decir que tenía un don para encontrar caras nuevas y pulirlas, echándoles ganas hasta convertirlos en verdaderos profesionales.
Y no olvidemos que en 2023 le dieron el título de Ciudadano de Honor, ¡bien merecido! Un reconocimiento a toda una vida dedicada a enriquecer nuestro patrimonio artístico. Fue un momento de orgullo para todos los costarricenses ver cómo el país le daba las gracias por tantos años de entrega y sacrificio. Esa distinción vino justo después de varios problemas de salud que lo tuvieron dando vueltas por hospitales y centros de cuidado.
Después de perder a su compañera sentimental, Don Lucho entró en una residencia para adultos mayores, donde recibió los cuidados necesarios. Se dice que los últimos meses fueron difíciles, pero siempre mantuvo el espíritu jovial y la sonrisa característica que lo hacía tan querido. Incluso estando así de delicado, seguía interesándose por las novedades del mundo del teatro y preguntando por sus viejos compañeros.
Recordamos especialmente sus interpretaciones en clásicos del teatro latinoamericano y su habilidad para darle vida a personajes complejos y llenos de matices. No importa si era un villano despiadado o un héroe noble, Don Lucho lograba cautivar al público con su presencia escénica y su talento innato. Además, su versatilidad le permitió incursionar también en televisión y cine, aunque siempre consideró el teatro como su verdadero hogar.
Sus colegas del medio ya han empezado a expresar su dolor y admiración por su partida. Muchos recuerdan anécdotas divertidas y momentos especiales compartidos con él, destacando su generosidad, su sentido del humor y su compromiso con el arte. En el Teatro Nacional, la tristeza es palpable; allá se siente su ausencia como un vacío imposible de llenar. Diay, qué pena que nos dejaran así.
Ahora, con su partida, nos queda el legado imborrable de su trabajo y la inspiración que brindó a tantas personas. Su memoria vivirá por siempre en cada función, en cada personaje que interpretaba y en cada corazón que tocó con su arte. Ahora me pregunto, ¿qué obra de Don Lucho creen que deberíamos rescatar y ponerla nuevamente en cartelera para honrar su memoria y seguir disfrutando de su talento?
Luis Alberto Barahona Rivera, nacido allá en Santiago de Chile en 1931, llegó a nuestras tierras después del golpe de Estado contra Salvador Allende en ’73. Dicen las malas lenguas que venía con poco más que un maletín lleno de sueños y una pasión inmensa por el teatro. Pero miren, aquí se afincó, agarró la nacionalidad y se convirtió en parte esencial de nuestra identidad cultural.
Don Lucho no era precisamente un ‘chiva’ con las apariencias ni con los protocolos. Era un tipo sencillo, de esos que te ganan con su honestidad y talento bruto. Su aporte al teatro fue constante durante décadas, participando en montones de obras, dirigiendo talleres y formando a nuevas generaciones de artistas. De eso sí, les puedo decir que tenía un don para encontrar caras nuevas y pulirlas, echándoles ganas hasta convertirlos en verdaderos profesionales.
Y no olvidemos que en 2023 le dieron el título de Ciudadano de Honor, ¡bien merecido! Un reconocimiento a toda una vida dedicada a enriquecer nuestro patrimonio artístico. Fue un momento de orgullo para todos los costarricenses ver cómo el país le daba las gracias por tantos años de entrega y sacrificio. Esa distinción vino justo después de varios problemas de salud que lo tuvieron dando vueltas por hospitales y centros de cuidado.
Después de perder a su compañera sentimental, Don Lucho entró en una residencia para adultos mayores, donde recibió los cuidados necesarios. Se dice que los últimos meses fueron difíciles, pero siempre mantuvo el espíritu jovial y la sonrisa característica que lo hacía tan querido. Incluso estando así de delicado, seguía interesándose por las novedades del mundo del teatro y preguntando por sus viejos compañeros.
Recordamos especialmente sus interpretaciones en clásicos del teatro latinoamericano y su habilidad para darle vida a personajes complejos y llenos de matices. No importa si era un villano despiadado o un héroe noble, Don Lucho lograba cautivar al público con su presencia escénica y su talento innato. Además, su versatilidad le permitió incursionar también en televisión y cine, aunque siempre consideró el teatro como su verdadero hogar.
Sus colegas del medio ya han empezado a expresar su dolor y admiración por su partida. Muchos recuerdan anécdotas divertidas y momentos especiales compartidos con él, destacando su generosidad, su sentido del humor y su compromiso con el arte. En el Teatro Nacional, la tristeza es palpable; allá se siente su ausencia como un vacío imposible de llenar. Diay, qué pena que nos dejaran así.
Ahora, con su partida, nos queda el legado imborrable de su trabajo y la inspiración que brindó a tantas personas. Su memoria vivirá por siempre en cada función, en cada personaje que interpretaba y en cada corazón que tocó con su arte. Ahora me pregunto, ¿qué obra de Don Lucho creen que deberíamos rescatar y ponerla nuevamente en cartelera para honrar su memoria y seguir disfrutando de su talento?