¡Ay, Dios mío! Qué pena decirlo, pero la carretera nos quitó un joven anoche. Un mae de 24 años, identificado extraoficialmente como Kevin Vargas, dejó este mundo trágicamente en El Roble de Puntarenas. Todo por un golpe, dicen, y parece que un colchón tuvo mucho que ver.
Según testigos y reportes oficiales, el pobre Kevin se estaba pasando de casa – esos temas que te obligan a empacar toda tu vida en unas pocas bolsas – y decidió llevar algunas cosas en su moto. Entre esas cosas, ¡sorpresa!, un colchón. Imagínense la escena, un colchón en una moto, tratando de llegar a buen puerto. Uno se pregunta qué tan desesperado tenía que estar el muchacho para hacer semejante brete.
Fue cerca de las diez y media de la noche cuando ocurrió el percance. Vientos fuertes, esos que azotan la costa Pacífica con ganas, agarraron el colchón y, al parecer, desestabilizaron a Kevin mientras manejaba. Ya saben cómo es esto, pierdes el control por un segundo y… ¡pum!
Impactó contra otro vehículo que venía por la ruta. La Cruz Roja llegó rápido, pero ya era demasiado tarde. Los paramédicos hicieron lo que pudieron, pero no lograron reanimarlo. Se llevaron el cuerpo para darle cristiana sepultura. Qué pesar, una vida truncada así, por cualquier cosita.
Las autoridades ya están investigando el caso. El OIJ está revisando todos los ángulos, aunque la teoría del colchón volador parece bastante clara. Uno se imagina al pobre Kevin luchando contra el viento, intentando mantener el equilibrio, y de repente... el destino jugando malas pasadas. Estos accidentes siempre dejan un sabor amargo, porque sabes que eran evitables.
Este tipo de incidentes nos recuerdan lo importante que es extremar las precauciones en carretera, especialmente cuando llevamos cargas inusuales. No importa cuánto te apure el tiempo, la seguridad siempre debe ser la prioridad número uno. Es fácil emocionarse buscando ahorrar unos lulos, pero a veces terminamos pagando un precio muy alto. El tráfico por acá es cada vez más complicado, con gente que va sin casco, excediendo límites de velocidad y haciendo mil chinchorros. Necesitamos más conciencia, diay.
Además, me da qué pensar lo de pasarla de casa. Muchos jóvenes hoy en día se encuentran en esa situación, buscando independizarse pero sin tener los recursos necesarios. Esta tragedia podría ser un llamado de atención a las políticas públicas, a buscar alternativas para facilitar el acceso a vivienda digna y oportunidades económicas para nuestros jóvenes. Porque nadie merece morir por intentar empezar una nueva vida.
En fin, este caso nos deja mucha tela que cortar. Una pérdida irreparable para su familia y amigos. Ahora bien, ¿ustedes creen que las autoridades deberían endurecer las leyes sobre el transporte de objetos en motocicleta, o simplemente deberíamos ser más responsables al volante?
Según testigos y reportes oficiales, el pobre Kevin se estaba pasando de casa – esos temas que te obligan a empacar toda tu vida en unas pocas bolsas – y decidió llevar algunas cosas en su moto. Entre esas cosas, ¡sorpresa!, un colchón. Imagínense la escena, un colchón en una moto, tratando de llegar a buen puerto. Uno se pregunta qué tan desesperado tenía que estar el muchacho para hacer semejante brete.
Fue cerca de las diez y media de la noche cuando ocurrió el percance. Vientos fuertes, esos que azotan la costa Pacífica con ganas, agarraron el colchón y, al parecer, desestabilizaron a Kevin mientras manejaba. Ya saben cómo es esto, pierdes el control por un segundo y… ¡pum!
Impactó contra otro vehículo que venía por la ruta. La Cruz Roja llegó rápido, pero ya era demasiado tarde. Los paramédicos hicieron lo que pudieron, pero no lograron reanimarlo. Se llevaron el cuerpo para darle cristiana sepultura. Qué pesar, una vida truncada así, por cualquier cosita.
Las autoridades ya están investigando el caso. El OIJ está revisando todos los ángulos, aunque la teoría del colchón volador parece bastante clara. Uno se imagina al pobre Kevin luchando contra el viento, intentando mantener el equilibrio, y de repente... el destino jugando malas pasadas. Estos accidentes siempre dejan un sabor amargo, porque sabes que eran evitables.
Este tipo de incidentes nos recuerdan lo importante que es extremar las precauciones en carretera, especialmente cuando llevamos cargas inusuales. No importa cuánto te apure el tiempo, la seguridad siempre debe ser la prioridad número uno. Es fácil emocionarse buscando ahorrar unos lulos, pero a veces terminamos pagando un precio muy alto. El tráfico por acá es cada vez más complicado, con gente que va sin casco, excediendo límites de velocidad y haciendo mil chinchorros. Necesitamos más conciencia, diay.
Además, me da qué pensar lo de pasarla de casa. Muchos jóvenes hoy en día se encuentran en esa situación, buscando independizarse pero sin tener los recursos necesarios. Esta tragedia podría ser un llamado de atención a las políticas públicas, a buscar alternativas para facilitar el acceso a vivienda digna y oportunidades económicas para nuestros jóvenes. Porque nadie merece morir por intentar empezar una nueva vida.
En fin, este caso nos deja mucha tela que cortar. Una pérdida irreparable para su familia y amigos. Ahora bien, ¿ustedes creen que las autoridades deberían endurecer las leyes sobre el transporte de objetos en motocicleta, o simplemente deberíamos ser más responsables al volante?