¡Ay, Dios mío! Qué pesar… La vida nos da sorpresas así, sin avisar. La Cruz Roja tuvo que sacar el cuerpo de un pobre señor del agua en Moín, Limón, después de casi dos días de buscarlo como loco. Parece que el mar se lo llevó, una verdadera tragedia pa’ la familia y pa’ todos nosotros.
Todo empezó el viernes pasado, el 2 de enero, cuando este señor y otros cuatro chamacos estaban jugando en la playa, cerquita de la Terminal APM. De repente, una corriente los agarró y los arrastró. Los salvavidas y los de la Cruz Roja reaccionaron rápido y salvaron a los niños, pero el señor no tuvo tanta suerte. Ahí se quedó, luchando contra la ola, y desapareció.
Imagínate la angustia de los familiares esperando noticias, buscando incansablemente. Las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo y esperanza, pero tristemente, el final no fue el que queríamos. Durante casi 48 horas, equipos de rescate peinaron la zona, con la esperanza de encontrarlo con vida, pero el mar, a veces, juega feo.
Según nos contó Alejandro Molina, coordinador operativo nacional de la Cruz Roja, encontraron el cuerpo este domingo temprano. “Logramos localizar y extraer el cuerpo de un hombre desaparecido en el sector de Moín, Limón”, declaró. Ya le dieron el visto bueno a las autoridades judiciales para que hagan lo correspondiente y darle cristiana sepultura al señor.
Pero aquí viene lo preocupante, diay. Según reportes de la Cruz Roja, solo esta semana han atendido ¡más de diez! incidentes similares en distintas playas del país. Esto nos dice que necesitamos ponerle pausa y pensar qué está pasando. El aumento de turistas, quizás, la falta de señalización adecuada, o simplemente la imprudencia de algunos que se meten al agua sin ver bien las condiciones.
Y hablando de imprudencia... No sé ustedes, pero me parece que deberíamos reforzar los programas de concientización sobre seguridad en las playas. Que la gente entienda que el mar es bonito, sí, pero también peligroso si no se toman las precauciones necesarias. Necesitamos campañas informativas claras y efectivas, dirigidas tanto a nacionales como a extranjeros, para evitar que estas tragedias se repitan.
Además, sería bueno revisar la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia en las zonas turísticas más concurridas. ¿Tenemos suficientes salvavidas? ¿Están debidamente capacitados? ¿Contamos con el equipamiento adecuado para atender emergencias? Estas son preguntas que debemos hacernos y a las que necesitamos respuestas urgentes, porque vidas humanas están en juego. Este caso nos golpea duro, nos recuerda que siempre hay que estar alerta y valorar cada instante.
Es triste que tengamos que hablar de esto, pero es importante sacarlo a la luz. Ahora, díganme, ¿qué medidas creen que deberían tomarse para prevenir estos accidentes acuáticos y garantizar la seguridad de quienes disfrutan nuestras hermosas playas? ¿Deberíamos tener más salvavidas en las playas? ¿Más señalización? ¿O quizás enfocarnos en educar a la población sobre los riesgos?
Todo empezó el viernes pasado, el 2 de enero, cuando este señor y otros cuatro chamacos estaban jugando en la playa, cerquita de la Terminal APM. De repente, una corriente los agarró y los arrastró. Los salvavidas y los de la Cruz Roja reaccionaron rápido y salvaron a los niños, pero el señor no tuvo tanta suerte. Ahí se quedó, luchando contra la ola, y desapareció.
Imagínate la angustia de los familiares esperando noticias, buscando incansablemente. Las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo y esperanza, pero tristemente, el final no fue el que queríamos. Durante casi 48 horas, equipos de rescate peinaron la zona, con la esperanza de encontrarlo con vida, pero el mar, a veces, juega feo.
Según nos contó Alejandro Molina, coordinador operativo nacional de la Cruz Roja, encontraron el cuerpo este domingo temprano. “Logramos localizar y extraer el cuerpo de un hombre desaparecido en el sector de Moín, Limón”, declaró. Ya le dieron el visto bueno a las autoridades judiciales para que hagan lo correspondiente y darle cristiana sepultura al señor.
Pero aquí viene lo preocupante, diay. Según reportes de la Cruz Roja, solo esta semana han atendido ¡más de diez! incidentes similares en distintas playas del país. Esto nos dice que necesitamos ponerle pausa y pensar qué está pasando. El aumento de turistas, quizás, la falta de señalización adecuada, o simplemente la imprudencia de algunos que se meten al agua sin ver bien las condiciones.
Y hablando de imprudencia... No sé ustedes, pero me parece que deberíamos reforzar los programas de concientización sobre seguridad en las playas. Que la gente entienda que el mar es bonito, sí, pero también peligroso si no se toman las precauciones necesarias. Necesitamos campañas informativas claras y efectivas, dirigidas tanto a nacionales como a extranjeros, para evitar que estas tragedias se repitan.
Además, sería bueno revisar la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia en las zonas turísticas más concurridas. ¿Tenemos suficientes salvavidas? ¿Están debidamente capacitados? ¿Contamos con el equipamiento adecuado para atender emergencias? Estas son preguntas que debemos hacernos y a las que necesitamos respuestas urgentes, porque vidas humanas están en juego. Este caso nos golpea duro, nos recuerda que siempre hay que estar alerta y valorar cada instante.
Es triste que tengamos que hablar de esto, pero es importante sacarlo a la luz. Ahora, díganme, ¿qué medidas creen que deberían tomarse para prevenir estos accidentes acuáticos y garantizar la seguridad de quienes disfrutan nuestras hermosas playas? ¿Deberíamos tener más salvavidas en las playas? ¿Más señalización? ¿O quizás enfocarnos en educar a la población sobre los riesgos?