¡Ay, Dios mío! Esto sí que te deja helao. Una nuevecita tragedia sacudió a nuestros vecinos allá en Brasil, y nos recuerda que nunca hay que bajar la guardia cuando se trata de los peques y las piscinas. Imagínense, una nena de 11 años, perdiendo la vida por culpa de un sistema de succión... ¡Qué torta!
Todo pasó hace unas semanas en Campinas, provincia de São Paulo. Anna Clara Soares de Britto, la pobrecita, estaba disfrutando de una tarde con su amigüita en la casa de sus abuelitos, cuando ocurrió este terrible accidente. Según cuentan, la niña se resbaló mientras jugaba y, desafortunadamente, su pelo quedó atrapado en la potente bomba de la piscina.
Lo peor es que todo quedó registrado por las cámaras de seguridad del patio – eso sí, un video que nadie quisiera ver. Se aprecia cómo la pequeña intenta levantarce, pero no logra zafarse de las garras de la succión. Su amiga, inocentemente, pensaba que era parte del juego... ¡Qué sal!
La familia, desesperada, trató de rescatarla lo más rápido posible. Un vecino corrió a apagar la bomba, y otro, valientemente, se metió al agua y cortó su cabello para liberarla. Pero, pese a todos los esfuerzos, ya era demasiado tarde. Los doctores hicieron lo que pudieron, pero lamentablemente, la nena falleció en el hospital.
Este caso, amigos, revivió un debate que ya habíamos visto antes. Resulta que, apenas unos días antes de la muerte de Anna Clara, el Concejo Municipal de Campinas había aprobado una ley que endurecía las normas de seguridad en las piscinas de uso colectivo. La llamaron “Ley Manuela”, en honor a otra nena que sufrió una tragedia similar años atrás, también en esa misma ciudad.
La Ley Manuela prohíbe ciertos tipos de bombas de succión y exige que se instalen rejillas protectoras para evitar precisamente estos accidentes tan horribles. Parece que aprendieron la lección a pulso, pero ahora, con la pérdida de otra vida. Especialistas insisten en que los sistemas de succión son peligros reales, especialmente para los niños con cabello largo, y que la falta de precaución puede tener consecuencias devastadoras.
Aquí en Costa Rica, aunque no hemos tenido casos tan graves, tenemos que empezar a tomar cartas en el asunto. Muchas casas tienen piscinas, muchos apartamentos tienen áreas comunes con piscinas… ¡Tenemos que asegurarnos de que todas estén seguras! Hay que revisar si las bombas tienen las protecciones necesarias, verificar que las rejillas sean adecuadas, y, sobre todo, ¡nunca dejar a los niños solos cerca de una piscina! Que esto sirva como un llamado de atención para todos nosotros; la seguridad de nuestros hijos no tiene precio.
Este suceso ha generado mucha preocupación y reflexión en toda la región. Ahora, me pregunto, ¿qué medidas adicionales deberían implementarse para prevenir tragedias como ésta en nuestras propias comunidades, tanto en piscinas públicas como privadas? ¿Deberíamos exigir inspecciones obligatorias de seguridad en piscinas residenciales?
Todo pasó hace unas semanas en Campinas, provincia de São Paulo. Anna Clara Soares de Britto, la pobrecita, estaba disfrutando de una tarde con su amigüita en la casa de sus abuelitos, cuando ocurrió este terrible accidente. Según cuentan, la niña se resbaló mientras jugaba y, desafortunadamente, su pelo quedó atrapado en la potente bomba de la piscina.
Lo peor es que todo quedó registrado por las cámaras de seguridad del patio – eso sí, un video que nadie quisiera ver. Se aprecia cómo la pequeña intenta levantarce, pero no logra zafarse de las garras de la succión. Su amiga, inocentemente, pensaba que era parte del juego... ¡Qué sal!
La familia, desesperada, trató de rescatarla lo más rápido posible. Un vecino corrió a apagar la bomba, y otro, valientemente, se metió al agua y cortó su cabello para liberarla. Pero, pese a todos los esfuerzos, ya era demasiado tarde. Los doctores hicieron lo que pudieron, pero lamentablemente, la nena falleció en el hospital.
Este caso, amigos, revivió un debate que ya habíamos visto antes. Resulta que, apenas unos días antes de la muerte de Anna Clara, el Concejo Municipal de Campinas había aprobado una ley que endurecía las normas de seguridad en las piscinas de uso colectivo. La llamaron “Ley Manuela”, en honor a otra nena que sufrió una tragedia similar años atrás, también en esa misma ciudad.
La Ley Manuela prohíbe ciertos tipos de bombas de succión y exige que se instalen rejillas protectoras para evitar precisamente estos accidentes tan horribles. Parece que aprendieron la lección a pulso, pero ahora, con la pérdida de otra vida. Especialistas insisten en que los sistemas de succión son peligros reales, especialmente para los niños con cabello largo, y que la falta de precaución puede tener consecuencias devastadoras.
Aquí en Costa Rica, aunque no hemos tenido casos tan graves, tenemos que empezar a tomar cartas en el asunto. Muchas casas tienen piscinas, muchos apartamentos tienen áreas comunes con piscinas… ¡Tenemos que asegurarnos de que todas estén seguras! Hay que revisar si las bombas tienen las protecciones necesarias, verificar que las rejillas sean adecuadas, y, sobre todo, ¡nunca dejar a los niños solos cerca de una piscina! Que esto sirva como un llamado de atención para todos nosotros; la seguridad de nuestros hijos no tiene precio.
Este suceso ha generado mucha preocupación y reflexión en toda la región. Ahora, me pregunto, ¿qué medidas adicionales deberían implementarse para prevenir tragedias como ésta en nuestras propias comunidades, tanto en piscinas públicas como privadas? ¿Deberíamos exigir inspecciones obligatorias de seguridad en piscinas residenciales?